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El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez, reconoció ayer la necesidad de reformar la Constitución Española, un reto “difícil” ante el actual panorama parlamentario, según sus palabras, que ha pedido afrontar sin miedo y entre todos y con todos, en referencia expresa a las comunidades autónomas, y tras dejar en el trastero el odio y la ignorancia.

El vicepresidente recuerda que el principal objetivo de esa reforma pasa por perfeccionar la Constitución de 1978 de forma “prudente, generosa y valiente” para que los que ahora se sienten incómodos puedan estar “razonablemente confortables”.

El político popular, psiquiatra de profesión, defiende también que la reforma de la Carta Magna podría ser “un buen diván” para resolver las represiones que se mantienen en el inconsciente colectivo y que impiden hablar de España y del sentimiento patriótico sin complejos, “y no identificando la palabra España con Franco y dictadura, pues el diván, sin duda, es una buena disciplina emancipadora”.

“Hay que abordar la reforma sin miedo, con la ilusión de trabajar en un proyecto compartido, con mucho sentido común y diálogo, y dejar el odio y la ignorancia en el trastero y no olvidar nunca, en este largo camino que debemos recorrer, que es muy difícil crear algo nuevo simplemente desobedeciendo lo existente”, advirtió el vicepresidente del Gobierno de Juan Vicente Herrera.

De Santiago-Juárez reconoce en este artículo que ningún español menor de 55 años ha podido votar la Constitución Española lo que dificulta, a su juicio, que pase la “ITV” de las generaciones más jóvenes por lo que insiste en esa reforma “en profundidad, valiente e imaginativa”, especialmente en lo relativo al modelo territorial pero sin caer en el “estilo de los modernos izquierdo-populistas, tan sobrados de narcisismo juvenil como de hemiplejia ideológica, y tan poco respetuosos con las instituciones democráticas que podrían pretender una reforma a base de tuits encadenados”.

En su opinión, debe ser una “reforma seria” en la que se incorporen nuevos derechos civiles, la igualdad femenina en la sucesión de la Corona, la sociedad digital, nuevas formas que mejoren la participación, medidas de regeneración democrática y calidad de la política y algunas reivindicaciones del movimiento 15-M pero centrada en el modelo territorial.

Deseos reprimidos

“Ante este reto, pueden renacer viejos deseos reprimidos y surgir otros nuevos, alimentados en los últimos años, que emerjan como tentaciones al abordar la reforma”, advirtió el vicepresidente, en referencia al “síndrome de la papelera de reciclaje” que lleva a sustituir un texto por otro y escenificar “la muerte del padre”, según la figura metafórica freudiana.

Para De Santiago-Juárez, la segunda tentación es el “síndrome del salto al vacío” y consistiría en cambiar el modelo de Estado para pasar de una monarquía parlamentaria a un Estado republicano para satisfacer a “ciertos nacionalismos, a los nuevos partidos de izquierdas y a algunos sectores de la izquierda tradicional” e incluir la “idea obsesiva” de la autodeterminación de una parte del territorio, “cuestión esta que es difícil encontrar en alguna Constitución escrita”, aclaró.

La tercera tentación o “síndrome de la vuelta al pasado” sería dar un giro al modelo territorial y apostar decididamente por una recentralización lo que vaciaría de contenido competencial a las comunidades, “el chivo expiatorio perfecto en los años de la crisis según ha lamentado. “Esto sería para algunos un retorno de deseos reprimidos en el inconsciente”, insistió.

Según explicó, la cuarta tentación o “síndrome del hijo pródigo”, podría consistir en ampliar privilegios a algunas comunidades, especialmente a las denominadas históricas, con la “falaz idea” de avanzar hacia un modelo de federalismo asimétrico o un modelo confederal, “que lo único que nos traería serían desigualdades y desequilibrios entre territorios y una pseudosatisfacción temporal de los nacionalismos”.

En su opinión, el “mal denominado Estado plurinacional” tampoco solucionaría las cosas desde el convencimiento de que un Estado democrático es un Estado de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones y no de naciones. “Es evidente que un principio básico del federalismo es la igualdad de todos los entes que lo componen”, defendió.

FuenteEuropa Press
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