El primer ‘mal’ año de Hollande

Doce meses después de la victoria en las urnas del partido socialista, más de tres cuartas partes de la población francesa se muestra insatisfecha con la labor del actual mandatario

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«El 6 de mayo recibí el mandato del pueblo galo de reincorporar a Francia en la senda de la Justicia». Con estas palabras, el socialista François Hollande recogía el testigo del conservador Nicolas Sarkozy como presidente. Pero, para muchos, el balance de su primer año en el Elíseo es de suspenso.

Doce meses después de su victoria en las urnas, más de tres cuartos de la población francesa se muestra insatisfecha con el jefe de Estado: es el dirigente peor valorado de la Historia del país y ayer decenas de miles de compatriotas se lo recordaron en las calles en diversas movilizaciones.

La causa principal de esta espectacular caída de popularidad es la situación económica. París carece de competitividad y se encuentra al borde de la recesión. La tasa de paro es de récord: un 11 por ciento, el doble que en Alemania. Entre los jóvenes, uno de cada cuatro no encuentra trabajo.

La gran mayoría de ciudadanos no confía en que su presidente, con fama de indeciso, consiga atajar los problemas. Si mañana hubiera elecciones, las encuestas apuntan a Sarkozy. Hollande, año horrible, titulaba la semana pasada el diario izquierdista Le Monde. Uno de los pocos éxitos que se conceden al socialista es la intervención militar contra los rebeldes islamistas en el norte de Mali.

¿Quién es el responsable de la crisis y el elevado desempleo? El Gobierno señala al predecesor de Hollande y pide paciencia. Según el Elíseo, con las reformas recién aprobadas «se han sentado las bases para recuperar el crecimiento». Sin embargo, algunos expertos opinan todo lo contrario.

«La situación es catastrófica, y la reforma del mercado laboral que ahora se debate en el Parlamento es solo un paso en la dirección correcta», comentaba hace unos días la empresaria Laurece Parisot. Los economistas también apuntan a la promesa incumplida de reducir el déficit por debajo del tres por ciento y multimillonarios como el actor Gérard Depardieu han decidido abandonar el país como protesta por lo que consideran una política hostil a los ricos.

El único verdadero experto en finanzas del Ejecutivo es, a ojos de la opinión pública, el ministro de Presupuesto, Jérôme Cahuzac. Pero hace pocas semanas protagonizó el mayor escándalo del mandato de Hollande al confesar abiertamente que tenía una cuenta secreta en Suiza. El presidente tuvo que ver cómo su sueño de una república ejemplar se desmoronaba. Ni un escándalo más había sido su promesa cuando asumió la jefatura del Estado de manos de Sarkozy.

Además, a muchos ciudadanos les decepciona el estilo de Hollande. «Fijaré prioridades», prometió de forma vehemente cuando juró el cargo. Sin embargo, la impresión que proyecta es otra muy distinta. Y es que un reciente sondeo fija que tres de cada cuatro franceses desearían un Gabinete de unidad nacional en el que se incluyera a la oposición, algo que éste no habría podido imaginarse cuando señaló que «la principal condición para que regrese la confianza es la unidad de la nación».