Cuaderno de Ruta: Bojnurd, Shirvan, Quchan, Bajigiran.
Ya estoy en el último pueblo de Irán, Bajgiran. El jueves 4 de febrero pedaleé por última vez en Irán. Así que en el momento de que leáis esto, estaré cruzando la frontera de Turkmenistán.
¿Dónde me quede la última vez? ¡Ah sí! En la avería de la bici. El amable mecánico me arregló mi rueda, en su pequeño y humilde taller. Ya sabéis, entre gestos, palabras sueltas en Farsi le expliqué que era de España, que mi viaje en bici había comenzado en Estambul y que me dirigía a Turkmenistán. Le di las gracias, mano al corazón “mersi”, pero el mecánico parecía estar el también agradecido por haberme arreglado la bici y que yo pudiera continuar mi periplo. Él también me daba las gracias a mí. “Yo no baladi farsi” (no hablo persa) pero creo que me decía algo así como: “buen viaje y que Alá te proteja”, ya que no paraba de señalar, con su dedo índice, hacia el cielo.
Estas cosas son las que hacen bonito mi viaje. Después de arreglar la avería, decidí pasar la noche en Bojnurd. La siguiente ciudad Shirvan estaba a unos 65 kilómetros y llegaría prácticamente de noche, además resulta difícil y no aconsejable acampar. El paisaje, aunque montañoso, es prácticamente desértico y mi tienda se vería desde lejos, además las zonas fronterizas suelen ser las menos seguras de los países.
Al día siguiente, ya con mi bici arreglada, hice los 65 kilómetros hasta Shirvan. Entre subidas, bajadas, desierto y gentes que me pitaban desde su coche, otros que paraban para saludarme u otros que pararon y me regalaron unas naranjas. De vez en cuando, paraba a tomar un cai y a hablar con la gente, no va ser todo dar pedales ¿no? Llegué a Shirvan donde pasé otra noche. Allí lo pasé bien con Marmat, el dueño del hotel, bueno del hotel de la pensioncilla.
Dejé la bici y los bultos y salí a dar un garbeo por la cuidad, al verme Marmat, no dudó en cerrar el hotel y darme un paseo por la ciudad en su moto. Era gracioso y creo que surrealista las conversaciones con este iraní. Él no sabía nada de inglés no yo nada de farsi, así que imaginaros...
Creo que una cosa si que le entendí, que tenía 26 años, la verdad que ya me ha pasado mas veces con otros iraníes, son más jóvenes que yo y a mí me parecen mucho más mayores que yo.
A lo mejor es que yo me miro con muy buenos ojos, no lo sé, a pesar de mi barba desaliñada y de 2 meses que parezco más mayor que antes.
Al día siguiente tras pedalear unos 70 kilómetros llegue a Cuchan. Es esta ciudad a pesar de ser grande, no pude abrir mi correo y lo intente en varios coffe-net (ciber-café).
En esta ultima semana por Irán, desde que abandone Teherán, todas las ciudades por las que he pasado son muy parecidas entre sí. Situadas en zonas desérticas, sin ningún atractivo turístico, con calles rectangulares, en un par de calles se concentra todos los comercios y es lo que podríamos llamar centro. En este centro hay un sinfín
de comercios, de ropa, de ultramarinos, de fruta, de carne.....
Con casas no muy altas de dos o tres plantas y manzanas muy grandes, ya que Irán se construye hacia adentro, no hacia arriba ni hacia afuera. En cuanto sales de estas calles principales, por detrás de ellas, casas, callejuelas sin orden ni control.
Como he dicho, os escribo desde Bajgiran, que está situado en la misma frontera con Turkme, es un pueblo muy pequeño. Llegar hasta él ha sido duro, he salido temprano de Cuchan, ya que me esperaban 85 kilómetros y según me habían dicho y había visto en mi mapa tenía que subir dos puertos.
Al llegar a Bojgiran estaba realmente cansado. En estos 85 kilómetros no había prácticamente nada, sólo he pasado por dos o tres pueblitos muy pequeños. Por no haber, no había ni tráfico, porque normalmente las carreteras iraníes tienen mucho. Me cruzaba o me adelantaba con algún coche suelto y a ráfagas con camiones que venían de Turkmenistán, raro era el caminero que no me pitaba o me daba las luces o me saludaba con la mano.
El primer puerto lo he subido más o menos bien, en el paso había bastante nieve y hacía frío. El segundo puerto me ha resultado muy duro, situado a unos 60 kilómetros de mi salida, con unas rampas, según las señales, del 12 % que debo reconocer que los 2 últimos kilómetros me he bajado de la bici y he subido andando y empujando a mi compañera.
Mañana me levantaré temprano y cruzaré la frontera, con todos los trámites que se requieren al cruzar las fronteras: sellar el pasaporte en el país de salida en el de entrada, cambiar dinero, algún problema que surja. Mis próximas noticias ya serán desde Turkmenistán. Salud.