ETA quería matar a Garzón con un regalo envenenado

El jefe militar de la banda, Jurdan Martitegi, planeaba enviar al juez, que les estaba «jodiendo la vida», una botella de coñac adulterado.

ETA ha aprendido que, como organización terrorista, su único objetivo consiste en atemorizar a la sociedad y, si ya no es capaz de hacerlo con bombas, siempre cabe el recurso a la fantasía. En una táctica que recuerda mucho a la de las células islamistas y sus delirios sobre atentados a escala planetaria, el ex jefe del aparato militar de la banda Jurdan Martitegi, detenido el 18 de abril en la localidad gala de Montauriol, habría urdido el asesinato del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, al que quería envenenar con un plan tan rocambolesco como imaginativo.

Según fuentes de la lucha antiterrorista, seguramente deseosas de apuntarle un nuevo tanto al Gobierno tras el severo revés electoral del pasado domingo, en uno de los documentos contenidos en el dispositivo informático que se le intervino a Martitegi tras su arresto, se puede leer la siguiente frase, referida al magistrado de la Audiencia: «Este hijo de puta nos está jodiendo la vida».

Tal incomodidad aludiría a la decisión del juez de suspender las actividades de formaciones políticas como Demokrazia 3 Milioi (D3M) o Askatasuna, que pretendían concurrir a las elecciones autonómicas vascas celebradas el pasado mes de marzo.

En consecuencia, para allanar semejante obstáculo, el asesino no tuvo mejor ocurrencia que introducir veneno en una botella de coñac para enviársela al togado como regalo de un falso admirador.

Con el fin de evitar cualquier sospecha de los servicios de seguridad de la Audiencia Nacional, el presente habría sido remitido desde una agencia de mensajería desde fuera del País Vasco y su remitente sería un supuesto estudiante de cuarto curso de Derecho de alguna universidad también alejada de la región norteña.

No contento con el cuasimagnicidio, los documentos requisados a Martitegi preveían extender el ataque a otros magistrados como Fernando Grande-Marlaska o Santiago Pedraz.

Cabe recordar que semejante cerebro criminal, de 29 años, es el autor del atentado que acabó en el pueblo alavés de Legutiano con la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel y su llegada a la jefatura de los comandos etarras se produjo como consecuencia de su ascenso en el escalafón tras las sucesivas detenciones de sus antecesores Garikoitz Azpiazu, Txeroki, y Aitzol Iriondo, Gurbitz.

Al margen de las conspiraciones plasmadas tan solo en papel, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, compareció ayer ante los medios de comunicación para explicar que el operativo policial desplegado en Francia para intentar capturar a los dos presuntos terroristas que hirieron el lunes a un gendarme en el sur del país vecino «continúa abierto», pero aún no ha dado fruto alguno, y que las autoridades de ambos lados de la frontera «están en contacto permanente».

El socialista confirmó que el agente herido en una mano durante un tiroteo con los etarras huidos «está bien y fuera de peligro». Al parecer, la pareja de asesinos habría robado ayer un tercer vehículo para proseguir una fuga que intentaban abortar decenas de agentes a ras de suelo y varios helicópteros desde el aire.

Al margen de los controles de carretera, las pesquisas de las Fuerzas de Seguridad se centran ahora en el coche que uno de los criminales abandonó y en el cual es previsible que se encuentren huellas o restos de ADN.

FuenteAgencias  París
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