Publicidad

TEXTO Y FOTOS: JUAN CARLOS LLORENTE MÍNGUEZ

Adyacente al edificio que fue parroquial de Santo Tomé, extramuros, cercana a la desaparecida puerta de Carchena, la Capilla de Santo Tomé o de la Virgen, subsistió a la desamortización de la parroquial, que tuvo lugar a fines del siglo XIX.

Santo Tomé, que ya existía en 1.272, era ruina a principios del siglo XX en que fue adquirida, casi siendo ya un solar, sobre el que se construyó una fábrica de harinas, excepto parte de la torre y su capilla lateral, ésta quizá porque alberga enterramientos que eran de propiedad privada, y la imagen de la Virgen del Rosario, Patrona de la Villa, capilla que se ha conservado hasta la actualidad aunque en un precario estado.

La Capilla parece exenta de la iglesia que fue parroquia, aunque sospecho que hubo, en tiempos, algún tipo de comunicación con la misma, quizá tras el cuerpo de enterramientos de los que se hablará más adelante.

El cuerpo de la capilla, situada en lo que fue barrio de su nombre, barrio que en el siglo XVIII albergaba tenerías, construcciones de las que alguna aún se conserva alguna, sigue un tanto la dirección de lo que fue la iglesia, con cierta desviación respecto del eje este-oeste común a las iglesias cuellaranas, quizá por adaptare a los terrenos aledaños que se elevan hasta la colina llamada del Castilviejo, o quizá por evitar el tránsito de arroyos provenientes del Valle de Valdihuertos y de la carretera de Peñafiel, arroyos que atravesaban las fincas de los conventos de San Francisco y de la Concepción, además de recibir en las inmediaciones las aguas vertientes desde la zona norte de la Villa por la llamada Calle Nueva, que confluían todas en este mismo lugar, para, después de ser aprovechadas por las industrias de tenerías del barrio y por huertas, dirigirse por el arroyuelo de Santa Clara, a desembocar en el arroyo Cerquilla.

La capilla, en la actualidad, aún es utilizada por la Parroquia para cultos que se centran en las vísperas de las Fiestas de Cuéllar, cuya titular es la Virgen del Rosario, imagen que tiene su sede en la misma, aunque actualmente se ubica en la parroquial de San Miguel, por seguridad, dado el estado deficiente en que se encuentra el inmueble.

La edificación, adosada al único ábside de la antigua iglesia, desarrolla a su vez su propio ábside gótico, del que aún se pueden observar sus trazas en el exterior y en el paso cubierto que se generó desde la capilla hasta el camarín de la Virgen, edificado tras el mismo y horadado en su parte central para facilitar una comunicación entre el dicho camarín de la Virgen y el altar mayor de la capilla, con el objetivo de que la imagen de la Virgen tuviera un espacio rotatorio de servicio devocional en el camarín y en el altar mayor de la capilla.

La nave de la capilla presenta dos espacios constructivos claramente visibles, el primero hacia el ábside, es de estilo gótico; el segundo es un añadido del siglo XVIII. El primero, en el exterior, es de cal y canto con alero de canes sin figuración alguna; el espacio se delimita por dos contrafuertes; entre ellos se abre una puerta de arco carpanel que en el interior se corresponde con el arco de un lucillo al que se le abrió este vano.

La fachada hace una pequeña inflexión rompiendo la línea de dirección de la fábrica, por el añadido del siglo XVIII, cuyo espacio se denota por el tipo de alero de bocateja de losa plana y por la esquina que se remata alternando sillares y restos de las dovelas de un arco troceado y reutilizado a tal fin.

La fachada se remete hacia un espacio en que se ve la mitad de un arco gótico que debió de ser de un atrio prácticamente desaparecido; junto a él se abre una portada de arco de medio punto abocelado y no perteneciente al conjunto; el arco quizá provenga del interior de la iglesia.

El vano del arco está cerrado por una reja que en su día separaba el presbiterio de la capilla de la nave central única; tras ella se da acceso a un portal, a modo de atrio, en que una puerta románica cegada, nos dice del primitivo acceso a la iglesia de Santo Tomé en su lado sur. La portada románica es de una sola arquivolta de bocel, adornada con puntas de diamante; el arco descansa en sendos capiteles con decoración muy abstracta cuyo contenido es difícil de matizar. El conjunto se ampara bajo un arco de medio punto de sillares bien escuadrados.

