El Ejército impone la ley marcial en Tailandia y toma el control del país

La cúpula militar justifica su actuación en el objetivo de «mantener la paz y el orden» y asevera que la medida no es un golpe de Estado, ya que el Gobierno seguirá funcionando.

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Tras siete meses de disturbios y manifestaciones masivas en Tailandia, el Ejército intervino sorpresivamente ayer y anunció la imposición de la ley marcial, aunque destacó que no se trata de un golpe de Estado y que el Gobierno sigue en funciones.

La medida, que otorga a los militares el control total de la seguridad en el país, es necesaria para «mantener la paz y el orden», aseguró el jefe de la Fuerza castrense, Prayuth Chan-ocha. El argumento es que se utilizaron «armas de guerra» en las protestas y que los soldados quieren impedir que haya más muertes.

Portavoces del Ejecutivo señalaron que el Ejército no consultó al Gabinete antes de tomar estas medidas. El primer ministro en funciones, Niwatthamrong Boonsongpaisan, convocó una reunión de urgencia de su equipo. Sigue sin estar claro, por tanto, que haya una solución a la crisis política que mantiene paralizado al país.

La primera actuación de Prayuth fue limitar la libertad de prensa con el cierre de 10 canales de televisión cercanos a la oposición. Así, ordenó a las emisoras transmitir sus mensajes y se indicó a los órganos de prensa que solo pueden informar de hechos que no socaven el objetivo de mantener la paz.

La ley marcial establece que el Ejército puede reprimir por la fuerza los disturbios y detener a ciudadanos durante varios días sin que medie orden judicial. Permite, además, la censura de la prensa, la prohibición de manifestaciones y la realización de registros.

Asimismo, llamó a los habitantes a no entrar en pánico y continuar con su vida con normalidad.

Por las calles de Bagkok patrullaban soldados armados, aunque se mantenían en un segundo plano. Las tiendas estaban abiertas, la gente acudió a trabajar y se produjeron los embotellamientos habituales.

El Ejército autorizó a los simpatizantes del Gobierno y de la oposición a mantener sus respectivos campamentos de protesta en la capital, pero prohibió que los abandonen para llevar a cabo marchas por la ciudad.

Atracciones turísticas como el Palacio Real y los museos también abrieron, y la oficina de turismo aseguró que los aeropuertos y el transporte funcionaban con normalidad. Tampoco cerraron ni los bancos ni los centros comerciales, aunque las autoridades recomendaron a los visitantes mantenerse alejados de las manifestaciones.

Inesperado

La nueva situación se produjo de forma inesperada porque desde el comienzo de las actuales protestas Prayuth -que se jubila en septiembre- reiteró que eran los políticos y la Policía los que debían mantener el asunto bajo control.

Sin embargo, la semana pasada amenazó con tomar medidas si volvían a registrarse muertos después de que durante las últimas protestas fueran lanzadas varias granadas. Desde noviembre, más de 25 personas perdieron la vida.

Seguidores del partido gubernamental anunciaron protestas masivas en caso de que sea derrocado el Ejecutivo, elegido por amplia mayoría en 2011.

Los opositores intentan su destitución desde noviembre y lo acusan de corrupción, sed de poder y de arruinar al Estado. Su adversario emblemático es el exprimer ministro Thaksin Shinawatra, destituido en 2006, quien avisó de que seguirán las movilizaciones.

Elecciones para agosto

El primer ministro interino de Tailandia, Niwatthamrong Boonsongphaisan, informó ayer de que ha solicitado a la Comisión Electoral que convoque los próximos comicios para el 3 de agosto y que se lo comunicará al jefe del Ejército, Prayuth Chan Ocha, «tan pronto como pueda» para poner fin a la crisis que sufre el país.