Hollande propone la creación de un Gobierno económico de la eurozona

El socialista fija la armonización fiscal, la convergencia de políticas sociales y la inserción laboral de los jóvenes como máximos objetivos para el posible Gabinete.

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Consciente de que los países miembros tienen una visión muy diferente de las medidas financieras que hay que adoptar para salir de la crisis que asola a la eurozona, el presidente francés, François Hollande, planteó ayer una iniciativa dirigida a la creación de un Gobierno económico para el conjunto de los Estados de la moneda única que se reuniría mensualmente, tendría un dirigente propio y lideraría la toma de las principales decisiones en esta materia entre las 17 naciones de la región.

En el transcurso de su discurso de balance de su primer aniversario como inquilino del Palacio del Elíseo, el socialista aseguró que este segundo año de su mandato vendrá protagonizado por una ofensiva en el ámbito comunitario en pos de políticas de crecimiento y creación de empleo.

Así, desgranó un plan estratégico sustentado sobre cuatro puntos clave, incluyendo la creación de ese Ejecutivo comunitario.

«Este órgano discutiría los principales asuntos de las políticas económicas a adoptar por los Estados miembros, incluyendo la armonización fiscal, la convergencia de políticas sociales y la lucha contra el fraude fiscal», apuntó.

Asimismo, el proyecto incluye la movilización inmediata de recursos dirigidos a la inserción laboral de los jóvenes y una estrategia de inversión en nuevas industrias y energías.

Ya en clave nacional, y un día después de que se conociera que Francia ha vuelto a entrar en recesión tras caer su economía un 0,2 por ciento en el primer trimestre de 2013, Hollande anunció que ha encargado a su primer ministro, Jean Marc Ayrault, la presentación de un plan financiero a 10 años vista enfocado a cuatro sectores principales: la industria digital, la transición a nuevas energías, la Sanidad y los proyectos de grandes infraestructuras.

En lo que se refiere a su propia persona, y tras la aplastante caída de popularidad que ha sufrido en apenas un año de Gobierno, el presidente galo consideró que estos niveles tan bajos «no son un problema», porque su trabajo «no es ser querido, sino tomar las decisiones correctas».

El socialista manifestó que quiere ser juzgado al final de su mandato y por las decisiones que adoptó, al tiempo que incidió en que en los primeros 12 meses en el Elíseo no buscó «ser popular» en ningún momento.

Según las encuestas, el dirigente alcanzó un mínimo histórico en aceptación (apenas un 27 por ciento de los ciudadanos se muestra conforme con su labor al frente del país) y se sitúa como el presidente peor valorado en la Historia de la nación. Hollande es cuestionado, sobre todo, por la mala situación económica y las altas cifras de paro que se registran en Francia.