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Limbo lento desde Ginebra | por José  De Mesa
foto Son ya quince años lejos de Segovia, del Caserío, de Torrecaballeros, de mis raíces, aunque ahí están, ahí siguen y aún me alimentan. Mis raíces son el viento en la cara, una partida perdida de mus y la teja “panzarriba”.
Son ya quince años montado en mis alas. Mis alas me llevaron cinco años a Bruselas, uno año mas al norte de Inglaterra, casi en escocia, 12 meses a un pueblito perdido de la Normandía francesa, otro año a Washington State, USA, y los últimos 14 últimos años a trabajar como funcionario internacional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuatro años en México D.F., tres en Panamá City, seis en Nairobi, corazón de África (o uno de sus corazones) y escribo ahora desde Ginebra, corazón de Europa (o uno de sus corazones).
Y entre mis raíces y mis alas, estoy yo, haciendo largos, rezumando de todo y esparciéndolo en este blog
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miércoles, 26 de abril de 2017

Velaba he iba pronto a dormirme cuando el cielo se abrió y una potente luz iluminó mi alma y la habitación. En esa luz estaba yo, al final de mi vida. Me giré 180 grados para ver toda mi vida y cuál fue mi sorpresa que ahí había únicamente una línea y unos curiosos montículos moteados esparcidos a ambos lados y a lo largo de dicha línea.

Siendo la visión mi vida entera yo esperaba reconocer allí a  mi esposa e hijos, a mi padre y la madre que me dio a luz o quizá algunos amigos, pero ni rastro de ellos. Esperaba encontrar la lista de todos los lugares visitados, o al menos los que me habían causado mas impresión. Pero ni rastro de todo aquello.

Y que hay de mis estudios?, o de mis momentos favoritos?, o al menos los más duros? Que hay de aquel crimen inconfesable e inconfesado que yo mismo cometí en soledad?; tampoco estaba allí.

Ni siquiera yo mismo estaba alli. Como era posible que yo no estuviera, mientras veía representada de un plumazo mi vida toda?. Además tuve conocimiento de que no es que yo hubiera desaparecido, sino que nunca había realmente existido. Yo era simplemente y exactamente la nada. Ni esos ojos claros, ni esa herida en el meñique. Nada había existido, tan solo esa misteriosa línea y aquellos montículos.

Instantes después me fue dicho que la línea era el tiempo que yo había estado en el mundo, y los curiosísimos montículos moteados y de diferentes tamaños eran las Obras de Misericordia, que por Gracia del Señor,  había ido haciendo a lo largo de la vida. Nada más y nada menos.

lunes, 10 de octubre de 2016

Leer al Cardenal Sarah (Cardenal Robert Sarah, El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano) o escucharlo, es como dar un paseo por el campo tras una semana agotadora y estresante. Te desconecta, te relaja, te da esperanzas y te conecta con lo esencial.

Sarah, ha propuesto en los últimos meses, una pequeña variante litúrgica de la Misa, consistente en que tanto los feligreses como el sacerdote se dirijan hacia oriente desde el ofertorio hasta la post-comunión. Dicha variante, no supone en sí un cambio de rito, está contemplado en el actual y por tanto validado por el Concilio Vaticano II. No requeriría ni siquiera de un permiso especial para celebrase, como lo necesitan las misas en latín o por el rito bizantino, por poner tan solo dos ejemplos reales.

Sin embargo esta propuesta ha sido, de momento, desestimada por el Vaticano y no va a implantarse.  

Los argumentos de Sarah son claros. En el Ofertorio, cuando decimos “levantemos el Corazón - Lo tenemos levantado hacia el Señor“ y en la Consagración nos dirigimos a un Dios, que “Vendrá de nuevo para juzgar” según la tradición de la Iglesia desde oriente, hacia donde debe estar orientado el ábside de los templos. La Misa se ha centrado demasiado en el Sacerdote, y esto conlleva el peligro de alejar a Dios mismo del centro de la celebración.

El Vaticano no ha dado demasiadas explicaciones de por qué no ha considerado, de momento, adecuada la propuesta, pero mucho me temo que ha sido porque el pueblo, la feligresía, y quizá muchos sacerdotes no lo comprenderían.

