El Adelantado de Segovia
Segovia, miercoles 22-10-2014 h.

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Recortes de aguanís | por Ana Vázquez Aguado
foto El aguanís es un amago, un regate inesperado, un puedo pero no quiero. No lo voy a hacer. No ahora. No así. Lo voy a hacer ahora. Así. Es un engaño premeditado a última hora. Es un desarme a la obviedad; una intención disfrazada. El gol final es obligatorio; si no, no hay aguanís. Combinar recortes de tres pasiones como el deporte, la literatura o la música para decir algo sin decirlo o, quizás, decirlo de forma menos obvia, es mi oportunidad de uno contra uno, mi yo contra usted, mi intento de aguanís. Sólo hay una diferencia; si lo consigo, soy yo quien se marca el tanto. Usted quien cae en mis redes. ¿Jugamos?
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jueves, 26 de junio de 2014

Los chicles, cuando se pegan a una superficie, pueden ser tan resistentes que ni el tiempo y su eclosión los erosiona. Lo mismo ocurre con los clichés y quizás por eso son tan anagramas. Y también tan populares, tan mundiales, tan del día a día; tan contundentes como que el rosa chicle es para vestir a las niñas. Y a mí… nunca me gustó el rosa chicle. Siempre me han picado las etiquetas.
Pero por suerte o por desgracia, desde que en una exhibición de gimnasia rítmica mi pelota salió rodando y yo fui detrás de ella para siempre, incapaz de devolverla a las manos, impaciente por llevarla pegada al pie allá donde fuera, me han etiquetado en tantas fotos que ya ni siento ni padezco. Siempre me veo buena cara. De irme a fregar platos y barrer suelos, me han mandado a trabajar a fábricas de tortillas a veces, a ratos de bollos; todo hecho y dicho con un par de huevos. O no; porque luego nadie se ha acercado a decírmelo a la cara. Ni siquiera “marimacho”; supongo que mi conjuntada forma de vestir fuera del campo no invita a ello.
Hablo en primera persona y no porque todos estos menosprecios los haya recibido yo, que muchos sí, sino porque aunque no me gusta formar parte de colectivos, me veo dentro de ellos cuando uno de mis derechos individuales es atacado; me afecte directamente o no. Y no entiendo que, en este ahora, permanezca el siempre (anti)deportivo de que una mujer que practica deporte es tan homosexual como un hombre que hace ballet. Y tampoco entiendo que, en este hoy, continúe el jamás (anti)deportivo de un hombre gay jugando al fútbol o de una mujer hetero boxeando.
Estos días, Chueca se pone la equipación arcoíris y yo dejo esta columna para que también forme parte de su plaza, aunque no esté orgullosa de mi condición sexual; nunca lo he estado porque es algo que, de producirme algo, me llena más de satisfacción que de orgullo. Últimamente está de moda pedir que los deportistas salgan del armario, y se confirma: hay quien no entiende de ninguna manera. Ni yo, ni tú, ni nadie debe salir de ningún otro lado que no sea un pabellón o un estadio. Y hacerlo de la mano si es con ellas; y si no, besar largo a las parejas al encontrarse. Y esperar. Esperar a que sea el resto quien, antes de sentarse en una grada, termine de salir de las cavernas.

 

"Hay una recta etiqueta torcida para cada persona en esta vida..."

 

