El Adelantado de Segovia
Segovia, viernes 18-04-2014 h.

Estás en El Adelantado de Segovia :: Portada > Blogs > Recortes de aguanís
usuario:  
contraseña:
registrar recordar contraseña

Recortes de aguanís | por Ana Vázquez Aguado
foto El aguanís es un amago, un regate inesperado, un puedo pero no quiero. No lo voy a hacer. No ahora. No así. Lo voy a hacer ahora. Así. Es un engaño premeditado a última hora. Es un desarme a la obviedad; una intención disfrazada. El gol final es obligatorio; si no, no hay aguanís. Combinar recortes de tres pasiones como el deporte, la literatura o la música para decir algo sin decirlo o, quizás, decirlo de forma menos obvia, es mi oportunidad de uno contra uno, mi yo contra usted, mi intento de aguanís. Sólo hay una diferencia; si lo consigo, soy yo quien se marca el tanto. Usted quien cae en mis redes. ¿Jugamos?
¡¡Pincha Aquí!!
Blogs
  BLOGS
Conexión Campo Grande
foto por Teresa  Sanz Nieto
19/04/2014
La ciudad viva
Con “A” de aprender
foto por Alberto  Martín García
16/04/2014
La Desmemoria histórica
Muñoveros-Dakar
foto por Carlos  Zapatera Martín
11/04/2014
Por la sabana senegalesa en bici.
Paseando comentarios
foto por Juan Carlos  Manrique Arribas
11/04/2014
Un deporte, un pueblo, una pasión
      Ver más Blogs
  Encuesta
¿Le parece acertada la decisión de David Zamorano de dimitir como técnico del Segovia Futsal?
Sí.  No.  N.s./n.c.  
viernes, 04 de abril de 2014
Seré clara desde el principio: yo voté a Jesús Postigo. No al PP; no. A Postigo. Seré clara; decir que lo hice porque desde pequeña lo he considerado, a él y a su familia, parte de la mía, sería mentir. Seré clara; le voté porque siempre me ha parecido una persona buena y coherente con sus convicciones, algunas de las cuales, sin embargo, no comparto. Seré clara, para mí no habría habido mejor alcalde. Seré clara; hoy no es el mejor candidato y no, no le votaría. Eres de quien te rodeas y, sobre todo, eres aunque no lo seas, la imagen que proyectas. La política de ‘La contraria’ seguirá destrozando grandes gobernantes y mejores personas.
Seré clara y seré de Clara; porque es o parece dialogante, porque es o parece amable, porque es o parece segoviana; mucho antes que socialista. Pero seré clara también; hay algo que me inquieta. Se llama Deporte.
Si hay un área en el que Segovia se ha aclarado y clarificado en los años de mandato de Arahuetes, ese es el que lidera Javier Arranz. Seré clara; siempre he reconocido la gran labor de Javier al frente del deporte segoviano, aunque a veces me quedase más con los fondos que con las formas. Sí, seré clara; hubo un tiempo en el que su actitud no me quedaba clara. Ahora somos amigos y trabajamos en la operación Wakawaka; así que todo aclarado.
No centrifugaré nada si digo que Deportes forma parte de la República Independiente de cualquier lugar. De este periódico, mismamente. Y lo que me inquieta, es saber que Arahuetes disfrutaba yendo a ver a la Segoviana y aplaudiendo los goles del Caja. Que casi nunca ejerció de defensa cuando se pidieron ofensivas a favor de un balón, una pelota, una red o unas zapatillas de correr. Pero... ¿Clara? Y téngalo claro, no le pediré que se siente en una grada, sólo que no deje el asiento vacío a partir de ahora.
Seré clara; me gusta tanto un balón de fútbol como una novela de Cortázar o una película de Jean Pierre Jeunet. Por eso tengo claro que Cultura y Deporte se pueden compaginar, que el Deporte puede, con toda claridad, ser Cultura. Por eso confío en que la nueva alcaldesa sea la Clara que todos creemos que es. Una mujer de ideas claras, y tan comprensiva, que entenderá que el horizonte del Deporte en esta ciudad está claro. Tan claro que nada debería dejarlo en la sombra.
 
