Fukushima supera en cinco millones de veces el yodo radiactivo tolerado

La alarma vuelve a saltar en la central atómica japonesa dañada tras el terremoto de marzo, al comprobarse que las aguas del mar cercanas tienen niveles de contaminación altísimos

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Pese a que el lunes se anunciara que las 11.500 toneladas de agua radiactiva arrojadas al mar de Fukushima no entrañaban ningún riesgo para la salud, la alarma volvió a saltar de nuevo ayer después de que se conociese que el nivel de yodo contaminado detectado en esas aguas cercanas a la central nuclear más dañada tras la catástrofe del 11 de marzo en Japón es de cinco millones de veces superior al límite legal. La inquietud aumenta, además, al saber que el cesio-137 lo excede en 1,1 millones de veces, según informó ayer Tepco, la empresa que opera la planta.

Mientras el yodo-131 tiene una vida media relativamente breve, de unos ocho días, el período de semidesintegración del cesio-137 es de 30 años.

Además, el pasado sábado, la concentración de I-131 era aún mayor, de 300.000 becquerels por centímetro cúbico, equivalente a 7,5 millones de veces el límite legal, según Tepco.

Los técnicos que trabajan en Fukushima tratan de determinar las vías por las que llega al mar el agua radiactiva, que se cree puede provenir del núcleo del reactor 2.

Varias zonas de las unidades 1, 2 y 3 de la planta están inundadas con líquido muy contaminado, que dificulta seriamente los esfuerzos de los operarios para tratar de enfriar los dispositivos atómicos, dañados por el terremoto y devastador tsunami del 11 de marzo.

La elevada radiactividad en el mar ha suscitado una honda preocupación sobre la contaminación en los productos pesqueros de la zona, que se suma a la ya existente sobre algunos artículos agrícolas.

El ministro japonés de Agricultura y Pesca, Michihiko Kano, aseguró ayer que se estrecharán los controles sobre las mercancías marinas de la zona de Fukushima y las provincias colindantes. Las inspecciones se reforzarán en la región de Ibaraki y también en la costa cercana a la ciudad de Choshi, al este de Tokio, indicó.

Nadie quiere verlo

El turismo es uno de los grandes perjudicados por la crisis de Japón, donde las reservas han caído en picado, se han reducido los vuelos internacionales y la meta de lograr 30 millones de visitantes al año parece una quimera.

El desastre sin precedentes del 11 de marzo, que conjuga un seísmo, un tsunami y una crisis nuclear, paralizaron las campañas de promoción de la Organización Nacional de Turismo, que admite el «enorme impacto» en la llegada de turistas extranjeros.

Países como el Reino Unido, EEUU o España mantienen aún la recomendación a sus ciudadanos para que eviten visitar Tokio a menos que sea imprescindible, si bien México comunicó ayer que la situación en la mayor parte de la nación asiática permite los viajes con normalidad.

Además, numerosas líneas aéreas extranjeras siguen reduciendo su frecuencia de vuelos a Japón por la caída de la demanda, cinco meses después de que Tokio abriese una flamante terminal internacional en su aeropuerto más céntrico, Haneda, destinada a impulsar el turismo.

En Narita, el otro aeropuerto internacional de la capital nipona, solo llegaron 67.000 extranjeros entre el 11 y el 22 de marzo, un 60 por ciento menos que el año anterior, según el Servicio nacional de Aduanas.