Buscando lobos al amanecer con telescopio, en la Serrezuela. / E.A.
Buscando lobos al amanecer con telescopio, en la Serrezuela. / E.A.
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Posiblemente, José Antonio de la Fuente Blas sea uno de los mejores conocedores de la situación del lobo en Segovia, dado que él ha dirigido el censo de la especie —en el Sistema Central— impulsado por Fernando Palacios, veterano investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La primera pregunta a De la Fuente resulta, pues, obligada. ¿En qué situación se encuentra hoy el lobo en Segovia?. “No hay ninguna expansión de la especie”, asegura, a las primeras de cambio. “No hay tasa de reposición. En Segovia, mueren más lobos por causas no naturales de los que salen adelante”, agrega.
Reconoce que en la zona donde se están produciendo más ataques es en la Sierra de Guadarrama, pero ahí tiene “una estricta protección”. Él tiene especial interés en explicar que, para que se pueda autorizar la muerte de algún ejemplar se deben cumplir tres requisitos, “y ninguno de ellos se da”.

El primero de ellos es que el lobo produzca un grave perjuicio económico en la zona, algo que a juicio de De la Fuente no se produce. “Si se analiza la evolución de la cabezas de ganado vacuno en la última década se aprecia un aumento de cerca de un 25%; en 2008 había 109.983, y en 2019 un total de 136.950”, expone este naturalista.

En segundo lugar, subraya que para que se de el visto bueno a la captura de algún ejemplar “tienen que haber fallado las medidas preventivas, y aquí en Segovia estas medidas ni se han diseñado ni, lógicamente, se han aplicado”.
Por último, De la Fuente recuerda que las autorizaciones para matar un lobo “se justifican cuando la conservación del lobo es favorable, lo que no ocurre en Segovia”.

“En definitiva —reitera De la Fuente— en este momento no se da ningún requisito que justifique la autorización de la Junta para abatir ni un solo ejemplar de lobo en la provincia”, concluye este naturalista de raíces espinariegas.
Además, De la Fuente quiere advertir de otro hecho, el de que el control de depredadores no disminuye los ataques al ganado sino que los aumenta. “Al quedarse desestructurados los grupos, sus componentes se ven en la necesidad de acudir a presas más fáciles que las silvestres”, advierte. “Así se ha visto también en los coyotes o en los pumas”, finiquita.

Al menos ocho atropellos en el último año

Los atropellos continúan siendo una de las principales causas de mortalidad de lobos. La mayoría se producen entre finales de otoño y comienzos de la primavera. Aunque la Delegación Territorial de la Junta informa periódicamente de los atropellos registrados en la provincia de Segovia, los voluntarios participantes en el censo de lobos dirigido por Fernando Palacios estiman que tales datos “no tienen credibilidad”, pues aseguran que la cifra de atropellos “es mucho más alta de lo que se dice”.

Ahora, José Antonio de la Fuente informa que en el último año ha habido al menos ocho atropellos. “Que sepamos”, insiste. Los dos últimos de los que tiene constancia se han producido entre Torrecaballeros y Sotosalbos (un ejemplar) y otro en Hontalbilla (otro ejemplar).

A nivel nacional se desconoce el número de lobos muertos por la acción del hombre. Tal asunto se trató el pasado año en el Congreso de los Diputados, admitiendo el Gobierno que no sabe las cifras debido a que las comunidades autónomas “no tienen obligación de remitir estos datos”.

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