El nuevo líder tunecino promete un Gobierno «de unidad nacional»

Mientras continúan los disturbios y los saqueos, la oposición se apresura a exigir «la ruptura definitiva con los fundamentos del régimen despótico» del mandatario autoexiliado.

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El hasta ahora líder del Parlamento tunecino, Fued Mebaza, y ya nuevo jefe del Estado magrebí en sustitución de Ben Alí, que dejó el poder y se autoexilió a raíz de la incontenible oleada de protestas populares, prometió ayer democratizar el régimen y anunció la creación de un Gobierno de «unidad nacional» para abordar un proceso de transición en el que, añadió, «nadie será excluido».

Entretanto, la sociedad, muy escéptica sobre la capacidad del nuevo mandatario para controlar siquiera la situación, especialmente delicada por la carestía de los alimentos y el elevado desempleo, continuó en pie de guerra durante otra jornada que estuvo presidida por las protestas y los saqueos.

Los altercados, que se han cobrado casi un centenar de víctimas desde hace un mes, volvieron a reproducirse en la capital y diversas regiones, aunque la mayoría de los incidentes fueron atribuidos a partidarios del régimen del huido mandatario, Zine el Abidine Ben Alí, que tratan de desestabilizar el proceso de transición.

En ese ámbito presuntamente democratizador, el Consejo Constitucional anunció ayer por la mañana la designación de Mebaza, como nuevo presidente interino, descartando así cualquier posibilidad de un regreso del exiliado.

El Consejo proclamó un «vacío de poder» y nombró al hasta entonces encargado de las Cortes en sustitución del primer ministro, Mohamed Ghanuchi, que el viernes había asumido provisionalmente la jefatura del Estado.

De esa forma, el organismo aplicaba el artículo 57 de la Carta Magna tunecina, que señala que en el caso de «situación vacante de la presidencia de la República por muerte, dimisión o impedimento absoluto» el Consejo debe declarar tal vacío y nombrar al presidente del Parlamento como jefe interino del Estado.

El período que fija la Constitución para esa provisionalidad es de 45 días como mínimo y 60 como máximo, tras el cual deben convocarse elecciones, a las que no podrá presentarse el mandatario interino.

«El interés superior del país es la formación de un Gobierno de unidad nacional», dijo Mebaza durante su juramento, tras el cual encargó a Ghanuchi, a quien confirmó como primer ministro, la formación de ese nuevo Ejecutivo.

Asimismo, prometió defender el pluralismo y la democracia y juró fidelidad a los principios de la Constitución.

Ahmed Brahim, líder del movimiento Etajdid (Renovación), el único partido de la oposición con representación parlamentaria, demandó la «ruptura definitiva con los fundamentos del régimen despótico» de Ben Alí y el procesamiento de los responsables de las muertes en las revueltas y de los salpicados por la corrupción.

Aunque el estado de excepción continuó vigente, todos los aeropuertos, que se habían cerrado el viernes, se abrieron de nuevo. Sin embargo, ni trenes ni autobuses funcionaron y la estación ferroviaria de Túnez fue incendiada.

El Ejército tomó las calles de la capital, aunque en algunos barrios periféricos los uniformados se vieron desbordados por unos incidentes fruto de los cuales decenas de comercios fueron saqueados e incendiados.

No obstante, los sucesos más graves ocurrieron en Monastir, donde decenas de reclusos murieron -al menos 42- en el incendio de una prisión. Los delincuentes prendieron fuego a las camas de sus celdas, lo que provocó un auténtico infierno.