Cantueso para el Santísimo

La novedad de este año fue que la misa tuvo lugar en San Miguel, a causa de las obras en la Catedral

Vestidos con el traje de su Primera Comunión, los niños y niñas de Segovia capital esperaban, poco antes de las once de la mañana de ayer, el inicio de la misa de Corpus Christi, que este año tenía como novedad el lugar de celebración, la iglesia de San Miguel, en vez del habitual, la Catedral, a causa de las obras en curso en el primer templo segoviano. A esa hora, afuera hacía ya calor, mucho calor, y dentro de San Miguel reconfortaba la temperatura, más fresca, a pesar de que la iglesia se llenó de público. Presidió la misa el obispo, César Franco, y al final de la ceremonia el canónigo Ángel García Rivilla tomó en sus manos el Santísimo, para depositarlo cuidadosamente en la custodia de plata de la Catedral, del siglo XVII.

Acto seguido tuvo lugar la procesión eucarística, considerada como la principal expresión pública de la fiesta. Saliendo de la Plaza Mayor por la calle Cronista Lecea, realizó un recorrido circular, aromatizado por el cantueso esparcido por las calles y los pétalos de rosa lanzados desde balcones y ventanas. Tras pasar por la iglesia de Corpus Christi, a cuya entrada se había instalado un pequeño altar, el Santísimo entró en la Plaza Mayor por la calle de Isabel la Católica, dirigiéndose hasta la Catedral, donde el obispo bendijo a todos los asistentes, dando así por concluido el acto central de la fiesta.

Un año más, pues, de Corpus Christi, la fiesta más relevante de Segovia, al menos durante los últimos cinco siglos.

De ella hay noticias desde 1577, lo que no significa que ese año se oficiara por primera vez. A principios del siglo XVII, en concreto en 1607, las campanas de las iglesias despertaron a los vecinos de Segovia a las cuatro de la madrugada, anunciando los actos, que dieron comienzo con una eucaristía, a la que se siguió la procesión con el Santísimo, para acabar con la representación de un auto sacramental en la Plaza Mayor. De algún año (1641) hay incluso constancia de la organización de festejos taurinos.

De acuerdo a los estudios del historiador norteamericano Michael J. McGrath, la procesión de Segovia admitía música y danzas, y contaba con elementos no religiosos “sobre el que el Sagrado Sacramento emergía simbólicamente triunfante”. Con la llegada al trono del rey Carlos III, se separó lo religioso y lo profano.

En cualquier caso, y a pesar de los cambios, la fiesta ha continuado hasta hoy, sucediéndose año a año espléndidas manifestaciones de amor a la eucaristía,

FuenteG.H. 
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