Dirigirse hacia el ábside de la Iglesia, donde debería estar el Sagrario, lo que implicaría en la mayoría de los casos que el sacerdote diera la espalda a los fieles, podría ser considerado como un regreso a las cavernas eclesiales, épocas sobre las que aún se nos piden cuentas. Y además, dirigir la mirada, no ya al sacerdote, un ser humano de carne y hueso, sino hacia un Dios que no se ve y que solo pueda hacerse presente a través de la Fe, puede ser hoy demasiado pedir a un Pueblo, que aunque aún vaya a Misa, se ha olvidado de su razón der ser en este mundo, y no es capaz, ni siquiera, de recordar a su Padre.

martes, 12 de abril de 2016

Sugiero de manera encarecida leáis la exhortación apostólica sobre la familia que recientemente ha publicado el Papa y que está disponible en internet. No se trata obviamente de dogma de fe pero si es el resultado de las deliberaciones de todos los obispos del mundo en esta materia, y por tanto una definitiva guía para los cristianos y para todo el que quiera acercarse a ella.

 

Si le dedicamos tiempo a los sanos pasatiempos que son periódicos, bares, charlas de temas superfluos y tantos otros asuntos, que por otro lado nos distraen de lo esencial, tanto más nos será útil leer, meditar y dejarse iluminar por este texto que ha sido preparado y redactado tras largos periodos de oración e influenciado por el Espíritu Santo.

Debe ser leída y meditada con ánimo de aprender, desde la humildad y viendo cómo afecta a cada una de nuestras vidas. Si vemos en ella nuevas formas de vivir, la exhortación habrá sido útil.

En nuestro caso y en nuestras charlas, puede ser un instrumento esencial, pues si apartamos a Dios, a la Iglesia, la Fe, de nuestra vida simplemente estamos renunciando a lo más básico de nuestra existencia y estamos deliberadamente eligiendo el camino que nos lleva a ninguna parte. Si peleamos y luchamos por defender nuestra razón, sin pararnos a pensar cual es la razón de Dios estaremos asegurando el fracaso.

Si seguimos nuestra vía, nuestra idea, nuestros argumentos, sin meditar cuales son las vías, las ideas y los caminos que Dios tiene pensados para nosotros, nos separaremos más los unos de los otros de lo que nos acercaremos, pues Dios es Unidad, y fuera de Dios solo hay división.

Se tocan asuntos, machacados ya en otros medios, como son las relaciones conyugales, pero desde un punto de vista humano. Sin interés más allá que el bien de la persona. Se tocan otros temas sobre los que prácticamente no hay literatura ni estudios al respecto como son la relación entre hermanos, o “la familia ampliada”.

Nos encontrareis novedades dogmáticos, es pura tradición eclesial. Se trata más bien de homologar y modernizar el lenguaje con el que se tratan los temas actuales. Nada nuevo. La Iglesia que no acogía, sino que rechazaba o condenaba al homosexual o al divorciado, no era Iglesia ni antes ni ahora. Nada nuevo. La riqueza de siempre.

La decisión es nuestra, "bussiness as usual" o Su Camino.

martes, 5 de abril de 2016

 

Nací, hijo de campesinos, en pleno altiplano boliviano. Es tan pobre mi cuna que mis dos abuelas nunca usaron zapatos. A los nueve años abusaron de mí y sentí lo que nunca debí haber sentido. A los 10 años tuve que presenciar como abusaban de mi hermano. Lo primero me partió el corazón, lo segundo me partió el alma. Ese día satanás me agarró de la mano.

Con dieciséis años hui del dolor a Cartagena de Indias, luego a París sin saber francés, y luego a Nueva York sin saber inglés. Durante décadas, fume, bebí, me drogué, trafiqué con drogas, extorsioné, abusé y hasta maté. Durante décadas abusaron de mí y casi me mataron. Hice cosas, me hicieron cosas, e hice hacer cosas que solo pueden suceder en las mismísimas puertas del infierno. Me había convertido en el rey del mundo.

Durante aquellos años adopté una extraña costumbre. En cada sitio donde me asentaba, y probablemente porque la muerte me acechaba en cada esquina, lo primero que hacía era buscar un lugar apropiado para cavar mi propia tumba, ese lugar adecuado donde quería ser enterrado en caso de morir. Y una vez cavada de mi propia mano, me sentaba y la contemplaba mientras apuraba un cigarrillo.

Un día inolvidable, el 19 de mayo de 1992 a las 3 de la mañana, caminaba borracho por la Rue de la Paix de París. La calle estaba mojada pero no llovía. Frente al número 20 vi en el suelo una estampa de la Virgen. Me agaché a mirar y sin querer me arrodillé y dije “Madre Mia Sálvame”. En ese momento sentí como satanás soltaba mi mano y la tomaba una mujer, y una voz también femenina susurró en lo más profundo de mi alma “Ese vacío solo puedo llenarlo yo”. Y Juan Cruzado que llevaba desde los nueve años sin llorar, casi se ahoga en sus propias lágrimas. Después la mano fue llevada suavemente a otra mano, esta vez de hombre, que la apretó con fuerza. Y de nuevo oí un susurro varonil en el mismo lugar que el anterior. “Te estaba esperando”. Sentí entonces un inmenso abrazo de amor que envolvía mis llagas y cómo mi cuerpo se enterraba profundamente y luego volvía a emerger de lo profundo de la tierra.

