La UE se prepara para un brexit sin acuerdo con Londres

Los 27 Estados restantes mantienen que los controles aduaneros propuestos por May y la falta de un plan de emergencia en la frontera irlandesa plantean “muchos interrogantes”

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La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, ofrece un discurso en Belfast, Irlanda del Norte.
La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, ofrece un discurso en Belfast, Irlanda del Norte. / EFE
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El temor a una nueva frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte es uno de los obstáculos a los que debe hacer frente Reino Unido y su primera ministra Theresa May tras el brexit.

De hecho, y para defender su plan, la ‘premier’ británica ha iniciado una gira por todo el país y su primera parada ha sido Irlanda del Norte. Las negociaciones del brexit se encuentran en una etapa crucial, con la frontera irlandesa como un punto clave.

Tanto Londres como Bruselas han alertado a empresas y estados a que se preparen para el escenario de llegar en 2019 a un brexit sin acuerdo. De hecho, mientras May defendía su plan en Belfast, en Bruselas se reunían los ministros de Asuntos Exteriores de los 27 Estados del bloque con el negociador europeo, Michel Barnier, para debatir la respuesta comunitaria al ‘Libro Blanco’ que Londres presentó hace casi dos semanas.

Entre los socios de la UE comienza a calar la idea de que Reino Unido salga finalmente sin que haya un acuerdo para el 29 de marzo de 2019, fecha límite en la que se consumará la ruptura definitiva entre Londres y Bruselas.

En esta misma línea, los ciudadanos británicos comenzarán a recibir a partir de la próxima semana boletines de información del Gobierno para que estén preparados ante un posible escenario de brexit sin acuerdo con la Unión Europea o un proceso desordenado de salida del bloque, según informó el diario ‘The Times’.

La cuenta atrás

Esta información gubernamental será distribuida en “paquetes” destinados a los consumidores y las empresas cuando Reino Unido afronta ya la cuenta atrás para la fecha oficial del brexit, al cumplirse dos años del inicio del proceso de negociación con la UE.

El plan impulsado por la primera ministra británica, Theresa May, propone negociar las relaciones comerciales más estrechas posibles en materia de comercio de productos. Sin embargo, la jefa del Gobierno todavía no tiene garantizado el respaldo a sus intenciones en territorio británico y aún debe cerrar un pacto con la UE.

Londres y Bruselas acordaron que no debería haber fronteras duras en Irlanda después del brexit, pero están en desacuerdo sobre cómo lograrlo.
La UE ha propuesto que Belfast permanezca en la unión aduanera con acceso a sectores del mercado único. Algo que rechazan los más euroescéptico británicos pero que despierta en Irlanda del Norte el temor de que se acabe estableciendo de nuevo una frontera física entre territorio británico y territorio de la Unión Europea.

“Hay que analizar si lo que se plantea es compatible con los principios de los Ventisiete”, aseguró el negociador jefe de la Unión Europea para el brexit, Michel Barnier, en referencia a algunos de los “principios fundamentales” de la UE: la integridad del mercado único y la unión aduanera, la indivisibilidad de las cuatro libertades (libertad de circulación de personas, mercancías, servicios y capitales) y el respeto a la autonomía. “Son elementos de mi mandato que voy a hacer que se respeten de manera escrupulosa”, dijo.

Si se quiere cerrar un acuerdo de salida en otoño, debe acordarse una solución de emergencia para evitar la vuelta a una ‘frontera dura’ en la isla de Irlanda, pero también el estatus futuro de Gibraltar —España y Reino Unido deben acordarlo bilateralmente—, recordó el francés, tal y como establecen las conclusiones de la última cumbre de líderes de la UE, así como la situación de las bases militares británicas en Chipre.

Proteger la esencia

Barnier reiteró en rueda de prensa en Bruselas al término de un Consejo de ministros de la UE centrado en el brexit que “nuestra responsabilidad es proteger el mercado único, proteger lo que somos”, y citó la propuesta de Londres de ajustarse a las normas europeas sobre bienes en el futuro pero no a las medioambientales.

“Reino Unido dice que está dispuesto a sumarse a las normas para los bienes, pero únicamente en la frontera” y no a las reglas medioambientales y alimentarias comunes ya que “no es algo que se controle en las fronteras”. Por ello se preguntó “cómo vamos a poder proteger a los consumidores europeos, ¿cuál sería la base que nos permitiría aceptar la libre circulación de bienes?”, dijo un Barnier cada vez más pesimista.