El Adelantado de Segovia
Segovia, jueves 30-10-2014 h.

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Limbo lento desde Nairobi | por José  De Mesa
foto Son ya quince años lejos de Segovia, del Caserío, de Torrecaballeros, de mis raíces, aunque ahí están, ahí siguen y aun me alimentan. Mis raíces son el viento en la cara, una partida perdida de mus y la teja “panzarriba”.
Son ya quince años montado en mis alas. Mis alas me llevaron cinco años a Bruselas, uno año mas al norte de Inglaterra, casi en escocia, 12 meses a un pueblito perdido de la Normandía francesa, otro año a Washington State, USA, y los últimos 7 últimos años a trabajar como funcionario internacional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 4 años en México D.F., 3 en Panamá City y ahora en Nairobi, corazón de África (o uno de sus corazones).
Y entre mis raíces y mis alas, estoy yo, haciendo largos, rezumando de todo y esparciéndolo en este blog
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sábado, 11 de octubre de 2014

El río Ebola, ajeno al pánico que su nombre despierta, transcurre suave, lentísimo, por tierras de la actual Republica Democrática del Congo. Un poco más al este, desde Monrovia (Liberia) me escribe Ángel, a quien conocí hace unos meses en Medjugorje (Bosnia), y me cuenta que allí el Ebola sí significa pánico. Un poco más al norte, en Madrid, la gente se organiza para salvar la vida a un perro, y un poco más acá, en Nairobi, ha dejado de llegar el turismo por miedo al contagio.

Hay unos barracones en Monrovia que forman el mal llamado hospital de Elwa. Digo mal llamado porque no hay quirófanos, ni médicos ni siquiera colchones. En Elwa, lo siento hay que contarlo, en Elwa hacinan a los infectados, familias enteras de futuros muertos, los aíslan, los separan del mundo para que se mueran entre heces y más muertos. Nadie sale de allí. Si alguien consigue escapar o lo empujan dentro o lo disparan. Les arrojan comida una vez al día.

Cuando estalló  la crisis, los primeros en irse de Liberia: Adivina!? los cooperantes y las ONGs, un poco más tarde los que tenían algo que perder es decir los empresarios extranjeros, luego las siete familias pudientes que ven ahora morir a sus compatriotas en la tele de una lujosa mansión de Miami. A los ricos no hay que aislarlos, ya se aíslan solos.

Y quien queda?: los Misioneros (me dan ganas de decir los Misioneros españoles, pero no, no son solo españoles), quedan también los pobres y también Ángel, que sin tener porque sigue allí y escribe y ayuda.

Pero en ese infierno de Elwa, donde un niño permanece aún vivo debajo de su padre muerto, también vive Dios. Ángel se llevó unos cuantos Rosarios de Medjugorje, consiguió entregar 4 a otros tantos enfermos, y esos cuatro se han curado.

Está demostrado estadísticamente que este milagro solo se lo creerá 1 de cada 10 lectores, otro se quedará pensativo mirando a las musarañas y los 8 restantes pasarán de largo. Pero yo no puedo entrar en los corazones de la gente y lo que es es.

Aquí en Nairobi, mi amigo Nida, ese negro con facciones indias, o mejor, ese indio de color negro, descendiente directo de los esclavos que construyeron la vía férrea Mombasa Nairobi, está ocioso. Es mecánico y trabaja para una agencia de viajes española que lleva turistas de safari.

  • Casi no llega nadie! tienen miedo al contagio!. Me susurra al oído y me mira de reojo con su media sonrisa puesta mientras juntos vemos la tele, la cadena internacional de TVE. En Kenia no hay ni un solo caso de Ebola. Los españoles tienen miedo de venir y el Gobierno keniano está a punto de no firmar visados a ciudadanos españoles por los casos aparecidos en Madrid. El mundo al verres vaya!.

 

Mientras los políticos se pegan, en Madrid, Teresa, la auxiliar de enfermería contagiada, recibe suero proveniente de una de las supervivientes, La hermana Felicitas, curada por el Rosario de Medjugorje.

