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Segovia, sabado 26-07-2014 h.

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Limbo lento desde Nairobi | por José  De Mesa
foto Son ya quince años lejos de Segovia, del Caserío, de Torrecaballeros, de mis raíces, aunque ahí están, ahí siguen y aun me alimentan. Mis raíces son el viento en la cara, una partida perdida de mus y la teja “panzarriba”.
Son ya quince años montado en mis alas. Mis alas me llevaron cinco años a Bruselas, uno año mas al norte de Inglaterra, casi en escocia, 12 meses a un pueblito perdido de la Normandía francesa, otro año a Washington State, USA, y los últimos 7 últimos años a trabajar como funcionario internacional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 4 años en México D.F., 3 en Panamá City y ahora en Nairobi, corazón de África (o uno de sus corazones).
Y entre mis raíces y mis alas, estoy yo, haciendo largos, rezumando de todo y esparciéndolo en este blog
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jueves, 05 de diciembre de 2013

El 10% de mujeres en edad sexual activa reconocen (de forma anónima) haber consultado su móvil durante el acto sexual, es decir antes de acabar.  El porcentaje desciende dramáticamente en el caso de hombres igualmente activos. Sin embargo la adicción a internet no es cuestión de sexos ni de sexo.

No tengo cuenta en Facebook y me siento raro. Como inexistente. La presión para posicionarse en las redes sociales es grande. Te hacen creer que si no te apuntas, estarás anticuado, sufrirás el silenciamiento social y no podrás desempeñar tus funciones relacionales básicas de forma mínimamente efectiva.

Cuando lo cierto es que “lo sociable” es inherente a la persona y radica en la voluntad propia de serlo o en la habilidad para ejercerlo y no en las herramientas en sí, que son un medio pero no un fin. En otras palabras uno no está más conectado por enviar más twits, o tener más “@amigos” (ja!!) en Facebook, sino que “se conecta” en la medida que se abre, se sincera, se transparenta a los demás.

La herramienta social es a la persona, como la última crema de clinic es a la nariz: pura cosmética. Le quitas la crema a la nariz y ves la verdad. Le quitas Instagram al fotógrafo y queda la persona, que es mucho más interesante. Por cierto, prefiero verte a ti que ver tu cuenta de linkedin.

El límite lo pongo sin embargo en el correo electrónico, herramienta básica y necesaria para vivir. Cuento con un amigo, uno sólo, sexualmente activo (o sea que no es un bebé), que no tiene email. Le he preguntado muchas veces cómo hace para sobrevivir. Se encoje de hombros y le sirve de respuesta. Le basta con el móvil. Lucky you!.  

martes, 24 de septiembre de 2013

Cuarto día de asedio. 09.00 de la mañana. Vuelvo del cole. Las caras de los padres parecen menos tensas que ayer, pero no tengo tiempo para quedarme a charlar.

Siento que pronto volveremos a la sensación de tranquilidad de antes. Volverán las aburridas cenas en la British High Comission, situada en el preciso barrio de Muthaiga (“El jardinero fiel”), volverán las copas en las casas de los kenianos blancos del barrio de Karen (“Memorias de África”) y volverán las paellas con los cooperantes españoles, pero esos que estaban en el Westgate el sábado 21 de septiembre a la hora de comer, esos no volverán.

Patricia y Richard han salidode casa a las 06.00 de la mañana. La versión oficial del Gobierno es que “la situación está controlada” desde el sábado por la tarde, pero a las 06.00 de la mañana de hoy se siguen oyendo tiros esporádicos. Parece que quedan “1 o 2” terroristas atrincherados. Parece que han muerto 6 terroristas. Silencio total en cuanto al número de muertos.

El fuego no se ha comido el Westgate. Sale humo, pero está en pie. Por un momento ayer, me imaginé un derrumbe similar al de las torres gemelas. Otro fatídico mes de septiembre.

Me cuenta mi compañera de despacho, una senegalesa musulmana, que su hija, de 9, ha recibido comentarios desagradables por parte de sus compañeros de clase, por su condición de musulmana. Ayer le tuvo que contar a su hija que su amiga de clase delInterntional School of Kenya había muerto en el Westgate. No paraba de llorar.  