viernes, 13 de junio de 2014
Mamá dice que tonto es el que hace tonterías”, decía una frase de Historia y de cine; no hay forma mejor de definir una palabra tan cargada de insulto como de bondad. Razón no le faltaba a la madre de Forrest; la misma que intentaba endulzarnos los días convenciéndonos de que “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cuál te va a tocar”. Supongo que por eso a veces tantos tontos hacemos tantas tonterías, y por eso, a veces, a tantos tontos nos toca el amargo. El más negro de todos.
En los últimos cinco años he visto a un tonto hacerse responsable de más de veinte chicas a las que no conocía absolutamente de nada. He visto a ese tonto planificar dos plantillas con sus respectivos entrenamientos a horas diferentes; a veces, incluso en canchas diferentes. He observado a ese tonto pasar una media de ocho horas a la semana expectante en la banda. He contemplado a ese tonto que a la mañana siguiente se levantaba a las 5:00, sonriendo a las 23:00 mientras se apagaba el último foco de un pabellón. He intentado descubrir el peso real de los papeles que guardaba el maletín que ese tonto transportaba de Segovia a Pontevedra, a Cáceres, a Logroño, a Madrid… He alucinado viendo a ese tonto viajar un sábado a una punta de España y al domingo siguiente montarse en otro autobús para llegar a una punta de Castilla y León.
En los últimos cinco años he encontrado a ese tonto más de una vez y de dos peleándose con calculadoras, presupuestos, recepcionistas de hotel y responsables en vías de servicio para que saliesen unas cuentas que… Callo, sumo y sigo.
Y es que en los últimos días he visto cómo ese tonto presentaba ilusionado -como coordinador que hasta ahora es de una sección- un triangular de fútbol sala femenino junto al seleccionador nacional, y cómo días después su labor era desacreditada y el torneo volvía a presentarse en una falta de respeto a ese tonto, a José Soriano que cedió las instalaciones de la FCyLF y al mismo Venancio López
Desde luego, lo pienso y hay que ser tonto para hacer tantísimas tonterías, sí; pero también muy bueno. Al tonto se lo he puesto fácil para identificarse en estas letras. Los listos, por lo visto, saben leerme entre líneas. Que así sea.
 
 
viernes, 30 de mayo de 2014
Bueno, de mi padre, afortunadamente no. Por suerte, con la elegancia de Cary Grant, siempre ha sabido transmitirme qué es el deporte y qué implica; empezando por el respeto al rival. Mi madre, por su parte, me dejó bien claro desde niña que en el momento en que mis palabras se pasasen al lado oscuro del vocabulario, se terminaría el fútbol. Mentiría si dijese que desde entonces nunca han cruzado la frontera; pero tampoco diría la verdad si negase que aquella amenaza ha sido la línea, de banda, de fondo y central, que ha marcado mis saques de quicio en las canchas y campos. 
Pero por desgracia no en todas las casas se ve el futuro desde los mismos ojos. Los niños copian comportamientos, y a quien se atreva a contradecirme le invito a pasar diez minutos con mi primo Nico; cuatro años y pirata compulsivo. Donde hay un padre leopardo, hay un pequeño felino. Se llama educación.
Hace tiempo que me extraña que extrañe el hecho de que alguien pueda acudir a un estadio de Primera y lanzar una moneda, un mechero, plátanos y hasta una cabeza de cerdo. ¿Y qué esperamos? Llevo años cubriendo como periodista partidos de niños de 6 años en adelante y si tuviese que ponerle título a la película lo tendría claro: ‘La mala educación’.
He observado con la impotencia de quien ve venir el desengaño, a padres gritar a sus mismos herederos, a los árbitros, a los niños contra los que compiten sus hijos, a los entrenadores propios y a los ajenos... He observado peleas verbales de kilómetros de barbaridades entre diferentes padres en la grada, cuando sus pequeños apenas llegaban al metro de altura. En esos momentos he querido saltar al parqué y parar el gol que aquellos mayores les estaban metiendo a esos niños contándoles que estaban haciendo deporte. Discúlpenme; deporte no es eso.
Criticamos a Cristiano, Jorge Lorenzo, a Mourinho y a la defensa al completo del Levante. Esta temporada en Segovia, muchos han crucificado a Javi Alonso. Por el contrario, alabamos a Nadal, Pau Gasol, Marc Márquez o la humildad de Iniesta. El saber estar empieza en el saber ser; y hay a quien le enseñan a saber ser fiera desde la base; en su casa y en su club. La educación en el deporte tiene varios catedráticos.
 
*Si pincháis en los enlaces a los nombres, veréis diferentes acciones de estos deportistas... ¿a cuál de ellos nos gustaría que se pareciesen nuestros hijos? Yo lo tengo claro
 
