Un disgregado pero controlado encierro marca el cuarto del ciclo cuellarano

Al inicio del tramo urbano, final de El Embudo, un astado se dio la vuelta y volvió a recorrer unos metros hacia arriba, aunque fue reconducido

El cuarto de los encierros de Cuéllar volvió a dejar un sabor agridulce a pesar de que su desarrollo fue bueno y sin muchas complicaciones. Los toros salieron de los corrales del río Cega a las ocho en punto, con uno de los astados rezagado pero que rápidamente se unió al resto de la manada para adentrarse en el pinar.

La expectación siguió siendo máxima en el cuarto día de encierros, con los alrededores de los corrales absolutamente a rebosar de público, y casi en cada punto del traslado campestre. El teniente de alcalde de la villa, Javier Hernanz, explicó que el problema de la manada fue que no se la pudo parar donde era deseo de caballistas y director de campo. Hasta prácticamente antes de Las Máquinas no se pudo parar a la manada; los toros fueron por delante de los cabestros y resultaba realmente complicado pararlos. A las 8.30 en punto cruzaban Las Máquinas y, posteriormente, la carretera de Cantalejo, donde la expectación no es menor. Otra de las paradas ha sido donde corresponde por costumbre, en el descansadero, y con dificultades, pues dos astados volvieron a colocarse por delante de la manada. El siguiente punto fue el túnel, sin altercados, pero de nuevo se les quiso parar al cruzar la autovía, donde se comen las tradicionales pastas, pero de nuevo no se dejaron.

Así, tuvieron que continuar hasta el páramo, y después de darles vueltas circulares, se consiguió que frenaran su camino. Inquietos pero compactos, todo hacía vaticinar que la entrada sería normal y adecuada. No obstante, llegó la sorpresa en El Embudo. Solo un astado inició la carrera con los mansos, y cinco se quedaban a mano izquierda de El Embudo, arriba, llegando hasta donde se coloca la gente con sus vehículos, creando algunas situaciones de peligro y tensión que no llegaron a más. La suerte llegó cuando el toro adelantado dio la vuelta con los mansos y se reunió con la manada, subiendo en sentido contrario y pudiendo reagrupar a toda la manada. En esta segunda intentona de bajada, tres cabestros se adelantaron y entraron en el recorrido urbano, llegando hasta la Plaza de Toros ante la sorpresa del público que esperaba en la talanquera. No fueron pocos los corredores que agradecieron este hecho, ya que demandan que haya menos bueyes en el encierro. Solo cinco mansos acompañaron a todos los astados en un encierro disgregado en las calles cuellaranas.

Un toro adelantado, el resto agrupados y otros dos más rezagados deslucieron las carreras de los aficionados. Desde La Resina, los mozos iniciaron la marcha tirando de los toros hacia arriba, intentando que el encierro fuera más uniforme. Algunas de las reses arremetieron contra las talanqueras sin mayor consecuencia que algunas caídas.

Para Javier Hernanz, el encierro del martes fue modélico, y este del miércoles no obtuvo calificativo igual, pero sí destacó el trabajo de caballistas y demás agentes implicados, además de la “diosa fortuna, que a veces nos visita”, como bromeó.

FuenteCHANTAL NÚÑEZ 
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