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Sauquillo de Cabezas está de luto. Por Jesús Avilés Rubio, de 52 años de edad, fallecido en la madrugada del 7 de enero mientras un todoterreno de la Guardia Civil le trasladaba, en medio de la intensísima nevada, al Hospital de Segovia. Sin pretender poner paños calientes, la alcaldesa del pueblo, María del Carmen Bermejo, asegura que “murió por no llegar una ambulancia a tiempo”. El resto del vecindario piensa igual.

Residente en Sauquillo desde hacía un par de años, cuando él y su mujer, Ana Isabel Velasco, decidieron saltar la Sierra de Guadarrama y establecerse en el pueblo de ella, del fallecido se decía ayer en el bar de la localidad que era “una gran persona”. Estaba implicado en la vida social de Sauquillo. En la cabalgata del día 5, él iba a ser uno de los Reyes Magos. Pero “una gripe” —según el diagnóstico del médico que le atendió ese día por la mañana— se lo impidió, por lo que tuvo que dejar ese puesto a su mujer. No mejoró su salud por la tarde, ni tampoco al día siguiente. De hecho, alguien que le vio el día de Reyes comentó que tenía “mala cara”. Se quejaba por un dolor de tripa, y su temperatura cayó en picado. Al atardecer “se empezó a poner moradito”, señaló ayer a esta Redacción su esposa. Así que ésta llamó por teléfono, varias veces, al centro de salud de Turégano, informando del empeoramiento de su salud y solicitando la presencia de facultativos.

“A las 11,30 vinieron una doctora y un enfermero desde Turégano”, relataba la mujer del enfermo. En vista de la situación, la propia médica pidió una ambulancia, para el traslado de Avilés al Hospital de Segovia, y le puso una inyección de morfina, en un intento de paliar sus dolores. Las siguientes horas resultaron dramáticas. Ana Isabel intentaba tranquilizar a Jesús, diciéndole que la ambulancia estaba a punto de llegar, que aguantara. Afuera hacía una noche de perros. Pasaba el tiempo, la vida del enfermo se escapaba, pero a la casa familiar no llegaba el auxilio demandado. Sobre la 01,30 de la madrugada, ella volvió a coger el teléfono. “¡O venís ya o mi marido se muere!”. Desde el 112 se informó que la nevada imposibilitaba el acceso de una ambulancia hasta Sauquillo. Eso sí, como alternativa se envió un vehículo de la Guardia Civil.

“Llegaron sobre las dos”, dice la esposa del finado. El viaje a Segovia se hizo “eterno”. Se decidió ir hasta Navalmanzano, y de allí por la autovía de Pinares hasta Segovia. Fue hora y media hasta llegar al Hospital. Seguían cayendo copos y “se veían algunos coches que se habían salido de la vía”. “Solo tengo palabras de agradecimiento para la Guardia Civil por lo que hizo por nosotros; se jugaron el tipo”, insiste, una y otra vez, Ana Isabel. A las 03,30 llegó el vehículo al centro sanitario. Pero allí únicamente se pudo certificar la muerte de Avilés.

El dolor no terminó ahí. La familia del fallecido, habiendo conocido el fatal desenlace, quiso desplazarse desde Collado Villalba a Segovia. En esa noche infernal, aquello resultó una odisea, pues las dos vertientes de la Sierra de Guadarrama quedaron incomunicadas, y el luctuoso viaje, iniciado cerca de las cinco de la madrugada, no acabó hasta pasado el mediodía siguiente.

El finado fue incinerado el lunes, 8 de enero. El motivo de la muerte todavía no ha sido desvelado. “Estoy esperando el parte de defunción; espero que aclare algo”, señala la viuda. ¿Sufría previamente algún tipo de patología cardiaca? “No, no tenía nada importante… bueno, tenía gripe, o al menos eso es lo que dijeron”, agrega Ana Isabel.

Preguntada si piensa presentar denuncia por su caso, ella afirma que todavía no ha tomado una decisión. “No lo se, no lo he pensado, sigo en estado de shock”, decía. En cualquier caso, ayer se mostraba dispuesta a hablar, “para que no vuelva a pasar nunca más esto”.

Con similares palabras se expresaba la alcaldesa de Sauquillo, “indignada” por lo acontecido. “Si hay que cambiar algo, que se cambie, pero lo que no podemos permitir es que esto ocurra otra vez a alguien por vivir en un pueblo”, remató.

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