"I, I'll follow... I'll follow you..."
jueves, 15 de mayo de 2014

Mi madre lo sabe de sobra. Por eso es mi madre, supongo. Si me enfado no levanto la voz. Nunca lo he hecho. Me disgusto, frunzo el ceño, cierro la boca y si tengo que llorar, lo hago de rabia y de impotencia. Y procuro que sólo se enteren las paredes de mi habitación. Puedo estar horas sin hablar. Mi madre lo sabe de sobra; no me gusta que me tomen el pelo. No me gustan las injusticias y no me gustan los cobardes.
Podría decir muchas cosas, contar muchas cosas, opinar muchas cosas, pero hoy, cerraré las letras. Total, ¿qué más da? al final hay quien abre frases cortas y concisas, como si fuesen subordinadas, llegando incluso a considerar a quien las escribe, un subordinado.
Así que he decidido enumerar cosas que admiro mucho del Deporte de esta provincia, que es pequeña, pero que en casos muy determinados aún mantiene la esencia del mismo; y no es, como muchos creen, la de un juego en el que unos ganan y otros pierden -puntos o dinero-, sino la de una pasión por la que otros entregan amor, tiempo, sacrificio y lucha.
Admiro, por ejemplo, la manera en la que un pueblo entero como Nava es capaz de unir las manos de todos sus habitantes, niños y mayores, en torno a un mismo balón y un mismo club. Un mismo objetivo. Una misma ilusión. Un mismo lema. Una misma pelea. Una misma búsqueda. Una alegría común.
Admiro también el modo en el que Jolo ha hecho del Rac Lobos un lugar en el que chicos y chicas parecen agarrar el balón de rugby con el mismo cariño. Sin importar los resultados, el puesto ni los presupuestos, el sexo ni la experiencia. Debe resultar fácil -o menos complicado-, con ese apoyo, conseguir hacerse con el balón en una melé.
Además, admiro cómo Javier Martín Pena, fundador del Independiente, está intentando sacar adelante una competición para los más pequeños en la que los niños se limiten a pasárselo bien, intercambiando camisetas y equipos, escudos y almas, compañeros y rivales. El nombre, Diversala, lo dice todo.
Pero, por encima de todo, admiro el amor en forma de amistad entre jugadores de clubes diferentes. Admiro cómo algunos han logrado sobrevivir al odio por el contrario al que se les anima de forma tácita a veces.
Cierro las letras y me manifiesto delirista: “Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil”.

 

"Qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil,
aquellos que consiguen que fluya bien,
y al mundo retorcido y ultra arrogante..."

viernes, 02 de mayo de 2014
Érase una vez, en una ciudad con alcázar y no castillo, trece azules que, sin ánimo de ser princesas, se empeñaron en alcanzar la gloria de las batallas, el ondear de las banderas en señal de victoria. No tenían sable, pero amar puede convertirse en el arma más poderosa.
Durante años pelearon, a veces con suerte y otras no, pero tuvieron que pasar meses y semanas, días y horas, minutos y segundos hasta que su esfuerzo se vio recompensado con unos resultados que terminaron por no extrañar a nadie, porque ellas siempre habían echado de más.
Cuento de hadas o no, lo que han vivido esta temporada las chicas del Unami de fútbol sala femenino, con una definitiva tercera o cuarta posición, lleva siendo merecido desde hace un millón de años. Así lo diría una de las pioneras de este equipo, que en 2008 en Ferrol daba inicio a una historia que tenía prólogo de cuotas y cuotas pagadas, camisetas siete tallas más grandes que ellas desde pequeñas, y mucha ilusión puesta en un deporte de caballeros. Pero amores que matan nunca mueren; por mucho que haya habido señores feudales incapaces de defender su propio feudo.
Precisamente este año comenzaba difícil, sin dinero, y sacado adelante por esa obsesión que envuelve a los enamoramientos complicados. Cegadas con no dejar la Segunda, y con ayuda del fiel escudero Juancar, lograron que muchos pequeños grandes abriesen los ojos, el bolsillo y el corazón por ellas, devolviendo la fe con creces.
Esta temporada, las azules han encontrado en Luis Martín a su príncipe. No es que los anteriores técnicos no fuesen de corte real; Javier Martín Pena les enseñó el significado de competir, y nadie como Carmen Escribano fue mejor a la hora de analizar en cinco minutos de descanso, veinte de partido. Del bufón mejor no decir nada. 
Pero como en la música, para que un artista suene a lo que quiere sonar el productor debe ser el adecuado, a las azules les faltaba la sencillez de arreglos en el momento complicado de la canción de siempre, el piano en la nota acelerada, la batería en los ritmos desgastados y el silencio sustituyendo al recurrente riff. Ahora parece que lo han encontrado… y por eso, colorín colorado, esperamos que esto sólo haya empezado.
 
 
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