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Limbo lento desde Nairobi | por José  De Mesa
foto Son ya quince años lejos de Segovia, del Caserío, de Torrecaballeros, de mis raíces, aunque ahí están, ahí siguen y aun me alimentan. Mis raíces son el viento en la cara, una partida perdida de mus y la teja “panzarriba”.
Son ya quince años montado en mis alas. Mis alas me llevaron cinco años a Bruselas, uno año mas al norte de Inglaterra, casi en escocia, 12 meses a un pueblito perdido de la Normandía francesa, otro año a Washington State, USA, y los últimos 7 últimos años a trabajar como funcionario internacional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 4 años en México D.F., 3 en Panamá City y ahora en Nairobi, corazón de África (o uno de sus corazones).
Y entre mis raíces y mis alas, estoy yo, haciendo largos, rezumando de todo y esparciéndolo en este blog
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jueves, 11 de diciembre de 2014

Datos objetivos: el 2014 será pronto oficialmente declarado el año más caluroso jamás registrado. Eso será mientras hacemos la digestión de la comilona de fin de año. De momento tenemos los datos de los 10 primeros meses del año,  pero si la tendencia sigue así, así será. Son datos objetivos, repito. Los precedentes años más calurosos de la historia registrada fueron 2010, 2005 y 1998.

 

Son el calentamiento global y la defensa del medio ambiente una nueva religión?. Algo que unos pocos imponen, sin pruebas? Un oscuro negocio escondido tras unas cuantas reuniones multilaterales?. Eso parece por lo expuesto por los escépticos y por los negacioncitas del asunto. Pues la respuesta dependerá de lo que entendamos por religión.

 

La religión implica fe, es decir, creer sin ver, creer sin confirmaciones fáciles de los fundamentos de la creencia. Eso es muy diferente de las técnicas usadas por el proteccionista ambiental y denunciante del cambio climático. Porque los hechos son claros. 4 de los años más calurosos de la historia (desde que se tienen registros) han tenido lugar en los últimos 15 años (desde 1998). Entonces una de dos, o es una casualidad o es que el planeta se está calentando de verdad, y además rápidamente.  

 

Lo que sucede es que el personal no se lo cree, aunque haya muestras ciertas. Y ahí es donde se recurre al “creer sin ver”, pues, como en la religión, hay ciegos de espíritu.

No ver lo que está sucediendo supone no vivir en la realidad, sino en una especie de ficción cinematográfica donde lo que más importa es la hora en la que acaba la jornada laboral (para el que tiene jornada laboral) y llega el rato de la cerveza con los colegones. Desde luego que si te miras el ombligo, no puedes ver lo que pasa ahí fuera.

 

La defensa del medio ambiente no es por tanto una religión, aunque estas, todas las grandes religiones, sí defienden el medioambiente como bien sagrado. Abundan ejemplos, incluso de nuestro querido Papa Francisco y abundan referencias en internet, por lo que me has ahorro en este espacio.

 

Hablando de religión, el Papa Francisco lleva meses trabajando en una nueva encíclica sobre la creación y el medio ambiente y posiblemente a primeros del año 2015 podría salir a la luz. Este Papa, que ya ha dado muestras de hablar claro, y de temas sensibles, bien puede convertirse en el Papa de la protección del medioambiente. Bien podría devolver, por fin, a la categoría de lo sagrado, de lo católicamente relevante, el problema medioambiental. Veremos.

 

Francisco eligió su nombre por San Francisco de Asís, a quien se le atribuye el milagro de hablar con las aves. Además en su primera homilía como Pontífice dijo textualmente: "Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios de la Creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de la destrucción y de muerte acompañen este mundo nuestro".

 

 

 

El día 5 de Junio de 2013, día internacional del medioambiente, Francisco se hizo las siguientes preguntas: ”¿Qué quiere decir cultivar y custodiar la tierra? ¿Estamos verdaderamente cultivando y custodiando la creación? ¿O bien la estamos explotando y descuidando?” y contestaba: “Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos”.

