El vino encuentra la salida a la crisis

Los precios logran una recuperación por la reducción del volumen de las cosechas y, sobre todo, por el creciente ritmo de las exportaciones.

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Allá por los años setenta, la demanda de vino en España por habitante y año era de más de 70 litros. En la actualidad, esa cantidad se ha visto reducida y, en el mejor de los casos, se eleva a unos 20 por persona y año. Esta fuerte caída del consumo interno se tradujo en bajadas de precios y con ello, abandonos del cultivo, arranque en las principales zonas productoras, con o sin ayudas comunitarias, hasta pasar la superficie en la última década de 1.200.000 hectáreas a menos de 900.000, la mitad de las cuales corresponden a Castilla La Mancha.

Hoy, con una demanda interior en la misma línea de caída, los precios para la uva en las zonas más productoras como la región manchega, prácticamente se han duplicado pasando de los 0,12/015 euros por kilo a más de 0,33 euros, y ya no se piensa en los arranques.

La razón más acertada de esta nueva situación en el sector se podría achacar a que se trata de una campaña corta de 33 millones de hectolitros que se suma, además, a unas bodegas con escasas existencias. Pero, la causa más importante de este profundo giro que ha dado el sector, radica fundamentalmente en el crecimiento de las exportaciones en los últimos años batiendo récords de campaña hasta pasar de los nueve millones de hectolitros del año 2000 a los 22,3 millones de hectolitros en 2011.

Las ventas en el exterior han constituido la salida frente a la eliminación de los mecanismos para la regulación de los mercados por parte de las autoridades comunitarias, donde la medida más importante era la quema de más de siete millones de hectolitros de vino para la obtención de alcohol.

Ahora las exportaciones suponen 22,3 millones de hectolitros frente a un consumo interno de tan solo unos 10 millones.

De cara a los próximos años, frente a lo que sucedía hace una década, el futuro se pinta en positivo. Según un estudio elaborado por el Observatorio Español del Mercado del Vino, el mercado mundial va a seguir creciendo. En el caso de España será a un ritmo inferior, pero con mejoras en los precios.

Un punto a favor del comercio del vino nacional para los compradores foráneos es la buena relación entre su calidad y su coste para competir con los mayores productores del mundo. Hasta la fecha, los precios medios de las exportaciones patrias han sido relativamente bajos, solamente de un euro por litro. Esta tasación media es consecuencia de las ventas de vinos a granel (que se exportan a unos 0,35 euros por cada litro) y que suponen la mitad de todo el caldo que se vende fuera del país.

La consecuencia de esta situación es que existe un margen de subida para seguir ganando terreno en los mercados exteriores, aunque ahora aparece como un un interrogante que se va a resolver en los próximos meses, cuando el sector se encuentre con precios más elevados para comercializar los caldos de esta campaña en los mismos mercados, frente a los vinos de los países del llamado Nuevo Mundo.

Un segundo punto a favor de las ventas en otros Estados, según los datos que maneja el Observatorio, es el incremento de la demanda en los países menos productores o que carecen de superficie de cultivo. Esta situación ya se está traduciendo en un aumento del comercio mundial del vino. Un circunstancia que se estima va a seguir aumentando desde los 70,8 millones de hectolitros de 2005, a los 92,8 millone en 2011 y a los 141 millones que se espera sean los que se exporten en todo el mundo en 2020. Así que, al haber más comercio, también aparecerán más posibilidades para exportar si se mantiene la actual posición de competitividad.

Grandes diferencias

Las ventas actuales de caldos del sector español se distribuyen en cinco mercados muy diferentes. Hay un primer comercio tradicional y establecido como serían los casos de Francia, Alemania, Italia, Portugal o el propio territorio patio.

Un segundo mercado maduro estaría encabezado por el Reino Unido, Irlanda, Japón, Suiza, Dinamarca y Holanda. Hay una tercera vía que ya está establecida, pero que aún se mantiene en crecimiento, a cuya cabeza se halla Estados Unidos, Australia, Canadá o Noruega.

Existe un cuarto mercado donde aparecen China, Brasil, Rusia, México, Sudáfrica, Hong Kong o Angola y finalmente un quinto que es el más nuevo y emergente con países como Malasia, la India, Nigeria o los Estados árabes.

En estos últimos, el peso de las ventas españolas en 2005 supusieron 18,16 por ciento, mientras que en 2011 ya significaron el 21,3. Además, las previsiones para 2020 indican que España seguirá aumentando sus ventas en volumen hasta los 24,2 millones de hectolitros, a la vez que se rebajará su participación en el comercio mundial hasta situarse en el 17,1 por ciento del total.Las transacciones nacionales crecerán por debajo de la media mundial para todo tipo de vinos, mientras que la ventas de graneles se mantendrían estables.

No hay que olvidar que el mercado mundial de vino movió en 2005 más de 16.000 millones de euros. Una cantidad que ha ido ascendiendo notablemente hasta superar los 22.000 millones en 2011. Además, las estimaciones para 2020 apuntan a que podrían llegar a superar los 38.000 millones de euros. El porcentaje en valor de la participación española en este comercio es muy inferior a su peso en volumen al significar solamente el 9,12 por ciento en 2005, el 9,95 en 2011.

La razón de esta situación se halla en los precios. En 2011, los costes medios se situaron en 2,42 euros, mientras que en España están en 1,03, aunque se espera, según las previsiones, que para 2020 se pase a 1,43 euros litro.

De esta manera, la exportación aparece como la principal salida para el sector del vino en España debido a una demanda interna paralizada o a la baja y la inexistencia mecanismos comunitarios para regular los mercados. De hecho, son los propios productores los que confían en las ventas en el extranjero.