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Limbo lento desde Ginebra | por José  De Mesa
foto Son ya quince años lejos de Segovia, del Caserío, de Torrecaballeros, de mis raíces, aunque ahí están, ahí siguen y aún me alimentan. Mis raíces son el viento en la cara, una partida perdida de mus y la teja “panzarriba”.
Son ya quince años montado en mis alas. Mis alas me llevaron cinco años a Bruselas, uno año mas al norte de Inglaterra, casi en escocia, 12 meses a un pueblito perdido de la Normandía francesa, otro año a Washington State, USA, y los últimos 14 últimos años a trabajar como funcionario internacional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuatro años en México D.F., tres en Panamá City, seis en Nairobi, corazón de África (o uno de sus corazones) y escribo ahora desde Ginebra, corazón de Europa (o uno de sus corazones).
Y entre mis raíces y mis alas, estoy yo, haciendo largos, rezumando de todo y esparciéndolo en este blog
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martes, 12 de abril de 2016

Sugiero de manera encarecida leáis la exhortación apostólica sobre la familia que recientemente ha publicado el Papa y que está disponible en internet. No se trata obviamente de dogma de fe pero si es el resultado de las deliberaciones de todos los obispos del mundo en esta materia, y por tanto una definitiva guía para los cristianos y para todo el que quiera acercarse a ella.

 

Si le dedicamos tiempo a los sanos pasatiempos que son periódicos, bares, charlas de temas superfluos y tantos otros asuntos, que por otro lado nos distraen de lo esencial, tanto más nos será útil leer, meditar y dejarse iluminar por este texto que ha sido preparado y redactado tras largos periodos de oración e influenciado por el Espíritu Santo.

Debe ser leída y meditada con ánimo de aprender, desde la humildad y viendo cómo afecta a cada una de nuestras vidas. Si vemos en ella nuevas formas de vivir, la exhortación habrá sido útil.

En nuestro caso y en nuestras charlas, puede ser un instrumento esencial, pues si apartamos a Dios, a la Iglesia, la Fe, de nuestra vida simplemente estamos renunciando a lo más básico de nuestra existencia y estamos deliberadamente eligiendo el camino que nos lleva a ninguna parte. Si peleamos y luchamos por defender nuestra razón, sin pararnos a pensar cual es la razón de Dios estaremos asegurando el fracaso.

Si seguimos nuestra vía, nuestra idea, nuestros argumentos, sin meditar cuales son las vías, las ideas y los caminos que Dios tiene pensados para nosotros, nos separaremos más los unos de los otros de lo que nos acercaremos, pues Dios es Unidad, y fuera de Dios solo hay división.

Se tocan asuntos, machacados ya en otros medios, como son las relaciones conyugales, pero desde un punto de vista humano. Sin interés más allá que el bien de la persona. Se tocan otros temas sobre los que prácticamente no hay literatura ni estudios al respecto como son la relación entre hermanos, o “la familia ampliada”.

Nos encontrareis novedades dogmáticos, es pura tradición eclesial. Se trata más bien de homologar y modernizar el lenguaje con el que se tratan los temas actuales. Nada nuevo. La Iglesia que no acogía, sino que rechazaba o condenaba al homosexual o al divorciado, no era Iglesia ni antes ni ahora. Nada nuevo. La riqueza de siempre.

La decisión es nuestra, "bussiness as usual" o Su Camino.

martes, 5 de abril de 2016

 

Nací, hijo de campesinos, en pleno altiplano boliviano. Es tan pobre mi cuna que mis dos abuelas nunca usaron zapatos. A los nueve años abusaron de mí y sentí lo que nunca debí haber sentido. A los 10 años tuve que presenciar como abusaban de mi hermano. Lo primero me partió el corazón, lo segundo me partió el alma. Ese día satanás me agarró de la mano.

Con dieciséis años hui del dolor a Cartagena de Indias, luego a París sin saber francés, y luego a Nueva York sin saber inglés. Durante décadas, fume, bebí, me drogué, trafiqué con drogas, extorsioné, abusé y hasta maté. Durante décadas abusaron de mí y casi me mataron. Hice cosas, me hicieron cosas, e hice hacer cosas que solo pueden suceder en las mismísimas puertas del infierno. Me había convertido en el rey del mundo.