En la prensa nacional han controlado las fotos. No queremos ver los videos que circulan en la prensa internacional. Aparecen caras conocidas. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

15:00. Es la ofensiva total. El humo que proviene del Westgate es de un color muy diferente al de las cargadas nubes de Nairobi.

La policía asegura que la mayoría de los rehenes están ya fuera del edificio. Han muerto dos terroristas. Los demás están en el Nakumatt, que es el supermercado. El Ministro del Interior sale ahora por la tele. Habla en inglés, no en swahili. Se dirige a nosotros, a los extranjeros. La estrategia de los medio de comunicación parece haber cambiado, ahora informan en directo.

Varios de los terroristas van vestidos de mujer, pero son todos hombres. Es una estrategia  para evitar las medidas de control de entrada al Westgate.

La ONU se reúne. Nos llaman a la sala de Conferencias 1. La más grande, la reservada para los actos importantes. Es gigante, pero casi no cabemos. Ha venido todo el mundo. Echo de menos un minuto de silencio. Lo hicimos los padres en el colegio delos niños por la mañana. La cifra oficial de muertos sigue siendo la oficial, 68. Todos sabemos que hay más. Se menciona a un staff de UNICEF fallecido y a otro que sigue dentro y sigue vivo.

Ahora, por fin, el minuto de silencio, uff!. El silencio es impresionante. Ni una inoportuna tos. Nada. Excepto los malditos aviones que no paran.

Se empuja a todos a donar sangre. Se ofrecen servicios de apoyo psicológico a los afectados. Piropos al jefe de seguridad del Complejo. Han funcionado los sistemas de seguridad, los sistemas de identificación de consultores y voluntarios y las cadenas de avisos. Palmaditas en la espalda. Poca autocritica. Nadie tose.

La jefa de la ONU en Nairobi, una etíope mucho más bajita que su corpulento guardaespaldas, maneja bien la situación. Ahora habla el jefe de seguridad. Un jamaicano al que sí llego. Llevamos muchos cafés a las espaldas. “You have been lucky!. We have been lucky!” le he dicho esta mañana al cruzármelo veloz por el pasillo.

Text de Victoria: Estoy en el colegio de Silvia recogiendo a sus hijos. El coche de Silvia sigue en el Westgate. Salió de allí como pudo.

Había 40 miembros de UN en el Westgate cuando comenzó el ataque. Se les deja ahora hablar a ellos. Muchas experiencias desgarradoras pero todas con final feliz. Críticas al Sistema. Parece ser que no todo fue tan bien. Uno pregunta por los ordenadores y teléfonos del sistema que quedaron allí y que pudieran contener información confidencial. Otros se quejan más o menos fervientemente de que les dejaron solos.

Las cadenas de radio kikuyus no paran de poner música Gospel y mandar mensajes de ánimo a los kenianos.

Radio “Nam Lolwe”, que sale al aire en el idioma Luo, señala el problema de la inmigración ilegal.

De nuevo gases lacrimógenos para dispersar a las masas alrededor del Westgate. Nuevo text de Victoria: No me llegan los mensajes de seguridad de la ONU!. Lo puedes solucionar?!. 

Tercer día de asedio. Son las 6 de la tarde. Regreso del trabajo en mi Vespa mientras intento adivinar el futuro de Kenia. Nadie sabe cómo reaccionará el país cuando esto acabe. Pero de momento no ha acabado.

En mi casa se encuentran Patricia y Richard con sus hijos. Viven a doscientos metros del Westgate, llevan 48 horas oyendo aviones, tiros y bombas, y no pueden más. Se quedan a dormir en casa.

Hemos solucionándolo de los SMS, y tanto Naciones Unidas, como nuestra compañía privada de seguridad, KK, nos (des)informan de lo que va sucediendo.

