Los combates en Sri Lanka matan a unos 380 civiles, 100 de ellos niños

La ONU denuncia un «baño de sangre» como consecuencia del asalto del Ejército ceilanés al último reducto de la guerrilla tamil, donde se hacinan decenas de miles de inocentes

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Sri Lanka vive uno de esos conflictos poco publicitados, pero con consecuencias terribles para su población. Los últimos combates en el reducto de la guerrilla tamil en el noreste del país causaron durante el pasado fin de semana un «baño de sangre», según denunció ayer Naciones Unidas, que cifró en 380 los civiles muertos, un centenar de ellos niños.

«Damos por buenos los datos de doctores del Gobierno presentes en la zona, que certificaron el fallecimiento de 380 personas, entre ellos más de 100 menores», aseguró el portavoz de la ONU en la zona, Gordon Weiss.

El dirigente aseveró que la institución «no atribuirá» la responsabilidad por la matanza, de la que Ejecutivo y rebeldes se acusan mutuamente, pero recordó que la organización ya «había avisado de que habría un baño de sangre» porque los civiles están en medio de los enfrentamientos.

Las Fuerzas Armadas de Sri Lanka lanzaron hace algunas semanas su ofensiva final contra el último reducto de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), una franja costera del norte en la que se hacinan entre 50.000 y 100.000 ciudadanos, según la ONU, aunque el Gabinete sostiene que son entre 15.000 y 20.000.

Un trabajador humanitario declaró que es «imposible» saber lo que está pasando en la zona de combates porque no hay observadores en ella, pero recordó que el único bando «con capacidad militar para bombardear desde el aire es el del Gobierno».

El pasado 27 de abril, el Ejecutivo ceilanés ordenó al Ejército limitar sus operaciones, y poner fin al uso de armas pesadas y bombardeos aéreos, a pesar de que con anterioridad había desmentido repetidamente la utilización de ese tipo de material bélico.

Pese a la orden, los combates continuaron y se recrudecieron el pasado fin de semana en las áreas de Mullivaaykaal y Vadduvaakal, las últimas bajo control de la insurgencia, cercada por las tropas en un territorio de unos cuatro kilómetros cuadrados.

El jefe de la Organización para la Rehabilitación de los Tamiles (TRO) -también ligada a la guerrilla-, Lawrence Christy, manifestó que más de 3.200 civiles han muerto desde el domingo por la tarde y pidió una intervención internacional para detener el «genocidio».

Las acusaciones de la guerrilla han sido desmentidas por el Ministerio ceilanés de Defensa, que afirmó que es el propio LTTE el que está atacando a la población tamil en el área bajo su control para propiciar una intervención internacional.

En las últimas semanas ha crecido la preocupación por el estado de los civiles atrapados, quienes, según afirmó la portavoz de Cruz Roja en Sri Lanka, Sarasi Wijeratne, se enfrentan a una escasez aguda de agua, medicinas o personal médico que los atienda.

El Gobierno de Sri Lanka ha rechazado hasta ahora todas las peticiones internacionales para detener su ofensiva contra la guerrilla tamil, que lucha desde hace más de 25 años para obtener un Estado independiente en el este y el norte de la isla.

Tanto el LTTE como el Ejecutivo mantienen una activa propaganda para ganar apoyos en el conflicto, pero la mayoría de las reivindicaciones carecen de comprobación independiente porque está prohibido el acceso a los frentes de batalla.