El chantaje sin efecto

Los demócratas salvan ‘in extremis’ al país de entrar en impagos ante el férreo bloqueo de los republicanos, azuzados por el ultraderechista Tea Party, que rechaza la reforma sanitaria

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Afirma el dicho popular que perder una batalla no significa que no se pueda ganar la guerra. Y ésa es la esperanza que deben mantener desde las filas republicanas de Estados Unidos después de que la pasada semana hayan visto cómo los demócratas, con el presidente, Barack Obama, a la cabeza, les hayan propinado un duro golpe.

Desde el pasado 1 de octubre, el Gobierno federal permanecía bloqueado, con más de 800.000 funcionarios suspendidos de empleo y sueldo y más de un centenar de edificios públicos, parques naturales y museos cerrados a cal y canto. La falta de acuerdo en la Cámara de Representantes a la hora de aprobar los presupuestos paralizaba la Administración y ponía en peligro el consenso más necesario: aumentar el techo de deuda para evitar la suspensión de pagos.

La razón de este desacuerdo se centra en un concepto: el Tea Party, la facción ultraconservadora del Partido Republicano, que con apenas medio centenar de representantes en el Congreso puso en jaque a la primera potencia mundial.

Su oposición a la reforma en materia sanitaria de los demócratas, el conocido como Obamacare, provocó la situación. El inquilino de la Casa Blanca se negó a «ceder al chantaje», que consideró «improcedente en una democracia» y el colapso se prolongó durante dos semanas. Hasta que la sombra del default, que podría haber llevado a EEUU a la suspensión de pagos, volvió a cernirse sobre el país.

Los republicanos del Congreso, con el Tea Party ejerciendo presión, prosiguieron con su desafío. Sin embargo, el bloque conservador en el Senado sí llegó a un acuerdo con los progresistas. Un pacto que, tras varios días paralizado, tuvo que ser refrendado por la Cámara de Representantes.

De este modo, los demócratas no solo han ganado una gran batalla -que no la guerra, puesto que la amenaza de volver a rozar el default se puede cernir a principios del próximo año-, sino que han desunido a sus rivales políticos.

Los conservadores moderados han sido los grandes perjudicados de esta lucha. Han estado ejerciendo la oposición más intensa bajo la batuta de los extremistas, que son mirados con recelo en muchos ámbitos de las finanzas del país, y han tenido que agachar la cabeza. De cara a la galería, han demostrado que es el Tea Party el que controla los hilos del partido y los ciudadanos no lo ven con buenos ojos. Es más, ni siquiera han conseguido el propósito inicial: paralizar, al menos durante un año, la polémica reforma sanitaria.