Veo en los periódicos internacionales que esto ha acabado. Pero los tiros siguen. Acuesto a los niños y es ahora cuando enciendo la tele. Una imagen fija desde muy lejos apunta al Westgate. Parece que está en llamas, pero hablan en swahili y no lo entiendo. Despierto a la chica de servicio para que me traduzca. Es Luya, pero entiende el swahili razonablemente bien. El periodista tampoco dice mucho más. Parece que arde la zona de los cines. Nuestros cines. En la cuarta planta. Por la tele dicen que no quedan prisioneros. Eso es difícil de creer. La televisión keniana ha ofrecido un panorama, en todo momento, mucho mejor que la realidad.

Me manda un whatsup Blanca desde España: “escribo con relativa frecuencia a la secretaria del Director del (periódico español de gran tirada). Quieres que le diga que estas allí?.

Ok. Le contesto.

Ella me dice: “Acabo de hablar con ella, y me ha puesto con el Jefe de Internacional. Te llamará el corresponsal”. Efectivamente, a los 10 m, me llama un número local: “hola me han llamado de España, soy el corresponsal en Nairobi del (periódico español de gran tirada). Me dicen que tu hermana está metida en el Westgate”.

“NO!. Mi hermana está metida en muchos líos, pero no en este. Mi hermana está en España”. (Estos periodistas!!! Me digo)

Corresponsal: “Perdona, llevo aquí 48 horas sin dormir. Estoy empezando a perder el control”. Antes de colgar le propongo tomar una cerveza en el Norfolk, cuanto todo esto haya acabado.

Sigo mirando latele. Ahora con el volumen a cero. Todos duermen en casa. A lo lejos, en toma fija, el Westgate que arde. No dejo de pensar en los que, estoy seguro, siguen escondidos.

Todos conocemos aalguien que estaba allí, o que ha muerto. Las historias de los supervivientes son increíbles. Pero se confirma que los secuestradores dejaban escapar a quien fuera musulmán, conociera el nombre de la madre del Profeta Mahoma, o a quien tuviera nombre árabe.

No caigamos en latentación de creer que esto es un ataque religioso. Es un ataque contra la humanidad, y también contra los musulmanes.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Empieza el tercer día de asedio. Voluntarios anónimos preparan el desayuno para las tropas que llevan tres días sin descansar.

Hemos llevado los niños al colegio. Los padres de dos alumnos; uno de 2 años y otro de 4 años, siguen dentro del Westgate, no se sabe nada. Uno de los niños estaba en clase. No le han dicho nada (¡).

Llego al trabajo pero nadie trabaja. Ni un correo al inbox profesional. La bandeja de mi Hotmail echa humo. Mensajes de todo el mundo preguntando como estamos y cómo va la cosa.

Silencio en los diarios digitales, pero ni los asaltantes ni los rehenes, duermen. Hemos oído esta mañana tres explosiones fuertes. Parece que el ejército intenta otra ofensiva y parece que los terroristas, unos quince en total, se han dividido en diferentes partes del edificio de cuatro plantas.

Pienso también en los que están escondidos. Se preguntarán qué pasa. Las baterías de los móviles ya se han agotado, y empiezan a sufrir deshidratación.

Eastleigh, es el barrio somalí en Nairobi, al este de la ciudad. “litle Mogadishu” lo llaman. Un buen punado de emigrantes somalíes, huyendo de la guerra, se han asentado en Nairobi e intentan vivir con dignidad. Son una comunidad floreciente. El atentado también es contra ellos. Sufrirán las el acoso de masas iletradas kenyanas, llenas de furia.    

Mediodía del lunes.   Mensaje de texto de Victoria: "¡He oído disparos!". El mensaje me sorprende de nuevo pues se encuentra el RUNDA, un barrio de expatriados, muy alejado de la zona del siniestro.

Desde el complejo de Naciones Unidas, oímos, disparos y lo que parecen explosiones, una gran columna de humo se percibe en lo alto. Por la ventana diviso el grueso de los funcionarios internacionales caminando más rápido de lo habitual, con rostro serio. Unos se van a sus casas, otros a recoger a los niños. Otros no saben dónde ir. El Complejo de Gigiri, con la Embajada de Estados Unidos enfrente es probablemente el lugar más seguro de Nairobi. Para salir de aquí hay que tener una buena razón. Aviones de combate además de los helicópteros sobrevuelan sin cesar.