 

En Liberia, el Gobierno se atrinchera para repartirse el botín. Empieza a llegar el ansiado apoyo internacional pero los que mandan lo tienen ya todo listo. Ya le han puesto precio de reventa a la comida, a los utensilios médicos y hasta a la sangre. Todo se revende a los que pueden pagar y todo se les niega a los que no pueden pagar para seguir viviendo. Solo lo que lleva Ángel, lo reunido por unos cuantos amigos, llega a los enfermos.

 

Mombasa, Monrovia, Madrid, Medjugorje, María; el polígono de las emes que me tiene perplejo. Como si de ese cuadro fuera a salir en cualquier momento la clave que explique los signos de los tiempos.

 

Y el río Ebola, que avanza tranquilo y ajeno, roza en uno de sus meandros la aldea de Yambuku, esa que en 1976 meció, sin saberlo, el primer caso declarado de Ebola.

lunes, 25 de agosto de 2014

Cuando llevas veinte años viviendo en el exterior, venir a España es como volver a la corrala.

En la corrala se vive en los pasillos, que son comunes. Allí se cuentan, a gritos, las miserias. Nadie escucha a nadie, pero se grita. Tu problema, pequeño o grande debe ser anunciado a bombo y platillo, y sobretodo no debes escuchar a los demás porque entonces no te quedaría tiempo para nada.

  • Hola Vicente, que alegría verte!, que tal te va?
  • Bien, bien. María, Ahí seguimos, sin sobresaltos.

Vicente ha dudado un instante y no se ha decidido a contar su problema y cuando por fin lo hace María  trota ya escalera abajo, como quien huye del ebola.

Cuando alguien que viene de fuera entra en la corrala se produce un nuevo silencio, como de sorpresa. Pero nada cambia, es como cuando se abre la puerta de la estufa para meter un tronco nuevo. En el fondo es más oxigeno lo que ha entrado y ese nuevo tronco ardera con rabia, como si llevara en ese horno toda la vida.

En la corrala no te pares a mirar, a escuchar, porque te arrollan, es como cruzar una calle que nunca se acaba. La corrala te chupa y te consume.

Pero lo peor sucede durante la noche, cuando las luces se apagan y todos entran en sus cuartos. Allí, en la soledad y el silencio es donde se producen los grandes crímenes humanos. Allí donde solo Dios y el inquilino caben, se reviven una y otra vez las pasiones más salvajes y esos actos de amor indescriptiblemente santos y que son verdaderos milagros y que son tesoros en el cielo.

Solo al amanecer, cuando los balcones de la corrala siguen vacíos, cuando la claridad, tímida se deja percibir; solo en ese momento se oye el silencio y se respira libertad.

El sabio es el que sabe esperar, pero para sobrevivir en la corrala hay que percatarse también de esa rama verde de chopo que se ha abierto camino en una grita, y que ajena a todo ruido, apunta hacia Dios.

También en la corrala, la esperanza es lo último que se pierde.

jueves, 05 de diciembre de 2013

El 10% de mujeres en edad sexual activa reconocen (de forma anónima) haber consultado su móvil durante el acto sexual, es decir antes de acabar.  El porcentaje desciende dramáticamente en el caso de hombres igualmente activos. Sin embargo la adicción a internet no es cuestión de sexos ni de sexo.

No tengo cuenta en Facebook y me siento raro. Como inexistente. La presión para posicionarse en las redes sociales es grande. Te hacen creer que si no te apuntas, estarás anticuado, sufrirás el silenciamiento social y no podrás desempeñar tus funciones relacionales básicas de forma mínimamente efectiva.

Cuando lo cierto es que “lo sociable” es inherente a la persona y radica en la voluntad propia de serlo o en la habilidad para ejercerlo y no en las herramientas en sí, que son un medio pero no un fin. En otras palabras uno no está más conectado por enviar más twits, o tener más “@amigos” (ja!!) en Facebook, sino que “se conecta” en la medida que se abre, se sincera, se transparenta a los demás.