Durante aquellos años adopté una extraña costumbre. En cada sitio donde me asentaba, y probablemente porque la muerte me acechaba en cada esquina, lo primero que hacía era buscar un lugar apropiado para cavar mi propia tumba, ese lugar adecuado donde quería ser enterrado en caso de morir. Y una vez cavada de mi propia mano, me sentaba y la contemplaba mientras apuraba un cigarrillo.

Un día inolvidable, el 19 de mayo de 1992 a las 3 de la mañana, caminaba borracho por la Rue de la Paix de París. La calle estaba mojada pero no llovía. Frente al número 20 vi en el suelo una estampa de la Virgen. Me agaché a mirar y sin querer me arrodillé y dije “Madre Mia Sálvame”. En ese momento sentí como satanás soltaba mi mano y la tomaba una mujer, y una voz también femenina susurró en lo más profundo de mi alma “Ese vacío solo puedo llenarlo yo”. Y Juan Cruzado que llevaba desde los nueve años sin llorar, casi se ahoga en sus propias lágrimas. Después la mano fue llevada suavemente a otra mano, esta vez de hombre, que la apretó con fuerza. Y de nuevo oí un susurro varonil en el mismo lugar que el anterior. “Te estaba esperando”. Sentí entonces un inmenso abrazo de amor que envolvía mis llagas y cómo mi cuerpo se enterraba profundamente y luego volvía a emerger de lo profundo de la tierra.

Sin saber si habían pasado unos segundos o varios días me encontré tendido en el suelo en el mismo lugar y completamente sobrio cuando, la borrachera de drogas y alcohol solía durar hasta el amanecer. La sanación duró otras dos décadas. Pude sanar, no sin esfuerzo, mi bulimia, mi carácter endiabladamente violento, mi anorexia, mi alcoholismo, mi cleptomanía y tantas otras enfermedades que me tenían preso. A día de hoy solo el sida y una hepatitis C, que se han vuelto crónicas, me recuerdan al hombre viejo. Yo, Lázaro María, como me llamo ahora, soy testigo de un Cristo vivo.

Durante toda mi vida me he preguntado por qué a mí me tocó vivir una vida tan singular, pero ahora lo sé. Llevo un mensaje que debo proclamar. Yo sé que no moriré. Cristo, esta vez glorificado, llegará de nuevo para “juzgar a los pocos vivos que queden y a todos los muertos desde el principio de los tiempos”. Esa llegada que se producirá antes de que yo muera, y entro lentamente en mis años de ancianidad, vendrá precedida de algunos signos que ya han sido anunciados. El más claro quizá sea el de una Iglesia casi desaparecida, desvirtuada, no practicante. Donde los pocos que permanezcan fieles serán perseguidos sino masacrados. Los que permanezcan en la Verdad sin ser engañados, serán como cirios inapagables en medio de la tempestead y luz para los que están perdidos.

lunes, 21 de marzo de 2016

Y si la búsqueda de la incomodidad fuera la clave de la felicidad?. Arrodillarse en vez de sentarse, dejar esa chinita que se coló en el zapato un rato más, aceptar una agresión sin responder o dejar un juicio injusto sin excusa, elegir la fruta pasada, no repetir un segundo plato, detener la película y rezar por un rato, todo ello es en definitiva ir localmente y sin argumentos a contracorriente de una naturaleza que empuja hacia lo cómodo.

El que busca la comodidad esta permanentemente disconforme, pues cuando la encuentra necesita más y cuando no la encuentra se frustra, mientras que el que activamente busca la incomodidad se alegra cuando la encuentra y sin embargo sabe aceptar gratuitamente con gozo cuando la comodidad se le cuela en el camino. A este respecto recordaría la simpática escena protagonizada por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Ambos cenaban invitados en casa de un gran señor y fueron servidos perdiz. San Juan de la Cruz se contrarió al recibir dicho manjar ya que rompería su riguroso ayuno, sin embargo la Santa de Ávila, mucho más práctica, y que le había leído el pensamiento, le dio con el codo y le dijo: Juan, a comer!. Cuando perdiz, perdiz!.

