El enfado con Tsipras alimenta en Grecia el voto de los conservadores

El enfado con Syriza posibilita a los partidos de derecha aspirar a alcanzar el gobierno central

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El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante un mitin electoral. / EFE
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Los griegos acuden hoy a las urnas determinados al parecer a cambiar de Gobierno y a dar su voto a los conservadores, no tanto por convicción sino como una forma de castigar a Alexis Tsipras por las promesas incumplidas, a pesar de que bajo su gestión el país empezó a recuperarse.

“Yo voté a Syriza. Tsipras nos engañó al hacernos creer que acabaría con los rescates, que revocaría esto o aquello. No ha hecho nada, es un mentiroso. Por eso vamos a votar a Nueva Democracia, porque tenemos esperanza, siempre vivimos con esperanza. Creemos en las promesas. Incluso si (Kyriakos) Mitsotakis (el líder de Nueva Democracia) miente, nunca será tan mentiroso como Tsipras”.

Estas palabras de Spyros Grammenos durante el mitin final de Nueva Democracia son el paradigma de lo que sienten hoy los griegos, justo cuatro años después del referéndum en que el pueblo dijo “no” a más rescates, mensaje que Tsipras optó por desoir para firmar el tercero, el que supuestamente salvo a Grecia de la salida del euro.

Bajo un cartel con el lema de la campaña “Unidos podemos”, con la Acrópolis como telón de fondo y entre los vítores de miles de seguidores que le gritan “Mitsotakis, Mitsotakis”, el líder de Nueva Democracia aparece en el estrado completamente seguro de su victoria.

“A partir del lunes caminaremos unidos y con las mangas arremangadas hacia una Grecia mejor”, dice quien en 2019 se ha convertido para muchos en el símbolo de esperanza que encarnó Tsipras en 2015.

Todas las encuestas le dan como mínimo una ventaja de ocho puntos, y la única incógnita que se plantean ahora mismo las encuestas es si Nueva Democracia logrará o no la mayoría absoluta de los escaños.

Mitsotakis prefiere no confiarse demasiado y ha pedido a los electores no hacerlo tampoco. Solo si Nueva Democracia logra la mayoría absoluta, habrá Gobierno, asegura. De lo contrario, habrá nuevas elecciones.

En ese caso, la formación de un Gobierno sería aún más difícil, porque estas son en teoría las últimas elecciones en la que todavía hay un bonus de 50 escaños para el partido ganador.
El Ejecutivo de Tsipras abolió este privilegio, pero seguirá vigente hasta la próxima legislatura. Mitsotakis ha prometido que una de sus primeras medidas será dar marcha atrás a este cambio.

Las elecciones se celebran en plenas vacaciones escolares, lo que podría llevar a una baja participación, aún mayor que las registradas en comicios anteriores. Desde el estallido de la crisis hace diez años, los índices de abstención han sido siempre elevados, inclusive cuando en 2015 Tsipras dio a la ciudadanía esperanza de que acabaría con la austeridad.

El líder conservador sostiene que solo un Gobierno de Nueva Democracia puede garantizar que la economía coja fuerza. Ha prometido bajar impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social, mantener las ayudas a los necesitados y una renegociación con los acreedores de los objetivos fiscales del país. Cree que todo esto se traducirá en muchas inversiones privadas y una rampante economía.

Como si se hubieran cambiado las tornas, Tsipras le contesta que estas promesas son inalcanzables sin recortar prestaciones y le acusa de tener una agenda oculta. Ambos prometieron que de ganar las elecciones aliviarán la carga fiscal de la clase media, especialmente vapuleada durante los diez años que dura ya la crisis.

A pesar de lo que dicen todos los números Tsipras no quiere darse por vencido. En una Plaza de Syntagma abarrotada Tsipras arenga a sus seguidores: “el domingo cada uno de vosotros tiene que tomar a otra persona de la mano e ir a votar…podemos derrocar a las encuestas”.

“No buscamos una segunda oportunidad, sino la primera. Ahora que ya no hay rescates somos los griegos los que pueden decidir qué política hacen”, dice y promete crecimiento económico para todos los griegos y no solo para “diez oligarcas”.