La herramienta social es a la persona, como la última crema de clinic es a la nariz: pura cosmética. Le quitas la crema a la nariz y ves la verdad. Le quitas Instagram al fotógrafo y queda la persona, que es mucho más interesante. Por cierto, prefiero verte a ti que ver tu cuenta de linkedin.

El límite lo pongo sin embargo en el correo electrónico, herramienta básica y necesaria para vivir. Cuento con un amigo, uno sólo, sexualmente activo (o sea que no es un bebé), que no tiene email. Le he preguntado muchas veces cómo hace para sobrevivir. Se encoje de hombros y le sirve de respuesta. Le basta con el móvil. Lucky you!.  

martes, 24 de septiembre de 2013

Cuarto día de asedio. 09.00 de la mañana. Vuelvo del cole. Las caras de los padres parecen menos tensas que ayer, pero no tengo tiempo para quedarme a charlar.

Siento que pronto volveremos a la sensación de tranquilidad de antes. Volverán las aburridas cenas en la British High Comission, situada en el preciso barrio de Muthaiga (“El jardinero fiel”), volverán las copas en las casas de los kenianos blancos del barrio de Karen (“Memorias de África”) y volverán las paellas con los cooperantes españoles, pero esos que estaban en el Westgate el sábado 21 de septiembre a la hora de comer, esos no volverán.

Patricia y Richard han salidode casa a las 06.00 de la mañana. La versión oficial del Gobierno es que “la situación está controlada” desde el sábado por la tarde, pero a las 06.00 de la mañana de hoy se siguen oyendo tiros esporádicos. Parece que quedan “1 o 2” terroristas atrincherados. Parece que han muerto 6 terroristas. Silencio total en cuanto al número de muertos.

El fuego no se ha comido el Westgate. Sale humo, pero está en pie. Por un momento ayer, me imaginé un derrumbe similar al de las torres gemelas. Otro fatídico mes de septiembre.

Me cuenta mi compañera de despacho, una senegalesa musulmana, que su hija, de 9, ha recibido comentarios desagradables por parte de sus compañeros de clase, por su condición de musulmana. Ayer le tuvo que contar a su hija que su amiga de clase delInterntional School of Kenya había muerto en el Westgate. No paraba de llorar.  

En la prensa nacional han controlado las fotos. No queremos ver los videos que circulan en la prensa internacional. Aparecen caras conocidas. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

15:00. Es la ofensiva total. El humo que proviene del Westgate es de un color muy diferente al de las cargadas nubes de Nairobi.

La policía asegura que la mayoría de los rehenes están ya fuera del edificio. Han muerto dos terroristas. Los demás están en el Nakumatt, que es el supermercado. El Ministro del Interior sale ahora por la tele. Habla en inglés, no en swahili. Se dirige a nosotros, a los extranjeros. La estrategia de los medio de comunicación parece haber cambiado, ahora informan en directo.

Varios de los terroristas van vestidos de mujer, pero son todos hombres. Es una estrategia  para evitar las medidas de control de entrada al Westgate.

La ONU se reúne. Nos llaman a la sala de Conferencias 1. La más grande, la reservada para los actos importantes. Es gigante, pero casi no cabemos. Ha venido todo el mundo. Echo de menos un minuto de silencio. Lo hicimos los padres en el colegio delos niños por la mañana. La cifra oficial de muertos sigue siendo la oficial, 68. Todos sabemos que hay más. Se menciona a un staff de UNICEF fallecido y a otro que sigue dentro y sigue vivo.

Ahora, por fin, el minuto de silencio, uff!. El silencio es impresionante. Ni una inoportuna tos. Nada. Excepto los malditos aviones que no paran.

Se empuja a todos a donar sangre. Se ofrecen servicios de apoyo psicológico a los afectados. Piropos al jefe de seguridad del Complejo. Han funcionado los sistemas de seguridad, los sistemas de identificación de consultores y voluntarios y las cadenas de avisos. Palmaditas en la espalda. Poca autocritica. Nadie tose.