 

Así es señores, porque pobreza y medioambiente están irremediablemente ligados. El deterioro ambiental nos lleva necesariamente a la pobreza y viceversa.

 

Acaba hoy la Cumbre del clima en Lima. Los resultados nos llevan por un camino lento pero seguro hacia la cumbre de París en diciembre del 2015 donde se pretende que los países firmen un acuerdo vinculante que comprometa a reducciones de emisiones de CO2 más allá de los compromisos del Protocolo de Kioto. Esta bola proteccionista ambiental rueda ya pendiente abajo, y más le vale a España, subirse ya al carro, pues estamos a tiempo y empezar a defender con la boca grande el ambiente. 

sábado, 29 de noviembre de 2014

El lunes 1 de Diciembre empieza en Lima, Perú, la vigésima cumbre mundial sobre el Cambio climático, la llamada COP20. Durante dos semanas oiréis hablar del calentamiento global. Escucha siempre con la idea, de que tú no eres responsable, pero si puedes ser la solución.

El problema del Cambio Climático ha caído también en las garras de la politización. Parece que aquél que se cree que la tierra está sufriendo un cambio climático es o debe ser un tanto izquierdoso. Si encima uno defiende que ese cambio está provocado por la acción humana, entonces las dudas sobre el rojerío del sujeto desaparecen y su militancia comunista-ecologista se da por cierta. Pero si además alzamos la voz y decimos que todavía estamos a tiempo de revertir esa inercia destructora, entonces la sandía (rojo por dentro verde por fuera) se convierte en una sandía pelmazo.

Pues bien, querido lector, toca creérselo porque así es.  Uno: hay cambio climático (aumento gradual de las temperaturas medias y sus efectos). Dos: ese cambio está provocado por el hombre. Y Tres: aún estamos a tiempo de arreglarlo si actuamos con urgencia.  Estos son las tres claves que se desprenden del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en ingles), máximo órgano competente en la materia. Competente para los crédulos claro. Ya no hace falta que te leas el informe. De nada.

Las encuestas nos indican que cerca del 90% de los expertos ambientalistas y científicos a nivel mundial sí creen que el Cambio Climático se está produciendo. Casi la misma proporción apoya la tesis de que la causa es el hombre. Esos porcentajes se reducen dramáticamente cuando los encuestados son agricultores y otra gente normal. Solamente la mitad de ellos, el 50%, admite que existe cambio climático y de ellos únicamente un 8% cree que se debe a efectos humanos.

  • O sea que sí, que el mundo se calienta, pero no por mi culpa. Dice Tomás, en una pausa de la cosecha de patatas; sin saber que la agricultura, es uno de los sectores que más CO2 emite. Tomás no es responsable del aumento de la temperatura del planeta, pero ignora que puede solucionarlo.

De la misma manera que para no hacer el mal, simplemente basta con no querer hacerlo; para convertirse en un líder mundial de la lucha contra cambio climático basta con creérselo. Una vez asumido, creído, pronto surgirán aquellos hábitos, que por cierto eran los de nuestros abuelos. Antes no se desperdiciaba hasta el 50% de los alimentos (cifra real, no inventada, para el mundo desarrollado), antes se comía, pero no en exceso; antes se lavaba con una cantidad racional de agua, antes se calentaba el hogar, pero a la vez andaba uno abrigado. Tiempos en los que la mesura y sentido común abundaban y desde luego que no se era más infeliz que ahora. Tiempos en los que el futuro no estaba secuestrado por los hábitos humanos porque la harmonía con la naturaleza primaba frente al consumo y la producción insostenibles.