A mano derecha una puerta adintelada da acceso a la capilla, cuyo primer espacio es el añadido en el siglo XVIII, cuando la devoción a la Virgen tuvo una eclosión entre los cuellaranos; el espacio se cubre con bóveda de molduras planas, protobarrocas, y arcos de crucería apuntados, imitando los de los dos cuerpos siguientes que son góticos, aunque están revestidos de yesos que a su vez ocultan una decoración anterior.

Las paredes enyesadas también ocultan pinturas que parecen representar las escenas de un viacrucis. En el primer cuerpo de los góticos, al lado del evangelio, se abre un lucillo de arco reducido, lo que nos hace pensar que en el siglo XVIII se levantó el piso, quizá por evitar humedades, para enlosarlo como lo está en la actualidad. Varias laudas sepulcrales, con armas heráldicas, se ubican al pie del presbiterio.

En el segundo cuerpo gótico, al lado del presbiterio, un arco carpanel con decoración de bolas, se inscribe, a modo de lucillo, en un enterramiento de tres cajas de madera o féretros, ordenados hacia el ático, de mayor a menor; como si fuera un altar, se adorna con casetones de yeso que rematan en un florón en el ático; bajo el mismo se ubica un lienzo de la Virgen amparado en sus laterales por dos escudos en color, sostenidos por dos titanes. El conjunto, en los laterales, conlleva un armorial de diez escudos de piedra, con las armas de los Arellano, Velázquez, del Puerco, y otras linajudas familias de la Villa. Los enterramientos, según tradición, pertenecían a la familia de los del Corral y Arellano.

A mano derecha del altar mayor, se abre una puerta que da paso a lo que fue sacristía, adosada al ábside, de estructura precaria, de cal y canto. Desde ella, en el interior, se puede acceder a una cripta situada debajo del camarín de la Virgen, cripta en que se pueden apreciar los cimientos del ábside gótico y restos de un cercado cementerial.

A la izquierda del altar mayor, otra puerta da acceso a un pasillo cubierto, adosado al ábside tanto de la capilla como al que fue de la iglesia de Santo Tomé; tras unos peldaños, se abre la puerta del camarín dieciochesco, de construcción pobre, decorado por una cúpula que remata en linterna con decoración de yeserías barrocas.

La cúpula descansa en cuatro pechinas decoradas con frescos que representan a los cuatro evangelistas. El punto de comunicación del espacio con el interior del templo, se hace mediante un arco que horada y atraviesa el ábside gótico hasta el altar mayor de la capilla. Ornamentan el conjunto pinturas al fresco con representación de ángeles en corte celestial, arquitecturas palaciegas y dos hojas de balcón de vidrios emplomados.

Pertenecientes a la Capilla, varias imágenes están depositadas en el cercano Convento de la Concepción como una imagen de la Virgen de la escuela de Pedro de Bolduque, un San Sebastián del siglo XV, un Santo Tomé y un San Juan Bautista del siglo XV-XVI y dos lienzos barrocos de temas marianos, además de la imagen de la Virgen de Santo Tomé o Nuestra señora del Rosario, Patrona de la Villa, talla de gran mérito de principios del siglo XIV y de la eminente historiadora del arte, Elena Gómez Moreno, dice:

“Con el estilo gótico, una oleada de amable naturalismo, vino a animar la imaginería. Una imagen de Cuéllar muestra un buen ejemplo de ello, en que el Niño, desentendido del espectador, sonríe, alargando la mano hacia la flor que su Madre le ofrece…”

En su honor se celebran las Fiestas de Cuéllar en que tienen lugar los Encierros de toros más antiguos de España.

Su sede es la Capilla de Santo Tomé, anexa a la que fue parroquia del mismo nombre, aunque ahora, por razones de seguridad, se venera en la iglesia parroquial de San Miguel.

FuenteJuan Carlos Llorente Mínguez
Compartir