Nos ha llegado un email del Director del Colegio, viene a que recojamos a los niños ya!. El mensaje está impregnado de la frialdad y practicidad británica, útil en casos como este.

Me dicen que el ejército ha volado el tejado del Westgate. Miro al cielo y percibo sangre inocente en la columna de humo.

La bandeja de entrada de mi correo profesional, sigue intacta. Nadie se atreve a escribir nada de trabajo.

Whatsapp a Victoria: "¡Cuando llegues a casa avísame!". Miro sin cesar el teléfono, de momento nada. Los aviones no paran. 

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Os adjunto el correo electrónico que nuestra amiga María envió a Victoria en el que describe cómo vivieron el asalto desde dentro del centro comercial:
     


El 22/09/2013, a las 15:00, María escribió

Estimada Victoria,


Gracias por tu mensaje y por tu apoyo, de corazón, acabo de volver a Lodwar hace unas horas. Lo de ayer fue una experiencia terrorífica y aún no me puedo creer que haya conseguido salir con vida, he tenido mucha suerte.

Fui a Nairobi un par de días para renovar mi visado y ver a unas amigas y ayer pasé por el centro comercial para hacer una compra pequeña y comer algo antes de coger el vuelo de vuelta al norte. Estaba comiendo y empezaron los disparos, muchísimos. La gente empezó a correr como loca y a gritar y, como yo estaba en la primera planta, intenté salir a la azotea pero también parecía haber disparos dentro así que volví al restaurante. He estado unas dos horas encerrada en la cocina tumbada en el suelo con otras veintitantas personas escuchando disparos sin cesar, gritos, lloros. La gente llamaba a sus familias para despedirse porque daba la impresión de que iban establecimiento por establecimiento disparando a todo el mundo. Envié un SMS a mi hermano para que al menos pudieran localizar mi cuerpo por lo que iba a pasar.
Hubo un momento en que intentaron tirar abajo la puerta de salida de emergencia metálica que daba al restaurante, no sabemos quiénes, pero no entraron entonces. Los disparos se escuchaban cada vez más cerca. Un grupo de hombres sin uniforme pero armados nos sacó entonces por la salida de emergencia, unas escaleras metálicas y todos los que estábamos salíamos despavoridos, corriendo, totalmente expuestos por fuera del edificio pero dentro del complejo en paralelo al edificio. Al salir fuera me eché a llorar, no me podía creer que había conseguido estar fuera de allí.  
Lo importante es que estoy bien y que puedo contarlo, me siento tranquila y privilegiada. Además, aunque suene a topicazo me ha hecho darme cuenta de lo que de verdad importa, las personas queridas y la vida así que a disfrutar y a  vivir intensamente porque estamos de paso.  
Un fuerte abrazo desde Lodwar
María


Fotos: Europa Press

domingo, 22 de septiembre de 2013

 El silencio que me rodea al escribir me hace sentir culpable. El Westgate sigue siendo un infierno, del que no sabemos nada, excepto el ruido de los tiros que allí no cesa.

Los curiosos se reúnen en masa alrededor del Westgate: periodistas blancos con aparatos caros, periodistas negros con aparatos baratos, Luyas, Cambas, Pokots y Masais con restos de rebaños. Ha empezado a llover. El ejército dispersa las masas con gases lacrimógenos y con disparos al aire y esos si los he oído. Los helicópteros pasan rozando nuestro tejado.

Nicole me manda un text: mandas a tus hijos al cole mañana?. Miro de reojo a Victoria que asiente lentamente con preocupación. Le digo que sí, pero que le confirmo por la mañana. Ella me contesta: I won’t, and I’m not going to work either!.

Naciones Unidas, donde trabajo, comunica que ha muerto un staff de UNICEF, que mañana estarán abiertas las oficinas pero no la gasolinera ni el Recreation Center.

Nos informamos por la prensa extranjera. La keniana filtra la información hasta niveles desesperantes. Si embargo me dicen los expertos, que así debe ser.

Hablo de lo de fuera, porque del Westgate no me atrevo. Acaban de subir la cifra oficial a 68 muertos. Pero mucho me temo que esos son los que han podido sacar, dentro quedan muchos más. Y quedan los terroristas.

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