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Muñoveros-Dakar | por Carlos Zapatera Martín
foto Soy Carlos Zapatera, un Segoviano que aún conserva sus propios sueños e ilusiones y muchas ganas de aventura. Primero tuvisteis noticias mías de mi viaje en "bici" por "La Ruta de la Seda", después de mi viaje también en "bici" por los Andes. Ahora me enfrento a una nueva aventura y a un nuevo reto personal: "El Muñoveros-Dakar" , su propio nombre lo dice saldré de Muñoveros e intentaré llegar a Dakar la capital Senegal.
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domingo, 27 de abril de 2014

Hola amigos y lectores, como muchos de vosotros ya sabéis hace casi dos meses que regresé, con bien, a Muñoveros, terminando mi viaje en bici que me llevó de Muñoveros a Dakar pedaleando casi 6000 kms.

Durante el viaje por motivos de acceso a internet siempre recibías noticias mías con retraso, ahora, por diferentes motivos, la llegada a mi pueblo, el trabajo, si antes pedaleé 6000 kilómetros ahora tengo que desrroñar y preparar más de 5000 pinos para su resinación y, en fin, el ritmo de vida de aquí ha hecho  no haya escrito mi último artículo de cierre de mi viaje en  a Dakar en bici.

Recordando mi último post, me quedé contándoos la llegada a la ciudad de Tambacounda. Pasamos la ciudad y a pocos kilómetros acampamos. Al día siguiente más pedaleo y por casualidad, al lado de la carretera, en una explanada vimos mucha gente, era un mercado de ganado. Paramos y lo recorrimos; fue  verdaderamente interesante ver a unos con sus cabritas, a otros con sus ovejas o terneros, a otros con sus vacas, los puestos de comida…. Me hizo recordar, salvando las distancias, a cómo serían los mercados de ganado en España hace décadas de años y creo que bastantes décadas atrás.

Ese mismo día llegamos hasta las inmediaciones del Parque Natural Niokolo-Kola que está bordeado por el río Gambia. Como visitar el parque natural era muy caro, había que alquilar un 4 por 4, llevar guía, pagar alojamiento y entrada al parque, etc. decidimos no entrar pero por suerte encontramos a un paisano que nos ofreció, por un precio asequible, un paseo en una pequeña barca a motor por el río Gambia, frontera natural del parque. Recorrer este río en la barquita nos permitió cambiar totalmente el paisaje que llevábamos viendo bastantes días, seco, monótono y feo, por otro de frondoso verde, muy verde, y húmedo. Nos permitió también ver muchísimas aves de distintas clases y especies y ver muy de  cerca un grandísimo, un inmenso hipopótamo, ¡qué ilusión me hizo ver a este  enorme animal desde la pequeña barca a motor!... verle asomando la cabeza sobre el  agua, al rato verle sumergirse y desaparecer y a los 4 o 5 minutos volver a sacar la cabeza para respirar.

Después del paseo en barca, Enrico y yo nos despedimos, él continuaba hacia Guinea Conakry y yo,  bordeando el país de Gambia, hacia la región senegalesa de Cassamance.

Después de más de un mes viajando acompañado, primero de Carlos de Suecia, luego de éste y de Enrico de Argentina, me resultó triste la despedida. Pocas veces en mis viajes he tenido compañeros durante tanto tiempo y tan compenetrados, no era extraño que me entrara cierta tristeza, pero cuando de nuevo empecé a pedalear pronto me acostumbré  de nuevo a mi soledad compartida con mis pensamientos y vivencias.

En esta región, con problemas derivados de su aislamiento geográfico con el resto del país y Dakar, con problemas por la religión, allí muchos son cristianos y animistas cuando el resto del país son musulmanes, etc. surgieron grupos armados independentistas que a día de hoy están en paz. Lo que sí que hay hoy día son grupos de delincuentes armados  que, según me contaron, están financiados por los grandes empresarios extranjeros  dueños de los lujosos hoteles y de las empresas  de La Petite Cote, para evitar que el turismo no se desplace  a la zona de Cassamance, sin duda, y para mí, la región más bonita de Senegal.

En esta región pase más de 10 días recorriéndola en bici y descansando una semana en un pequeño pueblo costero con un gran encanto.

Hasta que en la capital de Cassamance cogí el ferry que en unas 15 horas me llevó de nuevo a Dakar. Este ferry es famoso porque no hace muchos años naufragó provocando casi 2000 muertos. En esta ocasión no ocurrió ningún percance.

