Hollande apela a la solidaridad y el crecimiento para superar la crisis

«No puede haber cada vez más sacrificios», asevera el dirigente, que promete abrir una nueva vía con Europa, porque «muchos pueblos» se están fijando en Francia.

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Confianza, unidad y cambio. Ésas fueron las tres premisas anunciadas por François Hollande, que ya es oficialmente el nuevo presidente de Francia, después de que ayer tomara posisión del cargo en el Palacio del Elíseo en una sobria ceremonia en la que asumió el testigo de Nicolas Sarkozy.

Durante su primer discurso como dirigente, se centró, en primer lugar, en sus conciudadanos, a los que transmitió que Francia «es un gran país» que superará las dificultades «elevándose y no doblegándose», traslandando de este modo, «un mensaje de confianza».

Así, se comprometió a promover la «convivencia» de «todos» los galos en torno a los «valores» de la república y aseguró que devolverá a la nación a la senda de «la justicia» y abrirá «una nueva vía en Europa», además de «contribuir a la paz en el mundo».

«No puede haber cada vez más sacrificios», subrayó el nuevo jefe de Estado, que apostó por «devolver la confianza a los jóvenes» franceses, fundamentales para la reactivación de la economía de la nación. «Su participación es vital para el éxito», aseveró Hollande, que se comprometió a «luchar contra todas las precariedades» financieras.

En su discurso de investidura, el nuevo presidente hizo hincapié en que «muchos pueblos» miran ahora hacia Francia, «sobre todo en Europa», y remarcó que lo que el país necesita son «proyectos, solidaridad y crecimiento». Tras subrayar que ofrecerá a los «socios» comunitarios «un nuevo pacto» basado en el «necesario» recorte de la deuda pública acompañado del «estímulo indispensable de la economía», el socialista dejó claro que la república «es una nación comprometida con el mundo» que «respetará a todos los pueblos».

Esa propuesta de recortes acompañados por inversiones centró en los últimos meses el discurso político que le ha llevado al Elíseo, frente a la apuesta por los recortes y la austeridad abanderada por su rival conservador y por la canciller alemana, Angela Merkel, con quien se reunió horas después de acceder al cargo.

El dirigente socialista, el primero de este signo político desde la salida del Elíseo hace 17 años de Francois Miterrand, marcó distancia con su predecesor, Nicolas Sarkozy, y afirmó que no desea gobernar en solitario.

«No decidiré todo para todos», aseveró, antes de insistir en que «la confianza» se basa en «la ejemplaridad» que debe demostrar el jefe del Estado. «Como presidente, asumiré plenamente las responsabilidades propias de esta elevada misión. Fijaré las prioridades, pero no decidiré todo para todos y en todos los casos», concluyó, en claro contraste con el modo personalista de gobernar exhibido por el ya expresidente.

Una ceremonia sobria y sin familia.- Como buen anfitrión, Nicolas Sarkozy recibió a François Hollande en el patio interior del Elíseo. Era su adiós a la que ha sido su casa durante cinco años y, acompañado por su esposa, Carla Bruni, fue despedido con gritos de «Merci, Nicolas» (Gracias, Nicolas) por parte de sus simpatizantes. Ahora, su futuro no está determinado, aunque los medios galos dicen que se irá dos semanas de vacaciones al extranjero y luego retomará su trabajo como abogado.

Poco después, el presidente del Consejo Constitucional, Jean-Louis Debré, invistió a Hollande como el vigésimo cuarto presidente de la república en una ceremonia a la que asistieron unos 300 invitados, entre ellos la nueva primera dama, Valerie Trierweiler, y numerosos dirigentes socialistas. A diferencia de lo ocurrido con Sarkozy, ninguno de los cuatro hijos del nuevo dirigente estuvo presente en la ceremonia.

Merkel conoce al sustituto de Sarkozy.- El nuevo dirigente galo se traslada a Alemania en su primer viaje oficial como jefe de Estado, durante el que sufre un pequeño susto después de que un rayo alcanzase su avión. El primer viaje oficial de François Hollande como presidente francés no empezó con buen pie. Y es que, horas después de jurar su cargo, se puso rumbo a Berlín, donde tenía previsto reunirse con la canciller alemana, Angela Merkel, en un trayecto accidentado, ya que el avión en el que emprendió vuelo fue alcanzado por un rayo poco después de despegar de París y fue obligado a retornar. Eso sí, el político cambió de nave y llegó con una hora de retraso a tierras germanas, aunque sano y salvo.

Menos accidentada fue su primera reunión como jefe de Estado. Los dos mandatarios se esforzaron por destacar lo que los une y no lo que los separa. Dijeron que eran conscientes de la importancia de una buena relación entre ambos países por el bien de toda Europa.

«Esta reunión no fue para solucionar todos los problemas, sino para conocernos más, empezar nuestra labor conjunta. Y estoy encantado», alabó Hollande.

Merkel, por su parte, constató «coincidencias y algunos vestigios de discrepancias», pero al final concluyó que le «alegró mucho» esta cita y que espera «con entusiamo» continuar la cooperación con el galo.

Tras la reunión, que duró poco más de una hora, los dos compartieron una cena de trabajo. Después de ese acto, el dirigente francés regresó nuevamente a París.