Corea del Norte reactiva un reactor nuclear y aviva la tensión en la zona

Seúl lamenta la decisión y pide cumplir las promesas sobre desarme, mientras Ban Ki-moon avisa de que ningún país atacará al régimen comunista, pero sí responderá a provocaciones.

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Solo tiene el poder de un molino de viento, pero es capaz de producir el material más infernal: en el marco de la tensión en la península coreana, Pyongyang puso ayer sobre la mesa un pequeño reactor de la instalación nuclear de Yongbyon que podría hacer aún más imprevisibles las acciones del régimen comunista y que estaba fuera de servicio desde 2007 en función de un acuerdo a seis bandas alcanzado ese año por el que se comprometía a la desatomización a cambio de ayuda internacional.

El Gobierno de Kim Jong-un anunció que pondrá en marcha nuevamente, «sin demora», este dispositivo, que tiene cinco megavatios, apenas la potencia de un molino grande, pero demasiado pequeño para la producción de electricidad. Sin embargo, con él, Corea del Norte podría volver a fabricar plutonio lo suficientemente enriquecido para producir armas nucleares.

El complejo de Yongbyon tenía en 2009 una reserva de 8.000 barras de combustión gastadas y Occidente sospecha que el Ejecutivo utilizó material de esa planta para las pruebas atómicas realizadas en 2006 y 2009.

Ahora, en plena tensión bélica en la zona, Corea del Norte aseguró que se reiniciarán las operaciones, no solo en dicha central, sino en otras instalaciones nucleares, de forma «inmediata» con fines «civiles (como la generación de electricidad) y militares».

La decisión, según fuentes oficiales, se tomó el pasado mes de marzo con el ánimo de conseguir la «autosuficiencia nacional» en la producción de energía atómica.

De hecho, tal y como agregaron los mismos informantes, existe un doble objetivo en este plan: apoyar el crecimiento económico y fortalecer sus capacidades para fabricar armas nucleares, ya que, según avisaron, Pyongyang solo podrá renunciar a este tipo de armamento si otros países, en especial EEUU, se comprometen a fomentar el desarme a nivel mundial.

En este sentido, el propio Kim Jong-un calificó el nuevo programa de su Gobierno como un mecanismo «disuasorio» para «garantizar la paz y la prosperidad del país», así como para proteger «su soberanía» frente a potenciales agresiores extranjeros».

En respuesta a esta «muy lamentable decisión», el portavoz del Ministerio surcoreano de Exteriores, Cho Tai Young, instó a Pyongyang a cumplir con sus promesas «del pasado» sobre desarme.

También el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, censuró que la crisis en la región coreana «ha ido muy lejos» y advirtió de que «las amenazas nucleares no son un juego». Así, afirmó que cree que ningún país pretenda atacar a Corea del Norte. «Pero temo que otros respondan con firmeza a cualquier provocación militar directa», avisó.