Una vez llegado a Dakar vendí  mi compañera de fatigas de casi 4 meses, mi bici, y en avión regresé a España, dando por terminado mi viaje Muñoveros –Dakar, era el día 10 de marzo.

Salud y hasta otra ocasión.

viernes, 11 de abril de 2014

En Dakar pasamos dos días, los que tardaron Enrico y Carlos en solucionar los visados de los siguientes  países por los que van a pedalear, ya que, como os he dicho en otros post, quieren llegar hasta Sudáfrica.

Nos alojamos en un hotelito, lo más barato que encontramos, situado en un barrio cerca del centro, un barrio donde vive  gente acomodada.

Dakar es la capital de Senegal, país que según dicen sus datos y estadísticas es uno de los países más desarrollados y democráticos del África negra. Dakar  a mi  me pareció una ciudad bastante Europea y occidental con sus grandes calles  y avenidas por las que circulan multitud de vehículos, muchos de ellos nuevos y de gama alta y otros muy viejos, sus edificios, sus tiendas y restaurantes y también ¡cómo no! algunas espacios convertido todos  ellos en auténticos mercados.

En Dakar lo que más me llamó la atención es que  la gran cantidad de esos  niños de los que ya os he hablado y que he visto por todos los lugares que llevo recorrido en Senegal, esos niños de la lata como yo digo, esa lata de tomate con la que mendigan y en donde reciben su ración de comida, esos niños con sus cabezas rapadas, sus pies descalzos, su haraposas ropas…

Tanto me llamaba la atención que no tuve más remedio que enterarme del  por qué de esos niños, de su existencia y comportamiento. Son niños denominados talibes, generalmente huérfanos o entregados por sus familias a un morabito. Un morabito es un líder religioso o un maestro espiritual, musulmán, que tiene un inmenso poder social y político. Estos niños son entregados a este líder en régimen de internado para qué reciban una educación coránica. Pero por lo que vi yo y  según informes de diferentes organismos internacionales no se dedican a estudiar, no estudian nada, simplemente  se dedican a  mendigar limosna con   la cual enriquecen al morabito, muchos de estos  poseen grandes fortunas y tienen mucho dinero. Los niños  todos los días tienen que llevar a su “educador” una cantidad mínima de dinero  para tener derecho a la ración de comida,

Ver aquí en Dakar a estos talibes en número tan numeroso, si bien ya les había visto en otros lugares de Senegal, no dejó de impresionarme. Por la mañana se puede ver a cientos de estos niños pidiendo con sus latas dinero a los conductores de los coches y a los paseantes. Resulta un espectáculo, que pienso o por lo menos a mi me pasó, que por mucho que  vi a estos niños no me podían resultar  indiferentes y me daba mucho que pensar. ¿Cómo la gente puede consentir esto, ¿cómo pueden  auspiciar esta situación dando limosna a estos niños sabiendo donde va ese dinero? Su justificación, como ya he dicho, es que al ser huérfanos o niños no deseados por sus familias el morabito, el líder religioso, se encarga, en teoría, de ellos y de enseñarlos el Corán. Hay muchas cosas de este mundo que no entiendo y comprendo y su justificación, por parte de la gente que sí que las entiende, es siempre la religión.

En Dakar Enrico y yo nos despedimos de Carlos el sueco que tomó otro rumbo,  yo también me despedí de la ciudad  de Dakar a la que tendré que volver en unos 20 días para tomar el avión para regresar a España, ya que todavía dispongo de unos días  quiero aprovechar para conocer un poco el país, después de tantos kilómetros pedaleados para llegar.

Por eso Enrico y yo nos dirigimos hacia el este del país, hacia la ciudad de Tambacounda, para bordear el país de Gambia, situado dentro del país de Senegal. Esta extraña geografía de estos dos países, podéis mirarlo en un mapa, se debe al proceso de colonización y descolonización de África por parte de los países europeos, Senegal pertenecía a Francia y Gambia a Inglaterra.

Salir de Dakar nos costó un buen rato de pedaleo entre tráfico de todo tipo, camiones, autobuses, carros tirados por burros, coches… y mucho calor. Por fin lo conseguimos. Llegamos a la ciudad de Mbour, una ciudad costera y de entrada a la Petite Côte,  la zona más turística de Senegal, situada en esta zona y donde abundan los hoteles de lujo, spas, restaurantes y cuenta con sus atractivas playas. Como ni a Enrico ni a mí nos interesaba visitar esta zona, continuamos por la carretera que traíamos, la que va hacia Malí y hacia la ciudad más al este de Senegal Tambacounda.

