Al Asad se aferra al poder

El dirigente insiste en que durante el verano llegará un nuevo Parlamento y otra Constitución, pero los opositores vuelven a salir a la calles para pedir la caída del régimen.

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Lejos de asumir su culpa en las gestiones que han provocado multitudinarias protestas que día sí, día también, inundan las calles de las ciudades sirias, el presidente del país, Bachar al Asad, insistió ayer en la existencia de una «conspiración internacional» contra la república árabe, por lo que instó a celebrar a una negociación interna para solucionar los problemas.

En un discurso en la Universidad de Damasco, el dirigente destacó la importancia de un «diálogo nacional» para salir de la crisis y continuar con las reformas, al tiempo que se quejó de «un pequeño grupo de saboteadores» que explota las demandas de cambio. Así, denunció que «cuanta más destrucción ocurre, más lejos está Siria del desarrollo».

«El proceso de reformas es para nosotros una convicción», señaló Al Asad, que insistió en que «se ha retrasado, pero no detenido».

Entre estos cambios impulsados por el régimen se encuentran el levantamiento del Estado Emergencia, vigente desde 1963, y los proyectos de ley electoral y de partidos políticos.

El dirigente explicó que estas modificaciones van a crear «una nueva realidad política en Siria a través de la ampliación de la participación popular en la dirección del Estado».

Todas estas reformas serán tratadas en el diálogo nacional, que, según el presidente, «no tiene que estar limitado solo a la política, sino ser una negociación de todo el pueblo sobre todos los asuntos», ya que el jefe del Ejecutivo consideró que «es un proceso muy importante porque el futuro de Siria depende de él».

Aun así, el líder árabe consideró que «cada propuesta de reforma ha sido contestada con el caos», organizado por hombres armados que han atacado tanto a «las marchas pacíficas como a la Policía».

En este sentido, acusó a «un pequeño grupo de saboteadores» de explotar las demandas legítimas de reforma y causar un gran daño al país. Así, además de acusar a las potencias extranjeras, también culpó a grupos armados, delincuentes y a islamistas radicales de estar detrás de las manifestaciones, en las que han muerto más de un millar de personas, y aseguró que se castigará a «los responsables del derramamiento de sangre en el país».

«Han difamado la imagen de la nación en el exterior, han abierto las puertas a la injerencia extranjera y han cambiado la postura política nacional», denunció.

Por otro lado, Al Asad recordó que las elecciones están previstas para agosto y que «si no se posponen» ese mes habrá un nuevo Parlamento, que podrá empezar a enmendar la Constitución o redactar una nueva. «Estoy muy seguro de que conseguiremos acabar todas estas nuevas legislaciones antes de finales de año», sentenció.

Tras el discurso del presidente, se sucedieron las protestas en distintos puntos de Siria, donde los manifestantes expresaron sus descontento con las palabras de Al Asad e hicieron hincapié en pedir la caída del régimen.

Los grupos opositores revelaron que miles de personas participaron en protestas una decena de localidades, entre ellas la capital, Damasco.

Sin embargo, las fuerzas de seguridad y el Ejército intentaron reprimirlas empleando la violencia, apuntaron esos grupos.

Según las organizaciones Newroz y Sham, en Homs se registraron disparos contra manifestantes en varios barrios.