El jefe del Ejército arresta a la exprimera ministra Yingluck y asume el poder

Los militares justifican la detención en la necesidad de «organizar las cosas» y prometen que estará cautiva «no más de una semana».

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Un día después del golpe de Estado militar, el jefe del Ejército de Tailandia, Prayuth Chan-ocha, asumió ayer oficialmente la Jefatura de Gobierno, mientras las Fuerzas Armadas detuvieron a la exprimera ministra Yingluck Shinawatra.

La Junta Militar había convocado a la exdirigente, que fue destituida de su cargo hace dos semanas, así como a su hermano Thaksin Shinawatra, que también fue jefe del Ejecutivo y fue derrocado con otro golpe de Estado en 2006. Al presentarse a la cita, ambos fueron arrestados, junto a su hermana y su cuñado.

«Permanecerán encerrados durante una semana. Más sería demasiado», justificó un oficial de alto rango. «Solo necesitamos organizar las cosas en el país primero», agregó, justificando así la actuación, si bien no detalló dónde se encuentra actualmente Yingluck, quien ha estado en el centro de la crisis política tailandesa desde noviembre de 2013, cuando comenzaron las manifestaciones en su contra por su intención de aprobar una ley de amnistía que permitió volver al país a su hermano Thaksin, condenado por corrupción en 2008, cuando ya se encontraba en el exilio.

Mientras tanto, Prayuth aseguró durante un encuentro con altos mandos que se vio forzado a tomar el poder porque los políticos no lograron resolver sus diferencias y «no había salida». De este modo, agregó que ha tenido que «asumir el sacrificio» de encabezar el Gobierno por «el interés nacional», al tiempo que indicó que el rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, no ha tenido relación alguna con la actuación del pasado jueves y anunció que se reunirá hoy con él en el Palacio Real para explicarle la decisión tomada por el Ejército.

Además, el general reivindicó cuáles son sus planes para el país asiático, y dejó claro que quiere que se lleven a cabo reformas antes de la celebración de nuevas elecciones.

Una de sus primeras medidas fue prohibir a un total de 155 personalidades -políticos, líderes de manifestaciones y activistas- salir de la nación y pidió respaldo a cientos de funcionarios civiles. «Quiero que sean ellos los que ayuden a organizar el país», afirmó.

«Debemos tener reformas económicas, sociales y políticas antes de las elecciones. Si la situación es pacífica, estamos dispuestos a devolver el poder al pueblo», aseveró refiriéndose a unos comicios previstos, en principio, para julio.

Mientras, en las calles, la Junta Militar se esforzaba en limpiar los rastros de las protestas y trasladaron en autobuses a miles de manifestantes fuera de la capital, poniendo fin a más de siete meses de protestas políticas.

Sin embargo, un grupo de opositores se reunió frente a un centro cultural en Bangkok con pancartas en tailandés e inglés en las que se leía No al golpe de Estado, desafiando un decreto de la cúpula castrense que prohibe reuniones públicas de más de cinco personas.