Cuando llevamos recorridos más de 100 kilómetros, por un paisaje seco y feo, con mucho calor, cerca de los 40 grados, entre pueblos y gentes que iban de acá para allá, decidimos acampar. Por suerte encontramos una zona entre dos pueblos pequeños y sin mucha gente; acampamos bajo un gran baobab, ese árbol sagrado Senegal y no tener “espectadores” esa noche fue agradable.

Al día siguiente más pedaleo con  mucho calor, por un paisaje muy seco, con viento no muy fuerte pero siempre en contra. A esta zona la llaman la sabana pero es una sabana muy seca y más ahora que está terminando la época seca.

Pasamos por pueblos, donde ¡cómo no!,  aparecían por todos los lados los niños de la lata. En uno de ellos paramos y compramos un bocadillo o más bien un pan con dos huevos cocidos dentro de él; mientras  comíamos teníamos un montón de esos niños, no recuerdo si a Enrico o a mí se nos cayó un trocito de huevo al suelo, pero lo que sí  recuerdo es como se tiraron los niños a por ese trocito.

Dejamos la carretera principal, la que llevábamos, y cogimos una secundaria, para pasar por el parque natural Du Saloum situado en una zona de manglares y con vegetación verde aunque ésta pronto desapareció y otra vez de nuevo apareció la sabana. Tuvimos que coger un pequeño ferry para atravesar un gran manglar.

Así, entre calor, Sabana, pueblos, alguna ciudad grande, aldeas con sus casas de adobe y tejado de paja, con sus pozos para sacar agua, sus gentes y su  “kado”, “cadeau”, regalo, en 5 días de pedaleo y más de 500 kilómetros desde que salimos de Dakar, llegamos a la ciudad de Tambacounda sobre las 5 de la tarde y anochece a las 7, compramos provisiones, buscamos un locutorio par recibir y dar noticias a nuestras familias y seguimos pedaleando, dejando atrás la ciudad dirección Guinea Conakri  y el parque nacional de

 

Al día siguiente  más pedaleo por la sabana senegalesa

jueves, 20 de marzo de 2014

Cuaderno de Ruta: Parque Nacional Langue de Barbarie, Thies, Lago Rosa, Dakar, 260 kms.

Después de pasar unos días en Langue de Barbarie mis compañeros, Carlos de Suecia, Enrico de Argentina, y yo emprendimos rumbo a Dakar. Para atajar algunos  kilómetros y no tener que retroceder a la ciudad de Saint Louis hicimos el recorrido por unos caminos de arena durante unos 15 kilómetros hasta que llegamos a la carretera de Dakar.

Cuando llevábamos unas cuantas horas de pedaleo y bastantes kilómetros recorridos bajo un calor intenso de cerca de los 40 grados y con viento, aunque por suerte casi siempre no muy desfavorable, decidimos acampar. Como no encontrábamos un lugar   apropiado y aislado de gentes  y pueblos decidimos coger un pequeño camino que salía  al lado derecho de la carretera. Recorridos uno pocos metros por este camino parece que encontramos un buen lugar para pasar la noche y como cerca de allí,  a menos de 100 metros, divisamos unas casas, dejamos nuestras bicis y nos dirigimos hacia ellas. Saludamos a la gente que se encontraba cerca de las casas, les preguntamos, como pudimos, que si podíamos acampar, nos dijeron que sí, o eso entendimos nosotros por sus sonrisas y gestos  con la cabeza de arriba y abajo, aunque creo que ellos no nos entendieron nada de nada. Volvimos al lugar donde estaban nuestras bicis para empezar a montar las tiendas y comenzaron a llegar niños y niños,  salían de todos partes, nos miraban, se reían,  nos saludaban con el “salam malekum” y los más atrevidos nos daban la mano.

