El comandante general Guan Maw, uno de los mandos del Ejército de Independencia Kachin.
El comandante general Guan Maw, uno de los mandos del Ejército de Independencia Kachin. / EFE
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Al menos 15 personas murieron ayer y otras 45 resultaron heridas a consecuncia de una avalancha de tierra sobre una mina de jade en el norte de Birmania, según han confirmado fuentes oficiales.

El desastre tuvo lugar en la región minera de Hpakant, estado de Kachin, enormemente propensa a esta clase de tragedias porque la piedra no se encuentra a demasiada profundidad y los mineros, que generalmente trabajan por su cuenta y riesgo, e incluso bajo los efectos de la heroína, excavan directamente en las laderas, enfangadas e inestables.
La búsqueda de cadáveres terminó en la jornada de ayer (al cierre de esta edición), con la caída de la noche, según confirmaron el administrador de la región, Kyaw Swar Aung. “Hemos parado a las 17.30 y seguiremos mañana”, declaró el responsable.

En mayo fallecieron al menos 14 mineros en la misma zona, pero la tragedia más grave ocurrió en 2015, cuando otro deslizamiento acabó con las vidas de un centenar de personas.
No se descarta, sin embargo, que la cifra de muertos se dispare. Según el secretario de la gobernante Liga Nacional para la Democracia, se tiene constancia de que más de cien mineros se encontraban en el lugar en el momento del corrimiento.

La adicción a los narcóticos es común entre los recolectores de Hpakant. Las condiciones son tan duras que comienzan a usar heroína para sobrevivir.

Los activistas se preocupan por el creciente número de usuarios, especialmente los jóvenes, y acusan a las autoridades birmanas de ignorar el problema.

El auge de la población de Hpakant coincidió con un aumento exponencial de la producción de opio en Birmania, el segundo productor mundial después de Afganistán.

La heroína, un derivado del opio, es barata y está ampliamente disponible en el estado. Según las estimaciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), Birmania produjo unas 647 toneladas de opio en 2015, solo superadas por Afganistán.

Los trabajadores humanitarios llegaron al punto de que contratan a toxicómanos para ganar dólares recolectando jeringas usadas en una caja desechable.
“Antes, pensaba que solo las personas de la etnia Kachin y Shan usaban drogas”, según explicó a el activista Naung Latt.

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