La jefa de la ONU en Nairobi, una etíope mucho más bajita que su corpulento guardaespaldas, maneja bien la situación. Ahora habla el jefe de seguridad. Un jamaicano al que sí llego. Llevamos muchos cafés a las espaldas. “You have been lucky!. We have been lucky!” le he dicho esta mañana al cruzármelo veloz por el pasillo.

Text de Victoria: Estoy en el colegio de Silvia recogiendo a sus hijos. El coche de Silvia sigue en el Westgate. Salió de allí como pudo.

Había 40 miembros de UN en el Westgate cuando comenzó el ataque. Se les deja ahora hablar a ellos. Muchas experiencias desgarradoras pero todas con final feliz. Críticas al Sistema. Parece ser que no todo fue tan bien. Uno pregunta por los ordenadores y teléfonos del sistema que quedaron allí y que pudieran contener información confidencial. Otros se quejan más o menos fervientemente de que les dejaron solos.

Las cadenas de radio kikuyus no paran de poner música Gospel y mandar mensajes de ánimo a los kenianos.

Radio “Nam Lolwe”, que sale al aire en el idioma Luo, señala el problema de la inmigración ilegal.

De nuevo gases lacrimógenos para dispersar a las masas alrededor del Westgate. Nuevo text de Victoria: No me llegan los mensajes de seguridad de la ONU!. Lo puedes solucionar?!. 

Tercer día de asedio. Son las 6 de la tarde. Regreso del trabajo en mi Vespa mientras intento adivinar el futuro de Kenia. Nadie sabe cómo reaccionará el país cuando esto acabe. Pero de momento no ha acabado.

En mi casa se encuentran Patricia y Richard con sus hijos. Viven a doscientos metros del Westgate, llevan 48 horas oyendo aviones, tiros y bombas, y no pueden más. Se quedan a dormir en casa.

Hemos solucionándolo de los SMS, y tanto Naciones Unidas, como nuestra compañía privada de seguridad, KK, nos (des)informan de lo que va sucediendo.

Veo en los periódicos internacionales que esto ha acabado. Pero los tiros siguen. Acuesto a los niños y es ahora cuando enciendo la tele. Una imagen fija desde muy lejos apunta al Westgate. Parece que está en llamas, pero hablan en swahili y no lo entiendo. Despierto a la chica de servicio para que me traduzca. Es Luya, pero entiende el swahili razonablemente bien. El periodista tampoco dice mucho más. Parece que arde la zona de los cines. Nuestros cines. En la cuarta planta. Por la tele dicen que no quedan prisioneros. Eso es difícil de creer. La televisión keniana ha ofrecido un panorama, en todo momento, mucho mejor que la realidad.

Me manda un whatsup Blanca desde España: “escribo con relativa frecuencia a la secretaria del Director del (periódico español de gran tirada). Quieres que le diga que estas allí?.

Ok. Le contesto.

Ella me dice: “Acabo de hablar con ella, y me ha puesto con el Jefe de Internacional. Te llamará el corresponsal”. Efectivamente, a los 10 m, me llama un número local: “hola me han llamado de España, soy el corresponsal en Nairobi del (periódico español de gran tirada). Me dicen que tu hermana está metida en el Westgate”.

“NO!. Mi hermana está metida en muchos líos, pero no en este. Mi hermana está en España”. (Estos periodistas!!! Me digo)

Corresponsal: “Perdona, llevo aquí 48 horas sin dormir. Estoy empezando a perder el control”. Antes de colgar le propongo tomar una cerveza en el Norfolk, cuanto todo esto haya acabado.

Sigo mirando latele. Ahora con el volumen a cero. Todos duermen en casa. A lo lejos, en toma fija, el Westgate que arde. No dejo de pensar en los que, estoy seguro, siguen escondidos.

Todos conocemos aalguien que estaba allí, o que ha muerto. Las historias de los supervivientes son increíbles. Pero se confirma que los secuestradores dejaban escapar a quien fuera musulmán, conociera el nombre de la madre del Profeta Mahoma, o a quien tuviera nombre árabe.

No caigamos en latentación de creer que esto es un ataque religioso. Es un ataque contra la humanidad, y también contra los musulmanes.

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