Lo he comentado más veces, me parece que son situaciones raras cuando están mirándote constantemente, cuando estás siendo observado, cuando todos tus gestos y movimientos están siendo controlados por los ojos de un montón de niños. Eso es lo que estaba ocurriendo y cuando ya teníamos montadas nuestras tiendas llegó una señora, digo señora pero la verdad que me resulta muy difícil calcular la edad a las personas de aquí, acompañada  de unas cuantas niñas y con un bebé en sus brazos. Nos saludó, nos miró uno a uno de arriba abajo y dijo kado, kado (cadeau, regalo) e insistió tanto con el kado, kado que la dimos un par de barras de pan. Entonces empezó con la mano a partir en pequeños trozos el pan y fue dando uno a uno, a todos los niños que allí había, un trocito de pan. Luego nos miró despacio a cada uno de nosotros. Con su mano y dedo índice me señaló a mí y después señaló hacia las casas cercanas en las que habíamos preguntado si podíamos acampar. Entendí que quería que me dirigiera hacia allí. Ella siguió repitiendo los gestos. Como la comunicación hablada era imposible, creo que sólo hablaba wólof, yo la hice un gesto como OK. Carlos y Enrico se quedaron donde teníamos nuestras tiendas y bicis. Caminé a la par con la señora y detrás de nosotros todos  los niños que eran de diferentes edades, desde los 2 años más o menos hasta los 10 o 12. Llegamos al lugar donde estaban  las 5 o 6 casas,  eran cuadradas de de no más de  seis metros de planta, de ladrillos de barro, con un tejado puntiagudo de paja y  sin electricidad ni agua corriente. Alrededor  había bastante gente de todas las edades, que me miraban y se reían.

jueves, 20 de marzo de 2014

Nos acercamos a una de esas casas, la señora abrió la puerta de madera, me hizo un gesto como que entrara hacia el interior de la casa, estaba oscuro, estaba anocheciendo y la casa no tenía ni una sola ventana. Miré a la señora, la hice un gesto como que no la entendía que me quería decir. Ella con gestos insistió en que pasara dentro. En el interior encendieron una pequeña luz procedente de una lamparita a pilas, esta luz me dejó ver entre sombras una cama grande que ocupaba gran parte de la casa de  una sola habitación, al lado de la cama estaba una niña, no creo que tuviera más de 14 o 15 años.

La señora, a la cual no había oído con anterioridad ni una sola palabra que yo pudiera comprender, dijo “married”, “married”, “Europa”, “Europa”, a la vez que juntaba sus dos dedos índices, los demás dedos cerrados en su mano. Mi sorpresa y asombro fue grande. Entendí, o  eso creo, que esta mujer quería que me casara con esa niña y me la llevará a Europa. Me encontraba más o menos en el dintel de la puerta, dije “married” no, “married” no,… retrocedí… y me dirigí hacia nuestro campamento donde había dejado a Carlos y Enrico. Estos al verme llegar, creo que notaron en mi cara una expresión de incredulidad, me preguntaron  que qué quería la señora, les conté lo ocurrido, no daban crédito a lo sucedido. Ya tranquilos y sin “espectadores” preparamos la cena, cenamos y dormimos.

 Al día siguiente de nuevo más pedaleo bajo un intenso calor, gentes por todos los lados, atravesando pueblos grandes y otros más pequeños. El paisaje, seco sin mucha vegetación pero de vez en cuando nos regalaba algún baobab solitario o algún bosque de este sagrado árbol para los senegaleses, árboles grandes, muy grandes y viejos, muy viejos ya que  algunos pueden alcanzar los 1000 años.

Llegamos a la ciudad de Thies, la segunda en población de Senegal, paramos comimos arroz, esta vez con unos pequeñitos trocitos de carne, por 600 CFA, al cambio más o menos 1 euro. Después descansamos a la sombra de unos árboles en la plaza central de la ciudad. A continuación continuamos nuestro pedaleo bajo mucho tráfico, era la carretera que va a Dakar, y mucho calor. Dejamos esta carretera y nos desviamos hacia un pueblo que según mi mapa nos llevaba al famoso Lago Rosa. Se terminó el asfalto y  empezó la arena que a veces nos hizo bajarnos de nuestras bicis y empujarlas. Tuvimos que preguntar a la gente, que nos miraban extrañados, para poder llegar al lago. Por fin  llegamos al Lago Rosa llegando por su lado oeste; generalmente los tour de turistas, procedentes de Dakar, llegan por el lado este por una carretera  asfaltada.

 Me desilusionó este famoso lago, allí terminaba el Paris Dakar, ya que no es rosa, este color lo perdió hace unos 4 años, ni tampoco es un lugar especialmente bonito, lo único destacable es que su agua tiene una altísima cantidad de sal solo comparable con la salinidad de las aguas del Mar Rojo.