 
viernes, 21 de marzo de 2014
Sí, lo sé; el fútbol sala no debería aparecer en los medios por sus episodios más tristes. Tristes en el sentido de lo más lamentable, se entiende. Sí, lo sé; el fútbol sala tampoco debería ocupar líneas con letras que sean más de histerias que de Historia. Y sí, también lo sé, incidiendo en la miseria, los amantes del fútbol sala, reincidimos en la emisión de interferencias y contribuimos a impedir que este deporte suba al podio de la buena prensa; que por licencias y por licencia es donde debería de estar. Pero perdónenme, no soy yo. No fui yo.
No soy yo la que crea dudas, con su comportamiento, de si el fútbol sala está realmente civilizado y si, por lo tanto, pertenece a la civilización. No fui yo quien, con un micrófono en la solapa de la chaqueta y delante de toda, perdón, algo de España que le ve y que le tiene por uno de los mejores entrenadores del mundo, se volvió loco y perdió toda la razón que un cuerdo en su sano juicio puede tener. La importancia de ser Duda, igual que la importancia de ser Ernesto, debería estar en ser serio. En ser señor. En demostrar que la educación también forma parte del título de Lord.
Sin embargo, por lo que pudimos comprobar en la final de Copa, la importancia de ser Duda debe estar en lo contrario. En comportarse como un Mono ante la aparente autoridad y que ésta ignore por completo el comportamiento neandertal. En tener el poder de evitar amonestaciones, expulsiones, sanciones y hasta arrepentimientos. En conocer el límite del insulto ante el juez y no aplicarlo por ver hasta dónde llega el indulto. En eso debe consistir la importancia de ser Duda. La certeza, entonces, es que el fútbol sala se ha vuelto futbito una vez más.
Nos empeñamos en solicitar juego limpio en las categorías inferiores, amonestamos por alzar la voz y expulsamos al más mínimo insulto. Condenamos a la soledad del vestuario a cualquier jugador que murmure y envíamos a la impotencia del asiento en la grada a aquel que se exceda en la acumulación de improperios. Pero cuando la cámara apunta y el que dispara es Duda, nos asalta la misma y hacemos oídos sordos.
Y ahora que alguien le cuente a un padre cómo explicarle a su hijo que no puede imitar el comportamiento de su ídolo. Que sí, en ocasiones también es duda.
 
 
viernes, 07 de marzo de 2014
Quizás no debería contar que en la Asociación de la Prensa dudamos. Quizás debería guardar para el acta de aquella asamblea, que esa noche votamos, y que salió un tres por uno. O un tres en uno. Imposible despegar. Tan necesario como inevitable; ¿Cómo premiar a un solo mosquetero, cuando Dumas encontró espacio para los tres en el lomo de su novela? Para los tres... y para un cuarto; pero D´Artagnan aún va haciendo sietes por las escuadras de ejércitos rivales, y aún lleva a lomos de su dorsal a toda la Historia de un club marcado por la ambición de demasiados aspirantes a Richelieu de esta ciudad.
Que Mariano siga siendo protagonista de las crónicas de los partidos de la Sego ya no sorprende. Reconozco que hace tiempo que no subo a La Albuera, pero para saber del coraje del siete me habría bastado con verle una sola vez; en un partido de pretemporada contra el Atlético de hace cerca de tres veranos, presionando a Filipe Luis como si en ese duelo se le fuera la vida. Como si demostrando su valor en una batalla perdida, fuera a proteger para siempre el honor de la reina Ana de Austria. O de la Gimnástica Segoviana.
De Agustín, Durán y Ramsés, los tres mosqueteros premiados esta noche por la ASPD, ya no hablan las crónicas, pero siempre lo harán las bocas, porque pocos han sabido hacer frente a Milady de Winter como ellos en el club segoviano. Sus inviernos aparecían hasta en los meses más agotadores de verano y, sin embargo, ellos seguían al pie del cañón; disparando tranquilidad y calma, trabajo y compromiso. En el campo y fuera. Se merecen todo premio que cualquiera quiera darles. Lo extraño de esta condecoración es que la otorga un territorio tercero; ni Francia ni Louis XIII. Me pregunto si se sabrá honrar a D´Artagnan.
Es una semana rara para los capitanes que saben serlo; Puyol se va del Barça y algunos recuerdan el día que Raúl dejó Madrid. Son luchadores de equipo; no mejores, diferentes, y Segovia tiene la suerte de haber contado con varios. En La Granja, su casta se escribe con Pluma. Todos ellos deberían ser honrados en el momento preciso porque ellos siempre han honrado a su lema. Nunca, ni siquiera fuera, han dejado de ser uno para todos y todos para uno.
 
