'El Segoviano', la obra de Joaquín Sorolla y Bastida. / El Adelantado
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El adelantado / segovia

P El Museo de Segovia, centro dependiente de la Junta de Castilla y León, expone durante este mes el óleo sobre lienzo de ‘El Segoviano’, del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida, de 1907. Una pieza que encarna la agilidad de la pincelada del autor, así como el manejo de la luz, que en esta pieza se refleja en la utilización de ésta para destacar los dos elementos principales de la obra, la cara del segoviano y la mano derecha.

En cuanto a la temática y el tiempo de su obra, este cuadro, pintado en la que se denomina su etapa de culminación (1900–1910), se adelanta en tres años al culmen de sus fórmulas costumbristas, que supondrá el encargo por la Hispanic Society de Nueva York de los catorce paneles que compondrán Visión de España.
‘El Segoviano’ representa, como su nombre indica, a un hombre de la provincia de Segovia de cierta edad, vestido con la capa tradicional, de color pardo, el sombrero de segador, una evolución del petaso romano, en una estancia tradicional segoviana, con un escaño de madera y cuero y una puerta de estilo castellano como fondo. Destacan en la pieza la maestría del pintor con el uso de la luz, dedicada expresamente a los dos únicos elementos que pueden reflejar su valor, que son el rostro del segoviano y su mano derecha, en la que sostiene un vaso de vino; así como la agilidad de la pincelada que define el retrato.

Se trata de una pieza que los amantes del arte y de la obra de Sorolla, así como los más curiosos podrán visitar en el Museo de Segovia hasta mediados del mes de agosto. P Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Cercedilla, Madrid, 1923) es uno de los grandes pintores españoles del periodo de transición de los siglos XIX al XX, un tiempo absolutamente complejo para la evolución de la pintura, y a su vez un espacio natural de creación para artistas geniales, cuyas capacidades se orientaron en multitud de formas y opciones, desde las más vanguardistas hasta las más tradicionales, llevando el arte pictórico a otro nivel tanto formal como temático y material.
Al propio Sorolla se le ha intentado catalogar de diferentes maneras en función de su estilo particular y su fortaleza como artista único: impresionista, postimpresionista, academicista y por cuyas capacidades artísticas que se adelantarían a los gustos y tradiciones del momento.

Su formación como pintor comenzó en la Escuela de Artesanos de Valencia y en la Real Academia de San Carlos, también en la capital del Turia. Becado por la Diputación Provincial de Valencia gracias a su triunfo con el cuadro El Grito de Palleter pudo viajar a Roma, donde estudió y pintó durante cinco años (1884–1889). De estos primeros momentos de juventud destacan obras de estilo costumbrista, apegadas al realismo, en las que ya podían observarse algunas de sus grandes fortalezas como pintor, como el manejo de la luz, su capacidad de juego con los contrastes de detalle o la fortaleza expresiva de sus personajes.

De regreso a España se instala en Madrid con su esposa, Clotilde García, y su trabajo en el estudio de su suegro, el fotógrafo y pintor Antonio García Perís, le aportará una visión extraordinaria de sus temas y composiciones, convirtiéndolas en fórmulas extremadamente ágiles de reflejo de la realidad. En esta etapa de retorno pintará algunas de sus grandes obras de un realismo cercano a la denuncia social, como ‘Trata de blancas’, ‘Triste herencia’ o ‘Aún dicen que el pescado es caro’.

Esta etapa inicial culmina con su viaje a París, lugar en el que entrará en contacto con el impresionismo, que junto con su amor al dibujo de escenas al aire libre configurarán buena parte de su obra y su técnica.De hecho, la consideración de Sorolla como un pintor impresionista, a partir de obras como ‘Niño en las Rocas’ o ‘Tormenta sobre Peñalara’ es una cuestión hondamente debatida, y nada clara. El término que se utiliza para su pintura de madurez es luminismo (luminismo valenciano), un término también muy amplio, que abarca desde la pintura de autores del siglo XVI y XVII, como Caravaggio, hasta todo un amplio conjunto de escuelas pictóricas de todo el mundo, y que se refiere al uso de la luz como eje central en la estructura de color y la elección de las formas de la obra. De hecho, este elemento es un territorio común con el impresionismo francés, ya que la elección de estructuras de luz complejas es básica en autores como Degas, Renoir o Monet. En el caso de la pintura española del XIX y de comienzos del XX existirán dos ámbitos luministas diferentes, las escuelas de Sitges y Olot, en Cataluña, y el citado luminismo valenciano, que se inicia con el propio Sorolla, y que continuará con pintores como Ignacio Pinazo, Salvador Abril o Alberto Plá, entre otros.