Fiscales electorales instalan puestos electrónicos de votación en una escuela de Brasilia, la capital del país.
Fiscales electorales instalan puestos electrónicos de votación en una escuela de Brasilia, la capital del país. / Efe
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Brasil celebra hoy las elecciones más polarizadas de su historia reciente, bajo un clima de hartazgo generalizado con la clase política y en medio de unos duraderos problemas financieros. Alrededor de 147 millones de habitantes de la mayor economía de América Latina han sido llamados este 7 de octubre a elegir presidente, gobernadores, diputados, dos tercios de los senadores y también a sus representantes regionales.

Habrá una segunda ronda el 28 de octubre para las elecciones presidenciales y de gobernadores, en el caso de que los candidatos en liza no superen el 50 por ciento de los votos, como está previsto al menos en el caso de la votación para liderar el país. Los comicios han estado marcados por el proceso judicial que impidió la postulación como candidato del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), en la cárcel desde el pasado abril por corrupción pasiva y blanqueo de fondos.

Lula fue designado en un primer momento como la opción presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), pero cedió su candidatura al académico y ex ministro de Educación Fernando Haddad el pasado 11 de septiembre. El expresidente tenía entonces alrededor de un 40 por ciento de intención de voto en las encuestas. Haddad no ha conseguido alcanzar esa cifra, a pesar de protagonizar un notable ascenso en los sondeos en las últimas semanas. Cuenta ahora con un 21 por ciento de intención de voto, según la última encuesta del instituto Datafolha.

El académico, nacido en una familia de origen libanés, planea seguir al pie de la letra el programa electoral que él mismo contribuyó a escribir junto a Lula, que continúa haciendo campaña desde prisión y ni siquiera podrá votar en los comicios.

“El expresidente Lula sigue siendo el principal líder del PT. Mantiene una influencia central en las elecciones. Se manifiesta cuando establece las directrices políticas y discursivas del partido. También cuando se convierte en el blanco de los opositores del PT. El rechazo a Lula es mayor que el rechazo a Haddad”, comentó Jamil Marques, politólogo de la Universidad Federal de Paraná.

El candidato izquierdista quiere acabar con la austeridad promocionada por el Gobierno saliente de Michel Temer, quien llegó al poder tras la destitución por violación a la ley presupuestaria de la ex presidenta Dilma Rousseff (PT) en 2016. Planea subir los impuestos a los ricos, bajárselos a los pobres, y un ambicioso plan de infraestructuras financiado por las reservas internacionales del país.

Gran protagonista

Enfrente tiene al gran protagonista de estas elecciones, el ultraderechista Jair Bolsonaro, un excapitán del Ejército del pequeño Partido Social Liberal (PSL), que lidera todas las encuestas, haciendo gala de un discurso alejado de lo políticamente correcto. Marcó un 32 por ciento de intención de voto en el más reciente sondeo del instituto Datafolha. Parece haber aglutinado el favor de aquellos brasileños hastiados de los políticos tradicionales, especialmente de un PT muy afectado por la corrupción, y que desean “orden” en el país suramericano.

Su campaña se vio interrumpida el pasado 6 de septiembre, cuando un perturbado de 40 años le apuñaló en el abdomen durante un acto electoral. Bolsonaro ha pasado el resto de la campaña en un hospital de Sao Paulo, sin acudir a los debates televisivos ni apareciendo en grandes actos, pero manteniendo una muy notable influencia en las redes sociales. La atención en la campaña ha estado, de esa forma, centrada en una cárcel, la de Curitiba, donde cumple condena el expresidente Lula, y en el sanatorio donde se ha estado recuperando Bolsonaro.

El candidato ultraderechista ha prometido mano dura, incrementando las penas contra homicidas y narcotraficantes. Pretende empoderar a la Policía y permitir que la población se arme para defenderse de los criminales. Bolsonaro es también un férreo defensor de la familia tradicional.