Créetelo y cuéntalo. Tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumo. Los demás te tomarán por izquierdoso. Si lo eres fenomenal. Y si no lo eres cuélgate del retrovisor interior del coche una cinta con la bandera de España y punto, dudas despejadas.

sábado, 11 de octubre de 2014

El río Ebola, ajeno al pánico que su nombre despierta, transcurre suave, lentísimo, por tierras de la actual Republica Democrática del Congo. Un poco más al este, desde Monrovia (Liberia) me escribe Ángel, a quien conocí hace unos meses en Medjugorje (Bosnia), y me cuenta que allí el Ebola sí significa pánico. Un poco más al norte, en Madrid, la gente se organiza para salvar la vida a un perro, y un poco más acá, en Nairobi, ha dejado de llegar el turismo por miedo al contagio.

Hay unos barracones en Monrovia que forman el mal llamado hospital de Elwa. Digo mal llamado porque no hay quirófanos, ni médicos ni siquiera colchones. En Elwa, lo siento hay que contarlo, en Elwa hacinan a los infectados, familias enteras de futuros muertos, los aíslan, los separan del mundo para que se mueran entre heces y más muertos. Nadie sale de allí. Si alguien consigue escapar o lo empujan dentro o lo disparan. Les arrojan comida una vez al día.

Cuando estalló  la crisis, los primeros en irse de Liberia: Adivina!? los cooperantes y las ONGs, un poco más tarde los que tenían algo que perder es decir los empresarios extranjeros, luego las siete familias pudientes que ven ahora morir a sus compatriotas en la tele de una lujosa mansión de Miami. A los ricos no hay que aislarlos, ya se aíslan solos.

Y quien queda?: los Misioneros (me dan ganas de decir los Misioneros españoles, pero no, no son solo españoles), quedan también los pobres y también Ángel, que sin tener porque sigue allí y escribe y ayuda.

Pero en ese infierno de Elwa, donde un niño permanece aún vivo debajo de su padre muerto, también vive Dios. Ángel se llevó unos cuantos Rosarios de Medjugorje, consiguió entregar 4 a otros tantos enfermos, y esos cuatro se han curado.

Está demostrado estadísticamente que este milagro solo se lo creerá 1 de cada 10 lectores, otro se quedará pensativo mirando a las musarañas y los 8 restantes pasarán de largo. Pero yo no puedo entrar en los corazones de la gente y lo que es es.

Aquí en Nairobi, mi amigo Nida, ese negro con facciones indias, o mejor, ese indio de color negro, descendiente directo de los esclavos que construyeron la vía férrea Mombasa Nairobi, está ocioso. Es mecánico y trabaja para una agencia de viajes española que lleva turistas de safari.

  • Casi no llega nadie! tienen miedo al contagio!. Me susurra al oído y me mira de reojo con su media sonrisa puesta mientras juntos vemos la tele, la cadena internacional de TVE. En Kenia no hay ni un solo caso de Ebola. Los españoles tienen miedo de venir y el Gobierno keniano está a punto de no firmar visados a ciudadanos españoles por los casos aparecidos en Madrid. El mundo al verres vaya!.

 

Mientras los políticos se pegan, en Madrid, Teresa, la auxiliar de enfermería contagiada, recibe suero proveniente de una de las supervivientes, La hermana Felicitas, curada por el Rosario de Medjugorje.

 

En Liberia, el Gobierno se atrinchera para repartirse el botín. Empieza a llegar el ansiado apoyo internacional pero los que mandan lo tienen ya todo listo. Ya le han puesto precio de reventa a la comida, a los utensilios médicos y hasta a la sangre. Todo se revende a los que pueden pagar y todo se les niega a los que no pueden pagar para seguir viviendo. Solo lo que lleva Ángel, lo reunido por unos cuantos amigos, llega a los enfermos.

 

Mombasa, Monrovia, Madrid, Medjugorje, María; el polígono de las emes que me tiene perplejo. Como si de ese cuadro fuera a salir en cualquier momento la clave que explique los signos de los tiempos.

