Berlusconi indigna a los supervivientes

La región golpeada por el terremoto sufre constantes temblores de tierra, mientras las 28.000 personas evacuadas siguen refugiadas en campamentos, hoteles y casas de familiares.

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Los equipos de rescate continúan la labor de desescombro en la localidad italiana de L’Aquila sin la esperanza de encontrar a nadie con vida, cuando el número de muertos ya alcanza los 260, de los que 16 son niños.

En rueda de prensa desde la ciudad más castigada por el seísmo y adonde Silvio Berlusconi viajó ayer por tercera jornada consecutiva, el primer ministro animó a aquellos que han sido alojados temporalmente en tiendas de campaña a que se tomen la experiencia «como si estuvieran de camping».

En declaraciones a la cadena alemana n-tv, durante una visita a uno de estos campos de desplazados, Il Cavaliere subrayó que la situación es «provisional», pero consideró que los afectados deberían «tomarse esto como un camping de fin de semana».

La ocurrencia ha molestado a los damnificados por el seísmo, uno de los cuales, en declaraciones a esta misma cadena, propuso al premier que experimente él mismo lo que es no tener un techo sobre su cabeza. «Debería probarlo», afirmó el hombre.

El pasado martes, en otra de sus habituales salidas de tono, invitó a las víctimas del terremoto que se han quedado sin casa a ir a pasar unos días al mar, donde numerosos hoteles se han mostrado dispuestos a acoger a los desalojados. «Id hacia la costa, es Pascua, tomaos unos días, que pagamos nosotros», recomendó Berlusconi a los afectados mientras visitaba uno de los campamentos que han sido levantados por Protección Civil en la zona.

Mientras el primer ministro se toma poco en serio los sentimientos de las víctimas, las réplicas siguen manteniendo en vilo a las cerca de 28.000 personas que se han quedado sin casa por los movimientos telúricos.

Los supervivientes vivieron con pánico dos nuevos seísmos, a las 5,00 y 6,27 horas, de 3,5 y 3,7 grados de magnitud en la escala Richter, respectivamente, que no ayudaron a levantar los ánimos.

Según Berlusconi, más de 150 hoteles han sido habilitados como refugio para más de 10.000 de esos 28.000 evacuados. El resto ha tenido que pasar las últimas noches, bien en los 31 campamentos establecidos al efecto con 2.960 tiendas de campaña y 24 cocinas, o bien en sus coches o en casas de familiares y amigos de zonas no afectadas.

Il Cavaliere, que dijo no haber dormido en las últimas 44 horas, definió la situación de los evacuados como el «gran problema» al que han tenido que hacer frente los equipos que trabajan en la zona, compuestos por más de 2.000 bomberos, 1.500 militares, 2.000 miembros de las fuerzas del orden y 3.000 voluntarios.

Además, hizo referencia a los saqueos que ya han empezado a producirse entre el caos en el que ha quedado sumida la región de Los Abruzos y prometió la introducción en el código italiano de un «nuevo tipo de delito penal» contra quienes lleven a cabo este tipo de acciones y «las penas serán muy duras». Horas después de realizar este anuncio, la Policía detuvo a dos delincuentes que tenían en su posesión 80.000 euros en la localidad de Onna, próxima a L’Aquila y una de las más afectadas por el terremoto.

Tras evaluar los daños, el jefe del Gobierno se comprometió a aprobar una partida extraordinaria de 16 millones de euros para reconstruir inmediatamente la Casa del Estudiante, entre cuyos escombros aparecieron ayer los cuerpos sin vida de los cuatro estudiantes desaparecidos.

El dirigente, que se mostró «conmovido» por los peligros que han corrido los equipos de rescate en las tareas de desescombro, recordó que el funeral de Estado por los fallecidos tendrá lugar mañana a las 11,00 horas.

Por su parte, el Papa aseguró durante su tradicional audiencia de los miércoles que visitará «apenas sea posible» la región devastada. Benedicto XVI renovó «su cercanía espiritual a la querida comunidad afectada y a los pueblos vecinos, tan golpeados por los violentos fenómenos sísmicos de los días pasados que han provocado numerosas víctimas, tantos heridos» e ingentes daños materiales.

Mientras, sobre el terreno, L’Aquila se ha convertido en una ciudad fantasma en la que solo trabajan los servicios de rescate.

En el centro de salud San Salvatore, la pediatra Claudia Coloritti expresó el malestar de los médicos por la baja calidad de los materiales que se utilizaron en la construcción, lo que destruyó el recinto y obligó a los heridos a ser trasladados a hospitales de campaña. «Ésta es la primera institución que debe funcionar en situaciones de catástrofe y precisamente es la primera que dejó de hacerlo», precisó la sanitaria.

En un paseo rápido por la localidad se puede ver cómo la mayoría de los edificios están seriamente dañados, pero, además, 400 granjas agrícolas han resultado fuertemente golpeadas, sobre todo las lácteas, a las que resulta difícil acceder para alimentar a los animales, que corren el riesgo de perecer de inanición.