Castañera
Un puesto de castañas en Segovia en el invierno de 2009. / JUAN MARTÍN
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A la segunda, desierto. El procedimiento para la autorización municipal de puestos de venta de castañas asadas en calles y plazas del centro de Segovia no ha recibido ninguna oferta por la falta de interés de las licitadoras de temporadas anteriores debido, sobre todo, a que la producción de castañas ha sido muy escasa por la sequía.

Era el segundo intento que el Gobierno municipal hacía para no privar a los segovianos de esta actividad tradicional recogida por escritores costumbristas del siglo XIX como el periodista Manuel Bretón de los Herreros. Dicen que a la tercera va la vencida pero tendrá que ser el próximo otoño, con suerte y si el año hidrológico sigue con buenas y oportunas precipitaciones.

No hay castañas, no hay castañeras. Más o menos así lo ha explicado la alcaldesa, Clara Luquero, esta semana durante la rueda de prensa habitual que sigue a la reunión de los jueves de la Junta de Gobierno Local.

Como se recordará, el Ayuntamiento de Segovia publicó en octubre el anuncio correspondiente para este ‘concurso’ de castañeras o castañeros ambulantes pero cuando llegó el momento de abrir los sobres con las ofertas de las empresas o personas físicas interesadas, el 24 de octubre, víspera de San Frutos, se descubrió que no había ninguna, ante la consternación de alguna concejala presente en la reunión de la Mesa de Contratación del Ayuntamiento de Segovia.

No se dieron por vencidos entonces los responsables municipales que entendieron, porque así se lo hicieron saber los interesados, que los 15.101,99 euros del canon fijado inicialmente para los tres puestos de venta de castañas asadas a autorizar en la ciudad en un solo lote y para dos temporadas, es una cifra muy elevada y no está la economía de los segovianos para muchas castañas.

En pocas semanas, pero ya con la temporada muy avanzada —en algunas ciudades empieza a primeros de octubre— el Gobierno municipal publicó otro anuncio para la tramitación urgente de estas autorizaciones y entonces con un precio mucho más razonable por el uso del dominio público; es decir, por ocupar un espacio en las calles, avenidas o plazas que el pliego contempla y que son la Calle Real, junto al Teatro Cervantes; la avenida del Acueducto, en la esquina de San Clemente con Gobernador Fernández Jiménez, y la plaza de la Artillería, junto a la parada de los autobuses urbanos.

Los nuevos requisitos para autorizar los puestos de castañeras/os fijaron el nuevo canon en 900 euros para dos temporadas —la primera, del 1 de diciembre de 2017 o desde la fecha de formalización del contrato si fuera posterior hasta el 30 de abril de 2018; y la segunda, del 1 de octubre de 2018 al 31 de marzo de 2019—.

El horario de atención al público era extenso, de lunes a jueves, de diez de la mañana a once de la noche, y viernes, sábados y domingos, de diez de la mañana a doce de la noche.

La rebaja económica ha sido considerable pero ha topado con un inconveniente de esos que a los políticos les gusta llamar de “fuerza mayor”, la escasísima cosecha de castañas que, además, se adelantó cuando todavía en Segovia se estaba con la tramitación del primer procedimiento.

Con bicho

Cuentan los productores de Galicia, una de las Comunidades Autónomas con más castaños, que “el cambio climático” no le sienta bien a estos árboles y que debido a la sequía tuvo que adelantarse un mes la recogida de la castaña. Después hubo que interrumpirla y cuando se quiso retomar la producción de castaña tardía resultó que muchas tenían “bicho”: insectos u hongos.

La Voz de Galicia se hizo eco de la preocupación del sector que, antes incluso de la segunda remesa de castañas, ya preveía una caída de más del 50% en la producción y, además, recalcaba su mala calidad.

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