Antonio Llopis y Alonso Moreno se felicitan por la victoria conseguida frente al Cisne una vez finalizado el encuentro. / AMADOR MARUGÁN
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Entrenar y jugar todos los días en el Polo Norte tiene no pocos inconvenientes, pero también sus pequeñas ventajas. Entre ellas destaca el hecho de que, mientras tus rivales se esfuerzan por quitarse el frío de encima, tú ya estás acostumbrado a coger rápidamente la temperatura idónea para jugar el encuentro, y puedes imponer un ritmo al que no podrá llegar tu oponente. El Viveros Herol Nava, jugando en un pabellón que con el calor se condensa, y con el frío es un congelador, supo aprovechar este hecho para doblegar a un Cisne que no mostró de lo que era capaz hasta la segunda parte, cuando el partido ya se movía en unas ventajas imposibles de remontar para los de Pontevedra.

No son muchos los partidos de balonmano que se deciden en los primeros minutos, pero el que jugaron naveros y gallegos fue uno de ellos. De entrada, Dani Gordo dio la manija del ataque a Carlos Villagrán, porque difícilmente habrá un jugador más acostumbrado a “ese frío pabellón” (como reza el himno del club), que el capitán navero, quien cumplió a la perfección en el arranque de partido, tanto o más que la defensa segoviana, en la que un Álvaro Rodrigues medio cojo volvió a ser espectacular, bien ayudado tanto por Alonso Moreno como por Alex Tello.

CUATRO GOLES EN 20 MINUTOS

Tanto fue así que, después de dos primeros ataques con gol en primera oleada del Cisne, el equipo gallego se vio incapaz de superar el 6:0 del Viveros Herol, que se lo ponía muy fácil a Ernesto Sánchez. De esta manera, del 3-2 del minuto cinco se pasó al 7-2 en el diez, y al 10-4 en el veinte, con los de casa circulando la bola sin cometer errores graves, y su oponente sin conseguir marcar en ataque posicional, absolutamente anulados sus laterales, y sin que Alberto Casares lograra conectar con Dani Ramos en el pivote.

La diferencia de siete goles con la que se llegó al descanso (16-9) pudo ser aún mayor si los de casa no se hubieran encontrado con los reflejos de Pablo Galán en varias acciones de contragolpe propiciadas siempre por una defensa excelente, que durante el primer período se impuso de manera muy clara al ataque gallego. Dani Gordo movía a prácticamente todas sus piezas, salvo Toma Brakocevic, que sin encontrarse del todo bien no participó en el juego hasta pasados un buen puñado de minutos de la segunda parte, y el conjunto de casa firmó una primera parte prácticamente sin errores.

SIN ÁLVARO, PEOR

Era tan difícil para el Viveros Herol Nava mantener el nivel exhibido en el primer tiempo, como necesario para el Cisne elevar el suyo si no quería salir del ‘congelador’ aún más frío de lo que había llegado. Así que la segunda parte transcurrió según lo previsto, con el equipo de casa algo peor, el de fuera bastante mejor… y los árbitros (como tristemente viene sucediendo de manera habitual en este deporte) empeñados en que el partido se igualara, midiendo con distinto rasero acciones de corte similar según las protagonizaran unos, u otros. Afortunadamente para los segovianos, el marcador era lo suficientemente amplio como para que las decisiones de los árbitros molestaran, pero no indignaran.

Además, el hecho de que Álvaro Rodrigues volviera a sufrir un golpe en su pierna ya dañada en el partido de Copa del Rey vino a influir en el devenir del choque, puesto que el central se fue al banquillo, y el pivote Dani Ramos vio el cielo abierto sin los interminables brazos del portugués interceptando cada envío hacia su posición. El Cisne fue más incisivo en ataque, encontrando una primera alternativa en su pivote que centró la atención suficiente como para que tanto Andrés Sánchez como Pablo Gayoso y Alejandro Pombo encontraran el metro suficiente como para armar el brazo con acierto, y las diferencias comenzaron a hacerse más pequeñas, pasando del 18-10 a un 20-16 a quince minutos para el final que, sin hacer encender las alarmas, sí sembró una cierta inquietud en las filas locales.

Las soluciones defensivas que propuso Dani Gordo para conseguir frenar el ataque gallego no surtieron el efecto deseado hasta que Álvaro no volvió a salir a la cancha, mientras que en ataque costó lo suyo adaptarse al 5:1 del Cisne, con defensa individual sobre Agustín Casado. Pero el equipo pontevedrés no logró reducir más las distancias, y el paso de los minutos fue llevando el cansancio a alguno de sus hombres, que cometieron algunos errores castigados con goles.

El Viveros Herol Nava encontró la solución al problema del 5:1 con Filipe en los seis metros, y Darío Ajo en el extremo. El pivote, que había errado un par de lanzamientos claros en el inicio de la segunda parte, tiró de recursos para superar al guardameta visitante en los minutos finales del choque, y Darío en el extremo también puso detalles de su calidad para aprovechar los buenos balones que le llegaron. Así, a menos de cinco minutos para la conclusión del encuentro el marcador señalaba seis goles de renta para los de casa, y poco después la incansable afición navera comenzó a cantar celebrando la victoria, que el Viveros Herol decidió en el arranque de partido. Porque, a veces (y aunque se congelen hasta los pensamientos), jugar en el Polo tiene sus ventajas.

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