Sin saber si habían pasado unos segundos o varios días me encontré tendido en el suelo en el mismo lugar y completamente sobrio cuando, la borrachera de drogas y alcohol solía durar hasta el amanecer. La sanación duró otras dos décadas. Pude sanar, no sin esfuerzo, mi bulimia, mi carácter endiabladamente violento, mi anorexia, mi alcoholismo, mi cleptomanía y tantas otras enfermedades que me tenían preso. A día de hoy solo el sida y una hepatitis C, que se han vuelto crónicas, me recuerdan al hombre viejo. Yo, Lázaro María, como me llamo ahora, soy testigo de un Cristo vivo.

Durante toda mi vida me he preguntado por qué a mí me tocó vivir una vida tan singular, pero ahora lo sé. Llevo un mensaje que debo proclamar. Yo sé que no moriré. Cristo, esta vez glorificado, llegará de nuevo para “juzgar a los pocos vivos que queden y a todos los muertos desde el principio de los tiempos”. Esa llegada que se producirá antes de que yo muera, y entro lentamente en mis años de ancianidad, vendrá precedida de algunos signos que ya han sido anunciados. El más claro quizá sea el de una Iglesia casi desaparecida, desvirtuada, no practicante. Donde los pocos que permanezcan fieles serán perseguidos sino masacrados. Los que permanezcan en la Verdad sin ser engañados, serán como cirios inapagables en medio de la tempestead y luz para los que están perdidos.

lunes, 21 de marzo de 2016

Y si la búsqueda de la incomodidad fuera la clave de la felicidad?. Arrodillarse en vez de sentarse, dejar esa chinita que se coló en el zapato un rato más, aceptar una agresión sin responder o dejar un juicio injusto sin excusa, elegir la fruta pasada, no repetir un segundo plato, detener la película y rezar por un rato, todo ello es en definitiva ir localmente y sin argumentos a contracorriente de una naturaleza que empuja hacia lo cómodo.

El que busca la comodidad esta permanentemente disconforme, pues cuando la encuentra necesita más y cuando no la encuentra se frustra, mientras que el que activamente busca la incomodidad se alegra cuando la encuentra y sin embargo sabe aceptar gratuitamente con gozo cuando la comodidad se le cuela en el camino. A este respecto recordaría la simpática escena protagonizada por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Ambos cenaban invitados en casa de un gran señor y fueron servidos perdiz. San Juan de la Cruz se contrarió al recibir dicho manjar ya que rompería su riguroso ayuno, sin embargo la Santa de Ávila, mucho más práctica, y que le había leído el pensamiento, le dio con el codo y le dijo: Juan, a comer!. Cuando perdiz, perdiz!.

La incomodidad no es tan incómoda como parece, además uno se adapta rápidamente a ella, desapareciendo su amargor con sorprendente agilidad. La conciencia y aceptación de la incomodidad ayuda a descentrarse de uno mismo, y tomarse con menos seriedad, quitándose importancia y tomando una sana distancia tanto de los éxitos como de los fracasos.  

Dejarle el asiento a una viejecita en el autobús es incómodo pero gratificante, misma gratificación, en esencia, es la que se replica en el alma al dejarle a Dios el volante de tu destino. En un primer momento ese salto al vacío produce miedo y desconcierto que derivarán necesariamente hacia situaciones surrealistas e incómodas. La gratificación podrá saborearse más tarde.  

Los aventureros de antes y de ahora, esos que arriesgan su comodidad por un futuro incierto saben bien a lo que me refiero, pues hay que ser aventurero para montarse en el carro de la fe. Rezar el Credo es fácil, vivir el Credo, no tanto.

La incomodidad y mi gran amigo el fracaso son primos hermanos, pues el éxito, ese gran farsante, va rodeado siempre de comodidad extrema y lo que es peor va acompañado de una infinita separación del necesitado.  

Parece demostrado que un Síndrome de Down tiene mayor capacidad, que alguien que no lo es, de llevar la felicidad profunda y duradera a los que les rodean. Sería bueno creo revisar algunos parámetros de la sociedad actual, aunque debido a los signos de los tiempos que ya nos llegan, no sé yo si nos dará tiempo a cambiar algo.

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