La incomodidad no es tan incómoda como parece, además uno se adapta rápidamente a ella, desapareciendo su amargor con sorprendente agilidad. La conciencia y aceptación de la incomodidad ayuda a descentrarse de uno mismo, y tomarse con menos seriedad, quitándose importancia y tomando una sana distancia tanto de los éxitos como de los fracasos.  

Dejarle el asiento a una viejecita en el autobús es incómodo pero gratificante, misma gratificación, en esencia, es la que se replica en el alma al dejarle a Dios el volante de tu destino. En un primer momento ese salto al vacío produce miedo y desconcierto que derivarán necesariamente hacia situaciones surrealistas e incómodas. La gratificación podrá saborearse más tarde.  

Los aventureros de antes y de ahora, esos que arriesgan su comodidad por un futuro incierto saben bien a lo que me refiero, pues hay que ser aventurero para montarse en el carro de la fe. Rezar el Credo es fácil, vivir el Credo, no tanto.

La incomodidad y mi gran amigo el fracaso son primos hermanos, pues el éxito, ese gran farsante, va rodeado siempre de comodidad extrema y lo que es peor va acompañado de una infinita separación del necesitado.  

Parece demostrado que un Síndrome de Down tiene mayor capacidad, que alguien que no lo es, de llevar la felicidad profunda y duradera a los que les rodean. Sería bueno creo revisar algunos parámetros de la sociedad actual, aunque debido a los signos de los tiempos que ya nos llegan, no sé yo si nos dará tiempo a cambiar algo.

lunes, 14 de marzo de 2016

El ayuno es la bandera de los elegidos. No faltan ocasiones en lo que Jesús lo recomienda en los evangelios. Era práctica bien arraigada entre los judíos (y entre los gentiles) y lo es aún entre los miembros de casi todas las religiones excepto la Católica. Nuestros hermanos musulmanes son un ejemplo sin duda a seguir en este tema. La práctica judía concretaba el ayuno a “pan y agua los días cuarto y sexto” (o sea miércoles y viernes). Recordemos que la Última Cena fue celebrada un jueves, día en quedó instaurada la Eucaristía. Ese era el ayuno que, como judío, hacia Jesús.

Desde entonces a golpe de Concilio las recomendaciones de la iglesia se han ido relajando hasta que en la actualidad al respecto manda "ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia". ¿Y cuándo lo manda la Iglesia?, “Son días de abstinencia y ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo (c. 1251).  No obstante "la conferencia episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia," (c. 1253).

Es decir que la Iglesia manda ayunar únicamente dos días al año y la forma de ayuno será determinada con más detalle por cada Conferencia Episcopal.  La Conferencia Episcopal española en cuanto al ayuno dice: “consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos”.

En definitivas cuentas, podemos estar tranquilos, el ayuno no existe para los católicos, porque hacer dos veces al año “una comida al día sin prohibición de tomar algo de alimento a la mañana y a la noche” eso no parece ayuno alguno. Cierto que esto es el mínimo, pero un mínimo que quien cumple?. A relajarnos todos! Cumplimos las normas!. Se nos olvidó la renuncia.

Lástima, porque Jesús, como digo, lo practica y recomienda vivamente. Y quien lo ha practicado, que son casi todos los santos, también lo recomienda. En la actualidad no conozco personalmente a más de un puñado personas que lo practiquen con rigurosidad.  Es una pena por tanto que ni tu ni yo vayamos a comprobar nunca, la combinación explosiva que supone el ayuno y la oración.

Cuando ayunar era lo normal se decía: “Cuando ayunéis, no pongáis un semblante como los hipócritas, porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas” (Mateo 6:16–18). A día de hoy si alguien decidiera estar sin comer un solo día se le tomaría por loco, y Jesús, en estos días propondría seguramente lo contrario, contarlo y dar testimonio.

martes, 23 de febrero de 2016

Evangelio – Domingo 13 de Marzo, 2016

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida cuando entró en la Capilla de la Complutense y desnudándose gritó “menos rosarios y más bolas chinas” y también dijo “arderéis como en el 36”, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante pecado. La ley nos manda apedrear a las que han cometido esos pecados; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Rita, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Rita contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

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