Las principales autoridades militares de las Fuerzas Democráticas Sirias ofrecen una rueda de prensa.
Las principales autoridades militares de las Fuerzas Democráticas Sirias ofrecen una rueda de prensa. / efe
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Las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), grupo de combatientes árabe-kurdos respaldados por Estados Unidos, anunciaron ayer que la organización terrorista fue expulsada del que era su último bastión territorial en Siria, la localidad de Baghuz, tras una ofensiva final de un mes. La caída marca el fin del llamado “califato”, el territorio controlado por la organización en Irak y Siria, y que en su apogeo llegó a alcanzar un tercio de ambos países. Su derrota en Baghuz reduce al grupo terrorista a un conjunto de células itinerantes, muy parecidas a otros grupos como Al Qaeda, dedicadas a la ejecución de atentados.

Las FDS advirtieron en este sentido de que la derrota de Estado Islámico solo tiene carácter “militar” y que dista, y mucho, de ser completa. El califato, declarado en 2014 por el líder del grupo, Abu Bakr Al Baghdadi en la mezquita de Mosul (Irak), fue el comienzo de un reinado genocida. Estado Islámico, entre otras atrocidades, es acusado de la matanza de miles de personas de la etnia religiosa yazidí en Sinyar (Irak), de esclavizar a más de 7.000 mujeres y niñas, y de masacrar en Siria a cientos de personas de la tribu Sheitaat, por no mencionar los numerosos atentados, tanto en ambos países como en Occidente, de los que la organización asumió la responsabilidad.

Coalición internacional

La creación de la coalición internacional contra Estado Islámico puso al grupo terrorista a la defensiva. En 2016, las fuerzas iraquíes recuperaron el control de Faluya y las FDS, abanderadas por las Unidades de Protección Popular, hicieron lo mismo en la localidad siria de Manbij.

Alarmada por los avances de los kurdos cerca de su frontera, Turquía lanzó una ofensiva simultánea contra las YPG y contra la organización terrorista. La enemistad que separa a las milicias kurdas y al Gobierno turco será uno de los principales obstáculos en esta nueva etapa que se abre tras la recuperación de Baghuz.

Estado Islámico sufre en 2017 una cadena de aplastantes derrotas. En junio pierde su bastión iraquí de Mosul, lo que lleva a las autoridades iraquíes a declarar el fin de su califato en Irak. En septiembre, con la ayuda de Rusia —cuya incorporación marca un punto de inflexión en el conflicto—, el Ejército sirio expulsa a Estado Islámico de Deir ez Zor, recupera el control del río Éufrates, mientras las FDS se apoderan de la “capital” del califato, Raqqa.

El año pasado, el Gobierno sirio recuperó los enclaves de Estado Islámico en Yarmuk, en el sur de Damasco, y en la frontera de los Altos del Golán ocupados por Israel. Las FDS avanzaron por el Éufrates hasta su último enclave, el de Baghuz, donde la organización terrorista ha resistido durante meses el que ha sido el último asedio.