Mausoleo del fundador de la República Islámica en Irán, Ruhallah Jomeini, en la capital del país, Teherán.
Mausoleo del fundador de la República Islámica en Irán, Ruhallah Jomeini, en la capital del país, Teherán. / efe
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Irán conmemora hoy el 40º aniversario de la Revolución Islámica, que puso fin a la monarquía y alzó al poder al ayatolá Ruhallah Jomeini, un terremoto político que reconfiguró la región y cuyas consecuencias siguen vigentes a nivel político y social en la actualidad, marcada por la creciente contestación a las autoridades y la proyección regional de Teherán, lo que ha provocado la reacción de los rivales en la zona.

La vuelta de Jomeini al país tuvo lugar en un momento en el que la dinastía Pahlevi, una de las principales aliadas de Estados Unidos en la región, estaba a punto de colapsar a causa de la crisis económica y social y el aumento de la oposición al régimen debido a la represión de las protestas de los años anteriores. El golpe final al régimen llegó en 11 de febrero, cuando el Consejo Militar Supremo se declaró “neutral” tras el estallido de enfrentamientos de guerrillas en las calles, lo que descartó la posibilidad de un levantamiento militar a favor del sha.

Esta llegada de Jomeini a ser líder supremo del país —a través del ‘velayat-e faqih’, que creaba la figura de un jurista islámico que fuera “guardián” político— tuvo lugar además después de múltiples tensiones entre las propias fuerzas revolucionarias de tendencia laica e izquierdista que, sin embargo, no contaban con el apoyo popular del clérigo.

En los meses posteriores, además de las ejecuciones de altos cargos del Ejército y la Administración del sha, se sucedieron las medidas represivas contra grupos y partidos liberales e izquierdistas, además del aplastamiento del levantamiento kurdo en el noroeste del país, consolidando el carácter islámico de la revolución.

De hecho, el que fuera primer presidente de Irán, Abolhasán Benisadr, denunció recientemente que Jomeini traicionó los principios de la revolución. Así, dijo que muchos de los que volvieron con él a Teherán en 1979 se quedaron con una sensación “muy amarga”.
La llegada al poder de Alí Jamenei en 1989 tras la muerte de Jomeini no supuso cambios en las líneas básicas dibujadas por su predecesor.

La caída del régimen del sha supuso un terremoto geopolítico en la región, donde Estados Unidos perdió a uno de sus principales aliados y donde la República Islámica de Irán se erigió en la primera y única potencia chií de la zona, en disputa frontal con Arabia Saudí por la legitimidad y la influencia religiosa.

El nuevo paradigma de enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos se vio rápidamente reflejado en la toma de la Embajada en Teherán —azuzada por el desencanto con Washington por su respaldo al régimen saliente y la retórica incendiaria— y el estallido de la guerra entre Irán y el Irak de Sadam Husein, entonces aliado de Estados Unidos y respaldado por Arabia Saudí.

Enemistad

De hecho, la enemistad entre Washington y Teherán ha marcado el panorama regional durante los últimos 40 años, y en este contexto se encuadra el programa nuclear iraní. Pese a que el acuerdo de 2015 supuso un acercamiento de Irán a la comunidad internacional, la decisión de Washington de salirse del mismo ha vuelto a avivar la desconfianza, pese a que el resto de países firmantes trabajan por mantenerlo en pie.

Además, la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, ha reforzado la posición de la línea dura del régimen —entre ellos Jamenei—, que se opusieron desde el principio a los esfuerzos de Hasán Rohani por sacar adelante el pacto y que ahora defienden que cualquier acercamiento al país norteamericano es contraproducente, alejando la posibilidad de un deshielo.

El propio Jamenei afirmó el viernes que “el régimen de Estados Unidos es la personificación del mal y la violencia”, antes de agregar que “la nación iraní seguirá coreando ‘Muerte a América’ mientras Estados Unidos siga siendo malvado y retorcido”, según la cadena local Press TV.

“‘Muerte a América’ significa ‘muerte’ a las pocas personas que gobiernan el país, no a la nación estadounidense”, zanjó. Estas tensiones se ven además reforzadas por la disputa por el poderío regional entre Irán y Arabia Saudí —aliado de Estados Unidos— y el conflicto soterrado con Israel —también aliado de Washington—, que en los últimos años ha ido ‘in crescendo’ a raíz de una serie de choques entre ellos en guerras subsidiarias en la región, con Siria y Yemen como principales ejemplos.