La iglesia de Santa María de la Cuesta, espera su rehabilitación

Muchos habíamos pensado que, esta iglesia señera de Cuéllar, iba a estar ya rehabilitada para este evento que ahora se desarrolla en la Villa: Las Edades del Hombre, pero no ha sido así. No es menos cierto que desde la Junta de Castilla y León, se dispuso una primera fase que estudiara el estado del templo, cosa que ya se ha hecho y que, esperemos, sea la base para una inmediata rehabilitación. Para que los lectores se exponen aquí algunas circunstancias históricas y arquitectónicas de esta que fue parroquia cuellarana que dada su situación en la cima de una colina, se ha convertido en un icono que domina la silueta del caserío cuellarano.

Extramuros de la Villa, al sur de las murallas, se levanta sobre el espigón de un cerro que arranca de las inmediaciones del sur de la fortaleza y que genera dos valles, uno, el denominado de la Huerta del Duque, y el otro en denominado Barco de Nuestra Señora entre este lugar y el paraje llamado de Las Lomas. Su situación puede sugerir que la iglesia se levantó sobre algún tipo de defensa, aunque este hecho no ha sido corroborado aún por la excavación pertinente. Fue una de las parroquias de mayor prestancia de la Villa. En su barrio residían hidalgos de pro, como los Ruiz de Herrera, cuya casa solariega aún se conserva en la calle de Segovia. Aquí tenían sus casas y palacios los Obispos segovianos don Fernando Serracín y don Pedro de Cuéllar; don Pedro convocó un sínodo en esta iglesia el año 1.325, de donde salió el primer catecismo eclesiástico escrito en castellano. Se documenta en el año 1.308 pero parece ser obra anterior, sobre todo del siglo XII-XIII. Diego de Colmenares habla de un “gran claustro” que si hubo, no ha llegado hasta nosotros ni el más mínimo resto.

La iglesia en sí, aunque de tradición adscrita a la Orden de los Templarios por nadie demostrada, es una parroquia extramuros de muy rica vida feligresa, con familias que adquirían propiedad temporal de las sacristanías al servicio parroquial y en entre cuya feligresía había notables familias cuellaranas, asentadas en lo que hoy es Calle de Segovia y Calle de Medina; dos calzadas empedradas, aún vigentes, daban acceso al templo y prácticamente lo delimitaban, la Calzada de Santa María, al norte y la Calzada de San Isidro al sur, que hacía la división con la parroquia del Salvador.

El templo, a pesar de las remodelaciones sufridas a lo largo de los siglos, mantiene su carácter románico y mudéjar. Es Bien de interés Cultural desde 1994.

La entrada actual a la iglesia por su fachada norte, se realiza por medio de un arco gótico en marcado por arcos mudéjares hoy día cegados como otros dos hacia el oeste y otro hacia el este donde se encuentra con la base de la torre; son los arcos de roscas en saledizo pertenecientes al antiguo atrio mudéjar que se cerró desde la antigüedad para servir de granero o cilla y posteriormente (siglo XIX) para albergar la casa de los sacristanes. En la fachada oeste se abre una puerta de arco de medio punto renacentista precedida por un pórtico conformado por dos columnas de traza renacentista basadas en bloques pétreos, columnas que sostienen un tejado; un portal semejante hubo en la puerta norte, hoy desaparecido. La fachada de poniente es de mampostería en la que un óculo sencillo y de no mucha antigüedad, da luz a la nave de la iglesia. Por cima, una ventana mudéjar sería la que en origen daría luz a la nave central antes de cubrirla con bóveda barroca. Aunque la iglesia sufrió un incendio en 1.970 que destruyó el tejado, se sabe que aún se reconocían las vigas de par y nudillo que sostenían el artesón que cubría la nave central, restos que fueron consumidos por el incendio.

Accediendo a la iglesia por la puerta norte, nos encontramos en el espacio que fue el interior del atrio, cubierto por bóveda barroca de yesería sencilla, e interrumpido hacia el oeste por las dependencias parroquiales ya citadas; en las paredes junto a la puerta, se reconocen, enfoscados, los aparejos de ladrillo de los arcos mudéjares que esperan su rehabilitación y puesta en valor. A mano izquierda del interior del atrio está la base de la torre, su día aislada del cuerpo superior, y destinada a osario, ventilado por dos ventanas aspilleras mudéjares. Precede a la puerta de esta base, un espacio que parece haber sido capilla mortuoria, pues frente a frente, dos lucillos de arco gótico aún muestran las bases donde pudieron estar colocadas las cajas osario; un gran arco de sillares gótico ampara el conjunto. El acceso antiguo a la torre, aún se reconoce oculto tras el actual altar de San Miguel en la nave central. La entrada a la nave de la iglesia se efectúa por portada de arco de medio punto con bocel, de traza renacentista, de sillares enfoscados y pintados a principios del siglo XX.

FuenteJuan Carlos Llorente 
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