Para mi desgracia el día amaneció totalmente despejado, el solo brillaba con fuerza y se reflejaba en la blanca nieve. Tardé un buen rato en recoger y desmontar la tienda, a cada rato me tenía que parar cubrirme los ojos. Me puse en marcha, nieve y más nieve, comencé a subir el puerto, casi todo el tiempo arrastrando mi bici. Me paraba a cada rato, no veía nada y me cubría los ojos.
Por fin, a mitad del puerto me encontré con el primer control de militares. Se quedaron flipados al verme aparecer entre la nieve, ciego y arrastrando mi bici, me ofrecieron té y comida.
Me recuperé un poco y seguí avanzando al poco otro control esta vez de la policía de antinarcóticos. Uno de ellos lo primero que me dijo es que le diera 100 dólares, le pregunte que por qué, y me dijo que si no le pagaba me registraba, le dije que no le pagaba que me registrara. Empezaron a registrarme todo el equipaje y aunque casi no veía ví como un policía se metía 100 dólares en su bolsillo.
Cuando terminaron el registro, les pregunté que si todo bien y me dijeron que sí. Entonces le dije que me devolviera los 100 dólares que, para mi suerte, me devolvió. Así que pensé y “¿Si se niega, qué hago? En medio de la nada, rodeado de altas montañas, a 4.000 metros de altitud y medio ciego, siendo robado por la misma policía… ¿A quién reclamo?”
Según me alejaba del control iba pensando “¡hay que joderse, esta gente de uniformes y pistolas en teoría están para ayudarnos y en vez de eso nos roban!”. En cuatro meses de viaje los que me han intentado robar dos veces han sido ellos, en fin…
Estos policías me dijeron que no cruzara a Kirguizistán, que había problemas. Pero no tenía otra opción. Mi visa terminaba ese mismo día y estaba a varios días de viaje de Dushanbe. Eso sí, tenía suerte de encontrar vehículo, así que continué. Al rato, me encontré el último control de Tajikistán, de militares, que sellaron mi pasaporte, al verme como estaba me dijeron que me quedara allí a dormir. Rechacé rotundamente la invitación. Pensé para mí: nadie me ha robado más que los militares y policías, así que cualquiera se queda allí, rodeado de ellos, cuando amanezco no me han dejado ni los calzoncillos.
Me dijeron que unos dos kilómetros mas adelante había una casa, así que hacia allí me dirigí. Llegué a la casa como pude, prácticamente sin ver y con un gran escozor de ojos. En esta casa vivía una familia que me acogió muy bien, me peló y partió una patata y me dijo que me pusiera un trozo de ella en cada ojo. Así lo hice y pasé toda la tarde y noche con un trozo de patata en cada ojo. Al día siguiente amanecí bastante recuperado. ¡Que alegría, por lo menos no me quedo ciego!, pensé.
Me despedí de la familia y entre mucha nieve llegué al puesto fronterizo de Kirguizistán y es que entre los puestos de Tajikistán y Kirguizistán hay unos 20 kilómetros. Sellaron mi pasaporte y continué hacia el primer pueblo. Pero antes de llegar a Sary -Tahs me recogió un vehículo, el único que veía en varios días. El conductor me ofreció llevarme hasta el pueblo. Acepté. Había muchísima nieve y era muy difícil el avanzar con la bici.
Llegamos a Sary-tash, es un pueblo muy pequeño y no se puede cambiar dinero. El conductor me dijo que el iba a Osh, que me llevaba, acepte y aquí estoy en Osh, la segunda ciudad mas grande del país, dónde he podido cambiar dólares por son, la moneda del país y dar señales de vida a mi familia por medio de Internet.
Esto es lo que escribió Marco Polo sobre el Pamir en su descripción del mundo, aunque creo que se refiere solo a la segunda parte, es decir Jalandi (¿os acordáis?) Sary tahas."La llanura recibe el nombre de Pamir y lleva unos 12 días atravesarla, encontrando a tu paso nada más que un desierto sin personas ni plantas. Es por esto por lo que el viajero se ve obligado a llevar consigo todas las provisiones que pueda necesitar para atravesarlo. La región es tan fría e inhóspita que ni siquiera se ven pájaros en el aire. Y debo advertir también, que debido a este horrible frío, el fuego no arde con la misma fuerza y el calor como de costumbre".