Vista aérea que muestra a miembros del equipo de rescate mientras trabajan en el área devastada.
Vista aérea que muestra a miembros del equipo de rescate mientras trabajan en el área devastada. / EFE
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Al menos 1.424 personas murieron como consecuencia del terremoto y el tsunami que afectaron el 28 de septiembre a la isla indonesia de Célebes, donde aún se busca a más de mil desaparecidos, muchos de los cuales podrían seguir sepultados entre las toneladas de escombros dejadas por la tragedia.

El portavoz de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB), Sutopo Purwo Nugroho, confirmó ayer que hasta el momento han sido localizados 1.424 cadáveres, de los cuales la amplia mayoría ya han sido enterrados una vez concluido el proceso de identificación, informa la agencia de noticias Antara.

La mayoría de las víctimas localizadas, más de 1.200, corresponden a la zona de Palu, una ciudad que quedó arrasada por un tsunami que azotó la costa con olas de hasta seis metros. Los servicios de emergencia han tenido problemas para acceder a otra de las áreas más afectadas, la de Dongala, por lo que el balance previsiblemente subirá.

Fuentes consultadas por la cadena de televisión británica Sky News han asegurado que aún habría unas mil personas desaparecidas en las zonas de Balaroa, Sigi y Petobo. En esta última zona, la mayoría de las víctimas estarían bajo tres metros de barro que están ya solidificados, lo que complica su recuperación.

La comunidad internacional se volcó con la ayuda y el Gobierno indonesio dejó a un lado su histórica reticencia a aceptar asistencia exterior. Según las autoridades locales, alrededor de una veintena de países ofrecieron ya su ayuda, en la que también colaboran agencias de Naciones Unidas y numerosas ONG.

“Hay muchos retos tras este desastre, nunca ha pasado algo tan malo”, reconoció Frida Sinta, que trabaja como voluntaria para que los habitantes de Palu obtengan comida y otros bienes básicos. La ciudad recuperó el suministro eléctrico y ya se aprecia la reapertura progresiva de tiendas.

“Movemos lo que podemos en coche o moto dentro de la ciudad”, dijo Sinta. “Todavía no hemos llegado a muchos lugares inaccesibles”, añadió esta voluntaria.

Infraestructura

La mayoría de la infraestructura de suministro, como tuberías, quedaron dañadas por el terremoto, algo que la ONG Oxfam espera aliviar enviando a Palu equipos de tratamiento de agua y kits de purificación para 500.000 personas. La responsable humanitaria de la organización, Ancilla Bere, subrayó en un comunicado que “el saneamiento es una preocupación importante”, toda vez que en Palu y en zonas aledañas “no hay agua corriente y pocos retretes funcionan”.

“La magnitud de los daños causados por el terremoto y el tsunami es enorme y existe el temor de que muchos cuerpos estén enterrados debajo de casas y edificios colapsados”, señaló.

Asril Abdul Hamid, de 35 años, vio cómo su vivienda se venía abajo fruto de la licuefacción del suelo, una circunstancia frecuente en el caso de potentes temblores.