Blair declara que el «riesgo» que suponía Sadam cambió con el 11-S

Durante su comparecencia ante la comisión que investiga la invasión de Iraq, el ex ‘premier’ británico defiende su decisión de participar en la guerra y afirma no sentir remordimientos

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Tony Blair, al igual que han hecho sus compañeros de la foto de las Azores George W. Bush y José María Aznar, no muestra arrepentimiento alguno por la decisión de invadir Iraq, pese a la gran pérdida de vidas que ha supuesto el conflicto. De hecho, el ex primer ministro británico pidió ayer preguntarse cómo sería el mundo si Sadam Husein siguiera en el poder en Bagdad y sugirió que una operación militar como la desarrollada para derrocar a su régimen hace ocho años podría ser conveniente en la actualidad contra el Gobierno de Irán.

El antiguo premier testificó durante más de seis horas ante la comisión independiente que investiga la guerra de Iraq, en una comparecencia en la que no hubo lugar para la autocrítica ni para el arrepentimiento y en la que el ex líder laborista optó por aplicar la estrategia de que la mejor defensa es un buen ataque.

El político afirmó una y otra vez que fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001 los que le hicieron cambiar su percepción de la amenaza que planteaba Iraq. Sin poder demostrar, y así lo reconoció, ningún vínculo entre Al Qaeda y el régimen de Husein, el laborista dijo que «su cálculo del riesgo» cambió «de modo dramático» con los ataques contra EEUU en los que fallecieron 3.000 personas. «Si esa gente, inspirada por fanatismos religiosos, hubiese podido matar a 30.000 lo habrían hecho; entonces llegué a la conclusión de que no se podían asumir riesgos en este asunto», zanjó.

Blair respondió a las preguntas, pero también las hizo él para instar a la opinión pública a cuestionarse qué estaría ocurriendo hoy si la coalición dirigida por EEUU, y apoyada por el Reino Unido, no hubiera invadido el país mesopotámico en 2003.

El ex premier aseguró que «intelectualmente» el ex presidente iraquí tenía la intención de volver a hacerse con un arsenal de destrucción masiva y que existía el riesgo de que lo utilizara, como lo hizo contra los kurdos, o que lo entregara a grupos terroristas, por lo que antes o después hubiera sido necesario usar la fuerza.

Pero el hoy enviado especial del Cuarteto para Oriente Próximo fue más allá y consideró que los actuales responsables políticos occidentales deberían tener la misma preocupación o mayor con respecto al supuesto intento de Teherán de desarrollar un programa de armamento nuclear.

Visiblemente nervioso al principio de su comparecencia, Blair estuvo más cómodo a medida que avanzó la declaración, en la que solo titubeó cuando se le recordó que cada mes mueren en Iraq cientos de personas a causa de la violencia.

El presidente de la comisión, John Chilcott, terminó la sesión preguntándole si tenía «remordimientos». Tras una breve pausa, Blair contestó: «Responsabilidad sí, pero no remordimientos por derrocarle. (Sadam) era un monstruo que amenazaba no solo a la región, sino a todo el mundo».

Mientras el testigo declaraba, decenas de personas, entre ellas familiares de soldados británicos muertos en el conflicto, se manifestaron en el exterior del Queen Conference Center, coreando gritos en favor de que el ex primer ministro sea procesado como criminal de guerra. Theresea Evans, cuyo hijo Llywelyn de 24 años murió al estrellarse su helicóptero en 2003, declaró: «Simplemente me gustaría que Tony Blair me mirara a los ojos y me dijera que lo siente. Sin embargo, ha estado ahí dentro sonriendo con suficiencia. Fue algo realmente doloroso».