Tinín, hijo predilecto

La corporación acuerda, por unanimidad, conceder tal nombramiento al asador, “en reconocimiento a su trayectoria y agradecimiento por su promoción de la villa”

Hijo predilecto de Sepúlveda. Dicho así, suena a nombramiento solemne. De momento, a Martín Antoranz Tinín el premio le ha aliviado los dolores de la úlcera de estómago con la lleva unas semanas peleando. “Me ha hecho mucha ilusión, ¡mucha!”, declara, explicando que fue el alcalde, Ramón López, y el concejal de Cultura, Miguel Ángel Alonso, quienes le informaron de la intención de la corporación de aprobar tal nombramiento. Así que el bueno de Tinín fue al pleno del pasado 18 de agosto en el que se trató tal punto, y donde hubo de escuchar, de palabras del alcalde, que “en reconocimiento a su trayectoria y en agradecimiento por haber llevado el nombre de Sepúlveda a todos los rincones”, recibiría el antedicho título, el de ‘hijo predilecto de Sepúlveda’. Así que ahora anda Tinín ufanándose del regalo recibido, y advirtiendo que toda la corporación, por unanimidad, apoyó la propuesta, algo que no resulta habitual en la Sepúlveda actual.

A sus 79 años, Tinín echa la mirada atrás y asegura haber pasado toda su vida en el horno de asar. “No creo que haya fallado más de diez ó doce días”, agrega.

A su familia paterna se la conocía en Sepúlveda por el apodo de ‘los zutes’, palabra que hacía referencia al hollín negro. Les llamaban así porque eran “muy morenos”, posiblemente por haber adquirido ese color en las Hoces del Duratón, durante las largas horas al cuidado del ganado. ‘Los zutes’ eran, ante todo, carniceros. Tenían, eso sí, ovejas. Y los días de mercado en Sepúlveda, los jueves, asaban en su casa para dar de comer a vendedores y labradores que acudían en burro o carro desde los pueblos cercanos.

Al quedarse sin padre muy joven, a Tinín le tocó tomar las riendas del negocio junto a su madre, Florencia. Los turistas empezaron a llegar a Sepúlveda en los años 60, al popularizarse el Seat 600. Él vio el filón y decidió abrir su figón —además de los jueves— los sábados y los domingos. Un posterior accidente, en el que perdió más de 50 ovejas, le hizo comprender que deía abandonar su faceta de ganadero para centrarse, definitivamente, en su figón, Zute el Mayor ‘Tinín’.

Los 70 fueron sus años más felices. Se casó con Mercedes y la vida le sonreía. No había personalidad relevante en España que no hubiera probado su cordero. Don Juan Carlos I y Adolfo Suárez eran clientes habituales suyos. “Por aquí —dice ahora— han pasado políticos de derechas y de izquierdas; el cordero les sienta bien a todos”.

En los años 80 y 90, los premios le llegan en cascada. Entre ellos, la Medalla al Mérito Turístico 1988 o el Garbanzo de Plata, otorgado en Nueva York, en 1998. Pero él no cambia y sigue madrugando para ir a elegir los corderos y luego prepararlos en su horno de asar…

Ahora está pasando el testigo a sus dos hijos, Mercedes y Tinín. “Yo ahora estoy de comodín, son ellos dos los que llevan el peso”, dice, queriendo subrayar que el cordero que se sirve hoy se elabora “como toda la vida” y sabe “igual de bien”.

Antes de que acabe de septiembre, en un acto público, cuya fecha todavía no ha sido acordada, Tinín tendrá que ir de nuevo al salón de plenos, a recibir su nombramiento y el aplauso unánime de toda Sepúlveda.

FuenteGuillermo Herrero 
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