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Los cuellaranos tuvieron ayer una de las dos citas con el Niño de la Bola que marcan cada Navidad. Puntual, la imagen salió de la iglesia de San Miguel para iniciar una procesión más bien larga pero que a muchos se les queda corta y en la que las antiguas danzas castellanas no cesan. Como es costumbre, una menor afluencia de público acompañó desde la salida, para luego ir animándose a lo largo de todo el recorrido.

Las melodías y jotas hicieron breves pausas, pero las dulzainas de los hermanos Ramos, acompañadas del tamboril, lograron animar las calles y cumplir con el propósito de cada 1 y 6 de enero en Cuéllar: honrar al Niño de la Bola. Muchos danzantes cumplieron todo el recorrido bailando, otra de las tradiciones para muchos cuellaranos. Y es que este rito se fraguó hace siglos y ha pasado al acervo cultural de la villa. 

Caras conocidas portando la imagen y las varas caracterizan esta procesión, que este año contó con Luis Ramón Olmos como Mayordomo, quien ejerció muy agradecido el cargo. Tras ascender por la calle Colegio hasta la iglesia de San Esteban, donde se procedió al cántico de villancicos, el Mayordomo y su esposa fueron los encargados de portar la imagen con orgullo. Es en este punto donde los fieles comienzan a animarse. La salida de la iglesia de San Esteban, ya sin restos de ‘Reconciliare’ -excepto la escultura que se ha dejado a la puerta- es uno de los puntos en los que empieza a animarse el público y los cuellaranos se acercan a contemplar la procesión. Pero cada vez son más los que llegan desde otros puntos de la comarca a sabiendas de la arraigada tradición y devoción que hay en por el Niño de la Bola. Ya por la calle Duque de Alburquerque, las filas de danzantes se alargan y se llenan de cuellaranos, hasta llegar a una de las zonas de mayor afluencia, la calle La Morería. Su pendiente no es impedimento para alzar los pies al son de la jota, y aquí también se anima la juventud. Este año, además, las castañuelas, más conocidas como tejoletas, han vuelto a ser protagonistas gracias a la iniciativa de la Cofradía, que realizó un taller en el que se enseñó a tocarlas; los instructores del curso estuvieron presentes, como no podía ser de otra manera, mostrando su saber hacer.

EL NUEVO ESTANDARTE Las miradas de los cuellaranos se centraron en la imagen, por supuesto, pero también en el nuevo estandarte, del que el comentario popular fue de alabanza por su recuperación. De manos de un cofrade, el estandarte abrió la procesión durante todo el recorrido, con los vivos colores del óleo restaurado, la seda y todos sus elementos con un aspecto, ahora sí, digno de esta Cofradía y a la altura de una tradición tal. Entre las danzantes se pudo ver a una de las restauradoras, Azucena Fraile, que días antes explicó cuáles habían sido las labores junto a Isabel Saz, otra de las cuellaranas que, altruistamente, contribuyeron a que el estandarte luciera impecable este primer día de 2018. A cambio, la Cofradía les ha regaldo un cuadro con la imagen del Niño de la Bola, como símbolo de su trabajo y esfuerzo, y su aportación a la historia de la villa.

LA EVOLUCIÓN No hace falta echar la vista muy atrás para comprobar que lat radición que gira en torno al Niño de la Bola ha cambiado y evolucionado. Costumbres curiosas que han desaparecido, como explica Juan Carlos Llorente, eran, por ejemplo, la visita que hacían los hermanos al Mayordomo la víspera del día 1 por la tarde. El Mayordomo encendía una hoguera a la puerta de su casa y ofrecía vino y pastas. Otra que ha perdurado hasta hace pocos años eran las visitas al Mayordomo después de la misa matinal y sermón del Niño Jesús para tomar el llamado “refresco”, en el que tan solo el sacerdote tenía derecho a chocolate. Las novenas, el recorrido de la procesión y su horario también han variado. Quizá lo que menos variante ha experimentado es el recorrido, que se mantiene prácticamente a como era entonces, cambiando solo la entrada y salida de la procesión, que se hacía desde San Esteban, templo ahora sin culto.

Así, la próxima y última cita de 2018 con el Niño de la Bola será el próximo 6 de enero, día de Reyes. El frío volverá a ser protagonista, seguro, pero los cuellaranos caldearán el ambiente con sus danzas, también con seguridad.

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