Acampamos a la orilla del lago. Al día siguiente más pedaleo y… llegamos a Dakar, era el día 14 de febrero. La entrada a esta gran ciudad de cerca de 4 millones de habitantes fue curiosa. Dakar, con su situación en una península, es el lugar más al oeste del continente africano y solo tiene una carreta de entrada y salida. Nosotros desde el Lago Rosa entramos por el norte de la ciudad cruzando pueblos ya engullidos por la ciudad y donde no se sabe donde empieza uno y termina otro, entramos en la ciudad entre carros tirados por burros, bicicletas, pequeños autobuses urbanos y mucha gente  por todas las calles y pareciendo toda la ciudad un mercado que nunca terminaba. Así que ya he llegado a Dakar, objetivo de mi viaje,  después de 4800 kms y casi tres meses desde que salí de mi casa en Muñoveros. Pero mi viaje en bici continúa.

Salud.

 

jueves, 6 de marzo de 2014

Cuaderno de ruta: Saint Louis, Parque natural Langue de  Barbarie,  25 kms.

Tras cruzar la frontera pedaleamos unos 25 kms  y llegamos a la ciudad de Saint Louis,  ya sí que puedo decir que he llegado al África negra, También a un nuevo país, Senegal, con lo que ello conlleva, una nueva moneda, una nueva cultura, un nuevo idioma, ahora es el wólof, aunque al igual que en los países anteriores el francés es una de las  lenguas oficiales y administrativa.

Saint Louis es una ciudad colonial con mucha historia, primera ciudad africana fundada por los europeos y patrimonio de la humanidad desde el año 2000. A partir del siglo XVII gentes de la Normandía francesa llegaron y se establecieron en esta zona fundando la ciudad,  más tarde fue punto de partida de las expediciones coloniales y del comercio con América, también fue lugar de salida de la goma arábiga, obtenida de las acacias senegalesas así como del comercio de esclavos.

 

Según nos íbamos acercando a la ciudad me iba llamando la atención muchas cosas y es que es la primera vez que estoy en un país del África negra. Me sorprendía y mostraba curiosidad por la gente, sobre todo por las mujeres con sus bonitos y coloridos vestidos, y por el cómo  nos saludaban con el “bonjour” o el “salam malecom” o con el  “sava”  y por el cómo se ríen,  al vernos pasar en nuestras bicis, con sus grandes y blancos dientes.

Cruzamos con nuestras bicis la zona del mercado, llegamos al famoso puente metálico de Faidherbe, construido por Eiffel de 507 metros de longitud y es que Saint Louis, lo que es su centro histórico, está situado en una isla de forma rectangular de 2 kms de larga por 400 metros de ancha unida a la tierra por ese puente. Por otro puente no tan largo ni famoso está unido a una larga lengua de arena, una isla situada en el río Senegal,  en su desembocadura, rodeada de  agua salada por el contacto con el agua del  mar.

Cuando terminamos de recorrer ese puente al  entrar propiamente en la ciudad vinieron unas cuantas personas a ofrecernos alojamiento, les dijimos que no. A continuación buscamos y preguntamos en varias pensiones. Las noticias que tenía y teníamos  sobre los alojamientos en Senegal y África se hacían ciertos, siempre he escuchado a mucha gente que el dormir es muy caro y cierto, así es, el precio es similar a Europa pero la calidad muy inferior así que nos volvimos de nuevo al lugar  en la entrada de la ciudad antigua en el que anteriormente nos habían ofrecido alojamiento y  en una casa particular  nos ofertaron una habitación para los tres ciclistas por 12000 cefas la primera noche y a partir de la segunda 10000 cefas. El CFA, franco común en varios países africanos al que aquí llaman cefas está al cambio 1 euro 650 cefas. Al final en torno a unos 6 euros por cabeza y noche.

La habitación, eso sí, estaba en el centro de la ciudad  pero era un lugar donde solo cabían tres camas y apretadas y con un baño compartido y a la que se accedía por un patio central en obras y  sin acabar donde aún se amontonaban sacos de escombros; allí pasamos tres noches.

Pasear por la calles de esta ciudad tiene su encanto o yo por lo menos se lo encontré, con esos bonitos edificios coloniales de fachadas de cal, de doble tejado de barro, con balcones de madera y barandillas de hierro forjado, medio en ruinas y  muy deteriorados,  algunos están rehabilitados, con sus gentes sonrientes, sus niños jugando en la calle, la mayoría de ellas sin asfaltar, sobre todo jugando al fútbol, con sus ovejas por el centro de la ciudad, con el ir y venir de sus gentes, con sus tiendas....

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