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Si la estatua de Antonio Machado situada a la entrada del teatro Juan Bravo se hubiera convertido ayer en carne, por capricho de alguna musa de las artes, y el resucitado poeta sevillano hubiese entrado en el edificio recién inaugurado por la Diputación de Segovia, habría comprendido con rapidez cuán desafortunado fue aquel poema suyo en el que calificaba a los castellanos de “atónitos palurdos sin danzas ni canciones”. Porque ayer, durante poco más de dos horas, por el escenario del Juan Bravo pasaron una docena de grupos de danzas de la provincia que demostraron la enorme riqueza que atesora esta tierra en ese apartado.

La idea de reunir grupos de danzas en un concurso provincial de danzas no es nueva. Carmen Torquemada recordaba ayer que entre los años 1966 y 1977 se desarrolló una iniciativa similar, bajo el amparo de la Sección Femenina, pero su disolución supuso el fin de la convocatoria. Recientemente, el grupo de danzas ‘Emperador Teodosio’, ha decidido recuperar un certamen de este tipo, y las cuatro ediciones ya celebradas constatan el éxito de una fórmula que, además, tiene un fin benéfico, pues la recaudación obtenida va a parar a la asociación ‘Autismo Segovia’.

Un total de diez formaciones participan en el concurso. “En las bases —recuerda Torquemada— ya se indica que se acepta a los diez primeros inscritos, sin exceptuar a nadie”. Desde ‘Emperador Teodosio’ se justifica tal medida en aras de conseguir un espectáculo dinámico, no demasiado largo. Cada grupo de danzas interpreta únicamente dos piezas, mientras un jurado calificador, integrado por expertos, evalúa seis aspectos, que van desde la música hasta la danza, pasando por el vestuario…

Jorge García Ávila, presidente del jurado, reconoció al final “la enorme dificultad” para elegir un ganador, agregando a continuación que dos grupos de danzas merecían ese galardón. A renglón seguido, reveló el misterio. El tercer puesto era para Vegas de Matute, el segundo para Cabezuela y el primero se lo llevaba… Arcones.

No hace faltar recordar el peso de la tradición en Arcones, el único pueblo de Segovia que ha sabido mantener el auténtico Carnaval, el primigenio. Pues bien, el trabajo del grupo de danzas ‘La Cachucha’ está logrando mantener el folklore del pueblo, y el premio de ayer así lo reconoce.

Cabezuela ejecutó una actuación magistral, sin tacha. Y Vegas de Matute puso en escena un colorido de vestuario resaltable, en otras épocas no entendido. El jurado, del que formaban parte Paloma de Pedro —de la Compañía Lírica Extremeña— y dos estudiosos del folklore segoviano, Félix Contreras y Fuencisla Álvarez— decidió dar un accésit al grupo de danzas de Caballar, por la música de las piezas interpretadas, en un velado reconocimiento al musicólogo Víctor Sanz.
La alta calidad de los grupos de danzas no premiados fue, en rigor, el indicador de la extraordinaria categoría del concurso. El precioso vuelo de los manteos de las riazanas, la innovadora coreografía de ‘Las Zarrizuelas’ de Aguilafuente, la demostración de las cantalejanas de que para danzar no hay edad, la noticia de que Mozoncillo quiere recuperar sus bailes o el buen hacer del grupo de Villacastín entusiasmaron al público, que llenaba hasta la bandera el teatro.

De regalo, mientras el jurado deliberaba, una exhibición de virtuosismo, la de los danzantes de Valleruela de Pedraza, ganadores del concurso anterior del ‘Emperador Teodosio’, que no han perdido un ápice de su arte. Y luego, el grupo de danzas organizador, ‘Emperador Teodosio’, tuvo su momento de protagonismo.

Dijo Sara Dueñas, la diputada provincial de Cultura, sin ánimo de desprestigiar a los premiados, que lo importante del concurso de ayer era comprobar el trabajo realizado por los grupos de danzas para mantener el legado cultural heredado de los mayores. Un patrimonio que, dicho sea de paso, peligra. En ese sentido, Fuencisla Álvarez, a modo de colofón, animó a todos los presentes a “rescatar los valores etnográficos”. “Cada pueblo —remató— tiene los suyos, pero muchas veces no lo sabe”.

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