Hollande genera dudas al cumplir 100 días al mando del Gobierno galo

El presidente evita plantear reformas pese a enfrentarse a la mayor cifra de paro en años.

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A la vuelta de las vacaciones, el presidente francés, François Hollande, se enfrenta a un electorado escéptico que se ha impacientado con el lento avance de sus reformas, justo cuando hoy se cumplen 100 días de su llegada al Palacio del Elíseo.

«¡Ahora llega la vuelta al trabajo!», aseguró un bronceado y aparentemente relajado Hollande a su regreso el pasado domingo a París, tras dos semanas de descanso en el sur del país.

Tres meses después de su victoria electoral, al socialista se le acusa de no mostrar urgencia en abordar los principales retos de la república, como la lucha contra el déficit público, la caída de la producción industrial y el aumento del desempleo.

Pese a la conmemoración de hoy, apenas habrá motivos para que corra el champán, con una población imbuida de un ánimo sombrío después de un verano marcado por los chaparrones, como si fuera una metáfora del lúgubre clima económico.

El mayor fabricante de automóviles del país, Peugeo-Citroën, la empresa de telecomunicaciones Alcatel y Air France anunciaron planes para recortar miles de puestos de trabajo. Por si fuera poco, los juzgados mercantiles están repletos de casos de bancarrota de pequeñas y medianas empresas.

Aunque la mayor parte de estos casos ya estaban sobre la mesa antes de su llegada al poder, la respuesta del presidente a una tasa de desempleo del 10 por ciento -la mayor de los últimos 13 años- fue apuntar al diálogo social, eludiendo un debate sobre las necesarias reformas laborales.

«Cien días de casi nada», resumió el líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Melenchon. En el mejor de los casos, el socialista «pasó un paño sobre los principales escollos dejados por Sarkozy. Pero eso no es suficiente para una limpieza a fondo», agregó.

Para el exministro de Educación Laurent Wauquiez, la elección de Hollande generó «mucho ruido y pocas nueces».

Vistos en conjunto, sus logros hasta ahora parecen bastante frágiles. El presidente rebajó su sueldo y el de sus ministros en un 30 por ciento y elevó la recaudación de impuestos en 7.200 millones de euros para este año, principalmente mediante la supresión de las exenciones fiscales de los ricos y las grandes fortunas.

Además, dio parcialmente marcha atrás al plan aprobado por Sarkozy en 2010 para elevar la edad mínima de jubilación de 60 a 62 años, introdujo controles a las rentas mínima, confirmó la retirada de las tropas de combate de Afganistán a finales de 2012 e incrementó levemente el salario mínimo.

A los franceses les preocupa especialmente la forma en que el Ejecutivo ahorrará los 33.000 millones de euros necesarios para cumplir con su objetivo de reducción del déficit. Hasta ahora Hollande consiguió evitar el tema, pero se verá obligado a mostrar sus cartas cuando su Gobierno presente en otoño el presupuesto para 2013.