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Con “A” de aprender | por Alberto Martín García
foto Con tanta vocación de profesor como de alumno de mis alumnos en la Universidad, comparto con los lectores de El Adelantado de Segovia este blog. Pretendo dar mi visión de diferentes aspectos relacionados con la educación y su situación actual. Soy buen amante del debate y la discusión y, si lo consideras oportuno, tu aportación como lector será bien recibida y hará de Con "A" de Aprender un espacio abierto con el que espero seguir aprendiendo.
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martes, 6 de septiembre de 2016
Cuando ellas dicen "no", es "no".

         Me encuentro en una ciudad del norte de España. Es sábado y estoy con mis amigos celebrando la despedida de soltero de uno de ellos.  A ojos del resto de personas que hayan salido esa noche somos un grupo más, nada nos identifica como tales…

Entramos a una discoteca sobre las tres. Vamos catorce y como suele pasar en estos casos nos desperdigamos y reencontramos cada pocos minutos. Las discotecas no están hechas para mí.  Lo reconozco, soy el tipo con menos ritmo del mundo y no es que no me guste bailar, es que es una tortura. En estas salas no se puede hablar, así que mi función básicamente se reduce a menear brevemente el cuerpo con el mismo y lamentable ritmo si lo que pinchan es house, reggeaton (tierra trágame), rock, salsa o cualquier otro estilo, tomar una copa y sobre todo observar a la gente. Desde que escribo observo todo con mucho más detalle; me da la sensación de que en cualquier momento puede aparecer una buena idea que me dé pie a una historia nueva.

Veo a unos dos o tres metros que hay un chico y una chica bailando agarrándose de las manos. No sé si son amigos, pareja o se acaban de conocer por primera vez, pero no tardaré en intuirlo. Ella no tiene cara de demasiados amigos, apenas le mira a los ojos, y él en cambio no le aparta la vista por un momento. Continuamente intenta que sus cuerpos se junten, que ella le dé la espalda en el baile y sujetarla de la cintura, pero sólo lo consigue una vez; en las demás ella se gira in extremis para seguir a cierta distancia. Pasan los segundos y hasta tres veces hace el amago de besarla en la boca. La chica ladea la cabeza, no quiere besarlo, y le dice las tres veces algo al oído, como buscando ganar tiempo. Él sigue a lo suyo y lo intenta una cuarta vez con una sonrisa enorme que contrasta con la cara de compromiso que pone ella.

Ella hace un intento por irse, pero se acercan dos amigos del chico y le hablan. La están convenciendo para que vuelva a bailar con el otro. Miro a éste y veo que les está haciendo gestos de complicidad. ‘Esta no se me escapa’, tiene que estar pensando. Vuelve e intenta bailar otra vez, pero ella ya se queda estática. Le vuelve a decir algo al oído y el chico muestra un gesto de contrariedad, pero como respuesta intenta volver a besarla. Quinta negativa de ella. Lo que se dice una ‘cobra’ de toda la vida; este tipo va camino de poder poner una tienda de serpientes.  

La chica busca a alguien con la mirada. Encuentra a una amiga que se acerca. Parece que le está pidiendo ayuda. La amiga mira al pesado y a sus dos amigos para entender la situación pero antes de sacarla del apuro se va al baño. La chica se separa del grupo y justo se pone a mi lado, apoyada en la barra. Él se va a acercar, pero me muevo unos centímetros y con la cantidad de gente que hay cerca no puede ponerse a su lado.

Me pongo a hablar con ella; le digo que tendría que mandar a paseo a ese pesado que está detrás mío. Me mira y se extraña: ‘¿has estado observándome?’, me pregunta. Le digo que sí, que llevo diez minutos viéndola, que le ha quitado la cara cinco veces y que tiene más paciencia de la que debería. Me confirma que no lo conoce de nada. Ella me pregunta ‘¿a que tú no serías tan pesado?’. Le contesto que da igual lo que yo sea, pero que si sale a divertirse con sus amigas no puede estar aguantando que un garrulo como ese la tenga haciéndole pasar un rato tan poco agradable.  Me dice que tengo razón, pero que no sabía cómo quitárselo de encima y que por eso ha llamado a su amiga para que la ‘rescate’. Qué verbo más adecuado… Me despido y le insisto que a la próxima se vuelva antipática y lo despache a la primera, sin buenas maneras. A veces la diplomacia es un error si lo que se necesita es contundencia. Ella se va por fin con su amiga, que ya ha vuelto del baño.

Cuando escribo o hablo de esto hay personas que tienden a malinterpretarme: no hablo de que no se pueda saludar ni hablar con alguien en un local de copas, ni de que yo esté queriendo dar lecciones a nadie. Hay que evitar que se produzcan situaciones en las que las mujeres tengan en una noche de diversión que quitarse de encima a decenas de grupos de moscones que piensan que su obligación si están en una discoteca tiene que ser ligar porque si no será un fracaso para sus egos. Cinco veces rechazó esta chica un beso. Cinco. Y es esa insistencia, ese no querer darse por vencidos con lo que habría que acabar, porque un ‘no’ es suficiente, y a partir del segundo ya es molestar y acosar a una mujer. Estamos en el año 2016 y aún hay quienes se creen esa frase rancia de que ‘las chicas cuando te dicen que ‘no’ están queriendo decirte que ‘sí’… cuando en realidad lo que se esconde detrás de un ‘no’ es un ‘vete a la mierda y no seas pesado’.            

            Lo he escrito varias veces: tenemos que ser nosotros los que llevemos la iniciativa y critiquemos rotundamente estas conductas (en absoluto son hechos aislados), y no infravalorarlas bajo paraguas como ‘es lo normal’ o ‘no es para tanto’, excepto cuando ocurra en el entorno. Tenemos que ser los hombres más activos en la búsqueda de este cambio, aunque por el camino se nos acuse de hacerlo con fines personales como quedar bien o de estar exagerando. Esto no se trata de quedar bien, se trata de que las mujeres puedan estar en una discoteca, en la playa, piscina, festival de música… sin tener que dedicar parte de su tiempo de diversión a decir cada cinco minutos que ‘no’ a alguien o a apartarle la cara para recibir besos no deseados. 

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