 
martes, 04 de marzo de 2014
Nos parecía una horterada y ahora no encontraríamos mejor nombre. Alguno, de tanto viajar, escucha Segovia y enseguida le viene a la cabeza el apellido con forma de estación. ¿Existe modo mejor de llamar al lugar donde paran todos los trenes? Aún no sabemos si era como la poemaba Machado o si idealizarla nos confundió. Deducimos que era bonita; suponemos que la soñaba aún más bella.
Segovia-Guiomar; ya es imposible pronunciar una sin acordarse de la otra. Y las dos tan increíbles. Y las dos aún más impresionantes si se sueñan. Eso debía pensar Machado de su musa antes de morirse hace 75 años y eso debemos pensar en vida todos los segovianos de la nuestra. Y aún nos atrevemos a imaginarla mejor; y lo que es más importante, a conseguirla mejor.
Porque si alguien salió el domingo pasado a la calle y no le gustó lo que vio, es que no entiende la forma de respirar de Segovia; no comprende su motor. Lo que logró la organización de la Carrera Monumental Ciudad de Segovia y lo que logran cada año competiciones como la Media Maratón es digno de romance y soneto. De himno y oda. Conseguir que más de un millar de corredores haga camino por las calles de nuestra ciudad supone, no sólo una manera de unir cultura y deporte, versos que deberían ser básicos en nuestra educación, rimas comunes, sino también la mejor forma de promocionar nuestra principal fuente de vida: el turismo.
El Patronato y las Concejalías deberían tener mañanas como la del pasado domingo, que hacen que Segovia, que ya es preciosa, luzca aún más impresionante, marcadas en rojo en su calendario. Las decenas de personas bailando zumba con el Acueducto de escenario, los centenares animando a atletas que pasaban junto a la Catedral o el Alcázar, o los miles de corredores reponiendo fuerzas junto a sus familiares en nuestros mejores restaurantes deberían ser imagen de la ciudad en cualquier folleto o vídeo promocional. Y más aún ahora que por fin la gente empieza a entender la cultura del deporte como cultura.
Todos, corredores y caminantes, debemos empezar a ver Segovia como nuestra Guiomar; ese lugar a donde deberían llegar todos los trenes. Lo único que nos falta, a veces y a algunos, es aprender a cogerlos.
 
 
jueves, 06 de febrero de 2014
Siempre fui muy de Burrito. Aquel chico tan pequeño, custodiado por Rubén y sus peinados, trajo magia al Perico desde el primer momento en que pisó la cancha. Su sonrisa no era estratega ni protocolaria, más bien todo lo contrario; una sonrisa de las que sólo crecen en los patios, las calles, los parques o en el mismo pasillo de casa. La sonrisa de un canalla que intuía que nos iba a llevar a todos donde él quisiera; a su mundo de chilenas, bicicletas y tacones de los que se clavan y no hacen ruido. 
Los últimos siete años han dado la razón a los que apostaron por él al traerle, y a quienes apostamos por que se quedase. Ha habido muchos jugadores que estaban, llegaron o se marcharon mientras David estuvo en Segovia, pero ninguno como él. Puede, quizás, Antoñito.
Yo los echo de menos. Los echo de menos por todos los lugares en los que un balón lucha por hacerse un hueco entre varias piernas. A veces nos quejamos de lo tácticos que se han vuelto el fútbol y el fútbol sala y no nos damos cuenta de lo tácito que es nuestro reproche. Creamos escuelas y jugadas, y nos olvidamos de cuando aprender era cuestión de echar horas en la calle y de cuando el mejor equipo era aquel que, a pares y nones, lograba unir a los mismos chavales durante el mayor tiempo posible.
No importaba el tamaño ni el material de los balones, no importaba la cantidad de aire que tuviesen; nos llenaban los recreos y las tardes. Ni siquiera las zapatillas eran necesarias. Los árboles y las farolas de los parques eran los mejores postes y las verjas las redes más infalibles. La Plaza Mayor era el Maracaná y a todas horas había alguien a quien, cada vez con menos vergüenza, preguntar: “¿Puedo jugar?”.
El otro día volví a escuchar esa frase. Tres niños jugaban frente al Ayuntamiento con las columnas de porterías. Alguien llegó y les dijo que ahí no se podía estar con el balón. Sólo tengo 28 años y espero que no sea la gente de mi generación quien prohíbe esta escuela, la de la calle. Alguna vez rompimos cristales, alguna vez nos fuimos a casa con un moratón en el ojo, alguna vez hicimos frente a familias enteras por un balonazo accidental… Sí; pero aprendimos. Y cómo aprendimos los que aprendimos bien.
 
 
Todos los artículos >>  
     Contacto   |   Aviso Legal   |   RSS RSS
 |  © El Adelantado de Segovia 2014  |  Diseño: Globales Internet |  Asesoramiento 2.0: Iberzal.com |