Italia tiembla y llora por sus muertos

Un fuerte seísmo devasta el centro de la nación y deja sin casa a unas 50.000 personas. La localidad de L’Aquila es la más afectada.

Italia vivió ayer su peor catástrofe del milenio después de que un poderoso terremoto de entre 5,8 y 6,3 grados en la escala Richter sacudiera en la madrugada del domingo al lunes el centro del país dejando un macabro balance de más de 150 muertos, unas 50.000 personas sin hogar y la destrucción de ciudades medievales enteras, mientras sus residentes dormían.

Al mismo tiempo que los equipos de socorro buscaban supervivientes entre los escombros e instalaban carpas para los que se quedaron sin techo, las autoridades advirtieron de que la cifra de fallecidos podía aumentar sustancialmente y se negaron a estimar los desaparecidos.

La mayoría de víctimas se produjeron en L’Aquila, capital de la montañosa región de Los Abruzos y fundada en el siglo XIII a unos 100 kilómetros al este de Roma, y en los municipios aledañas.

El seísmo ocurrió poco después de las 03,30 horas y varias réplicas sacudieron el área durante la jornada de ayer.

«Algunas localidades del área han sido virtualmente destruidas en su totalidad», aseguró un sombrío Gianfranco Fini, presidente de la Cámara Baja, antes de que los diputados guardaran un minuto de silencio.

«Me desperté escuchando lo que sonó como una bomba», dijo Angela Palumbo, de 87 años, mientras caminaba por una de las calles de L’Aquila. «Pudimos escapar con las cosas cayéndose alrededor nuestro. Todo se sacudía, los muebles se caían. No recuerdo haber visto algo semejante en toda mi vida», narró.

El primer ministro, Silvio Berlusconi, canceló un viaje a Moscú y anunció el estado de emergencia nacional y que liberaría fondos para asistencia y reconstrucción.

Funcionarios del Ministerio de Protección Civil aseguraron que unas 50.000 personas habrían perdido sus hogares en 26 ciudades. Más de 1.500 ciudadanos resultaron heridas y miles de casas, iglesias y edificios se derrumbaron o quedaron dañados.

Pilas de escombros estaban esparcidos por L’Aquila -de 68.000 habitantes- y en los pueblos cercanos, bloqueando caminos y dificultando la tarea de los equipos de rescate. Ancianas lloraban y residentes ayudaban con sus propias manos a bomberos y socorristas a buscar entre los inmuebles derruidos a supervivientes.

En el pequeño municipio de Onna, que quedó prácticamente destruida, se registraron 24 muertos. Un testigo contó que vio a una madre y a su pequeña hija siendo trasladadas en el mismo ataúd.

Casas antiguas y construcciones hechas de piedra, particularmente en localidades periféricas que no habían sido restauradas, se cayeron con facilidad.

piden AYUDA. Los hospitales solicitaron la ayuda de doctores y enfermeras de Italia. El olor a gas llenaba algunas partes de las localidades montañosas debido a la rotura de cañerías.

Berlusconi comentó a los periodistas en L’Aquila que se iban a instalar campamentos en la ciudad y hospitales en estadios y que los hoteles de la costa del Adriático iban a ser utilizados para dar refugio a las personas que quedaron sin techo.

«Esperamos que nos den una carpa o algo donde dormir esta noche», declaró Isenia Santilli, de 70 años, mientras se refugiaba en un centro deportivo a las afueras del centro de la localidad, donde la Cruz Roja ofrecía alimentos.

Los habitantes de Roma, donde se registra poca actividad sísmica, se despertaron con el temblor, que provocó la caída de muebles y el bamboleo del alumbrado público.

El Papa Benedicto XVI relató que había ofrecido una plegaria especial por las víctimas.

«Cuando se produjo el temblor, corrí a la casa de mi padre, abrí la puerta principal y vi que todo había colapsado. Mi padre seguramente está muerto. Pedí ayuda pero no había nadie cerca», narró Camillo Berardi en L’Aquila.

Un residente en esta localidad que se encontraba parado frente a un bloque de apartamentos reducido a la altura de un adulto dijo: «Este edificio tenía cuatro pisos».

En otra parte de la ciudad, los residentes intentaban silenciar los gemidos de la gente para ubicar la procedencia del sonido de un bebé que lloraba. Parte de una residencia universitaria y un hotel se derrumbaron en L’Aquila.

Al menos cuatro iglesias románticas y renacentistas y un castillo del siglo XVI sufrieron daños. Parte de la nave de la Basílica de Santa María di Collemaggio, una de las iglesias más famosas del área, colapsó. Hacia el norte, el campanario de la fastuosa Basílica de San Bernardino también sucumbió.

Semanas antes del desastre, un científico italiano, Gioacchino Giuliani, predijo un terremoto de gran magnitud alrededor de L’Aquila, basado en concentraciones de gas en áreas sísmicas activas. Pero fue obligado a retirar sus investigaciones de internet y denunciado por «causar alarma».

Los seísmos pueden ser particularmente peligrosos en algunas partes del país, donde ciertos edificios centenarios se conservan en mal estado.

FuenteReuters 
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