La guerra sigue en Slaviansk

Una nueva ofensiva del Ejército para intentar recuperar el control del bastión prorruso se salda con al menos 24 fallecidos, mientras Kiev acusa a Rusia de desestabilizar la situación en el país.

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Slaviansk volvió a ser ayer el epicentro del conflicto que vive Ucrania desde hace semanas, donde la violencia volvió a intensificarse y los duros enfrentamientos entre el Ejército, que pretende retomar el control de la ciudad, y los separatistas se cobraron la vida de al menos 24 personas. Así, tal y como detalló el Ministerio del Interior, unos 20 activistas murieron en el avance de la denominada «operación antiterrorista» emprendida por el Gobierno de Kiev, en una ofensiva en la que también perdieron la vida cuatro soldados.

Los prorrusos, que denunciaron un incremento de la fiereza de las tropas gubernamentales, aplaudieron la contención causada. «Con grandes esfuerzos, pudimos evitar la entrada de los opositores en la ciudad. En nuestras filas hay muchos muertos», indicó un portavoz de la autodenominada milicia popular, que ha hecho de la urbe, estratégica por constituir un importante nudo ferroviario, un fortín de los contrarios al Ejecutivo interino.

Los testigos de la ofensiva indicaron que varias balas impactaron en una estación de repostaje de gas, que explotó, ante lo que los militares impidieron la entrada de ambulancias en la localidad, cuyos accesos mantienen bloqueados.

El ministro del Interior ucraniano, Arsen Avakov, estimó que unos 800 separatistas armados mantienen sus posiciones en el municipio. «Emplearon armamento pesado, dispararon con pistolas de gran calibre, están empleando lanzagranadas y tecnología de ese estilo», indicó. A pesar del fuego adversario, las tropas consiguieron tomar la torre de televisión de la ciudad, de 125.000 habitantes, que ha vuelto a emitir.

Además, los prorrusos derribaron cerca de la ciudad un helicóptero de combate de las tropas del Gobierno ucranianas, según detalló el Ministerio de Defensa.

La tripulación del Mi-24 sobrevivió a la caída, que fue en un río, y fue puesta a resguardo por un comando especial. Los separatistas atacaron la máquina con armas de calibre grueso.

Ante la escalada de violencia, el presidente interino, Oleksander Turchinov, acusó a Rusia de llevar a cabo una auténtica batalla campal contra Ucrania. «Hay una guerra en marcha contra nuestro país de parte de la Federación Rusa, tanto en el este como en el sur», aseveró.

El Kremlin, según agregó, sigue intentando «desestabilizar totalmente» la situación antes de las elecciones del 25 de mayo, al tiempo que reconoció que en la zona oriental del país hay simpatías hacia una escisión de Ucrania. «Digamos honestamente que los ciudadanos de esas regiones apoyan a los separatistas y a los terroristas, lo que dificulta considerablemente la operación antiterrorista», remarcó.

También complica la situación que la Policía simpatice con las fuerzas prorrusas. «Es un problema colosal», señaló Turchinov., quien acusó al expresidente derrocado en febrero, Viktor Yanukovich, exiliado en Rusia, de financiar «las provocaciones».

Desde el inicio, el pasado viernes, de la ofensiva militar en el este de la exrepública soviética, los activistas lograron volver a controlar edificios centrales en la ciudad de Donetsk y otras grandes localidades.

Por otro lado, el Ministerio de Exteriores ruso aseguró que los seguidores del Ejecutivo de Kiev intimidan a sus opositores con represión y violencia física y acusó a Ucrania de graves violaciones a los derechos humanos, además de denunciar el avance del ultranacionalismo, el extremismo y el neonazismo en el país.

El jefe de la diplomacia de la potencia, Serguei Lavrov, pidió un encuentro de titulares de Exteriores del Consejo de Europa para hoy en Viena, con el fin de ayudar a implementar una reforma constitucional profunda en su país vecino. Además, pidió que Bruselas investigue las violaciones de los derechos humanos que tuvieron lugar en la nación en el marco del cambio de poder.

En tanto, la canciller alemana, Angela Merkel, apoyó la posibilidad de convocar una nueva reunión en Ginebra para resolver el conflicto con Rusia en Ucrania. La canciller respaldó así la propuesta presentada la noche del pasado domingo por su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinemeier, ante la nueva escalada de violencia en la región, que demuestra que el acuerdo firmado el pasado 17 de abril no ha funcionado.