Plaza de Turégano en la mañana de ayer.
Visitantes ayer en la plaza de Turégano
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Un año más, Turégano celebró ayer el día grande de su tradicional feria de San Andrés. Y a pesar del intenso frío —y la nieve caída de forma intermitente en la jornada ayer— los habituales visitantes, la mayoría de los pueblos del entorno de la villa episcopal, no fallaron al evento, que ha modificado la vida en Turégano, y no solo por el corte al tráfico rodado de su plaza porticada.

En cuanto a la feria en sí, la de este año constata que mantiene el tirón, pero no por la maquinaria agrícola y ganadera, cuyo número de expositores sigue bajando, sino por los puestos de artesanía, agroalimentación y textiles, entre otros sectores.

A lo largo de los siglos, la feria de Turégano ha ido cambiando. De ser una feria de ganado pasó, a mediados del siglo XX, a convertirse en un evento de referencia de maquinaria agrícola y ganadera. Ahora llegan otros tiempos, y otro tipo de expositores son los que predominan.

Pero lo importante es que la feria ha conseguido subsistir, aunque poco tengan que ver las metas de quienes acuden allí a las de los que iban hace un siglo. El bacalao arriero, por citar un ejemplo, es hoy un atractivo turístico característico de estas fechas, que Turégano aprovecha para darse a conocer y sacar algún tipo de rédito.

Y si no, que se lo pregunten a los chicos del club local de fútbol, que aprovechan la feria para colocar un stand donde venden diferentes productos de marketing del equipo, con la intención de conseguir fondos para mantener su ilusión colectiva.

La feria, que cuenta con 70 expositores, se clausura esta tarde.

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