 

Y el río Ebola, que avanza tranquilo y ajeno, roza en uno de sus meandros la aldea de Yambuku, esa que en 1976 meció, sin saberlo, el primer caso declarado de Ebola.

lunes, 25 de agosto de 2014

Cuando llevas veinte años viviendo en el exterior, venir a España es como volver a la corrala.

En la corrala se vive en los pasillos, que son comunes. Allí se cuentan, a gritos, las miserias. Nadie escucha a nadie, pero se grita. Tu problema, pequeño o grande debe ser anunciado a bombo y platillo, y sobretodo no debes escuchar a los demás porque entonces no te quedaría tiempo para nada.

  • Hola Vicente, que alegría verte!, que tal te va?
  • Bien, bien. María, Ahí seguimos, sin sobresaltos.

Vicente ha dudado un instante y no se ha decidido a contar su problema y cuando por fin lo hace María  trota ya escalera abajo, como quien huye del ebola.

Cuando alguien que viene de fuera entra en la corrala se produce un nuevo silencio, como de sorpresa. Pero nada cambia, es como cuando se abre la puerta de la estufa para meter un tronco nuevo. En el fondo es más oxigeno lo que ha entrado y ese nuevo tronco ardera con rabia, como si llevara en ese horno toda la vida.

En la corrala no te pares a mirar, a escuchar, porque te arrollan, es como cruzar una calle que nunca se acaba. La corrala te chupa y te consume.

Pero lo peor sucede durante la noche, cuando las luces se apagan y todos entran en sus cuartos. Allí, en la soledad y el silencio es donde se producen los grandes crímenes humanos. Allí donde solo Dios y el inquilino caben, se reviven una y otra vez las pasiones más salvajes y esos actos de amor indescriptiblemente santos y que son verdaderos milagros y que son tesoros en el cielo.

Solo al amanecer, cuando los balcones de la corrala siguen vacíos, cuando la claridad, tímida se deja percibir; solo en ese momento se oye el silencio y se respira libertad.

El sabio es el que sabe esperar, pero para sobrevivir en la corrala hay que percatarse también de esa rama verde de chopo que se ha abierto camino en una grita, y que ajena a todo ruido, apunta hacia Dios.

También en la corrala, la esperanza es lo último que se pierde.

jueves, 05 de diciembre de 2013

El 10% de mujeres en edad sexual activa reconocen (de forma anónima) haber consultado su móvil durante el acto sexual, es decir antes de acabar.  El porcentaje desciende dramáticamente en el caso de hombres igualmente activos. Sin embargo la adicción a internet no es cuestión de sexos ni de sexo.

No tengo cuenta en Facebook y me siento raro. Como inexistente. La presión para posicionarse en las redes sociales es grande. Te hacen creer que si no te apuntas, estarás anticuado, sufrirás el silenciamiento social y no podrás desempeñar tus funciones relacionales básicas de forma mínimamente efectiva.

Cuando lo cierto es que “lo sociable” es inherente a la persona y radica en la voluntad propia de serlo o en la habilidad para ejercerlo y no en las herramientas en sí, que son un medio pero no un fin. En otras palabras uno no está más conectado por enviar más twits, o tener más “@amigos” (ja!!) en Facebook, sino que “se conecta” en la medida que se abre, se sincera, se transparenta a los demás.

La herramienta social es a la persona, como la última crema de clinic es a la nariz: pura cosmética. Le quitas la crema a la nariz y ves la verdad. Le quitas Instagram al fotógrafo y queda la persona, que es mucho más interesante. Por cierto, prefiero verte a ti que ver tu cuenta de linkedin.

El límite lo pongo sin embargo en el correo electrónico, herramienta básica y necesaria para vivir. Cuento con un amigo, uno sólo, sexualmente activo (o sea que no es un bebé), que no tiene email. Le he preguntado muchas veces cómo hace para sobrevivir. Se encoje de hombros y le sirve de respuesta. Le basta con el móvil. Lucky you!.  

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