Lo desconocido de Aniceto Marinas

Antonio Horcajo presentó su libro sobre la vida y la obra del insigne artista segoviano

Por fin. Antonio Horcajo presentó en Segovia su libro sobre Aniceto Marinas. Una obra “largamente esperada”, como señaló el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, al inicio del acto, celebrado en el salón de plenos de la institución provincial. Posiblemente, no haya otro libro de tan prolongada gestación. El volumen es fruto de las conversaciones mantenidas durante tres años —a inicios de los 50— entre el artista y Horcajo. De lo que empezó siendo una entrevista para publicar en EL ADELANTADO surgió una sincera amistad entre ambos. Y el escultor, aquejado de “una gran soledad” durante su última etapa, le contó confidencias a Horcajo, quien interpretó que lo hacía para que fueran transmitidas a otros. Las notas tomadas durmieron décadas en una caja, hasta que ahora salen a la luz.

“No es un libro escrito para los estudiosos sino para la gente; no doy las medidas de sus obras sino que hablo de la emoción que producen”, advirtió el autor, quien reveló diversos datos con objeto de acercar Marinas a los asistentes a la presentación de ‘Grita el bronce. Habla la piedra. Reza la madera’ —el título del libro—. Sobre el pensamiento de Marinas, destacó que siempre anteponía el artículo ‘el’ a sus obras, nunca el ‘mi’. Así, hablaba de “el Velázquez”, no “mi Velázquez”. Entendía que las obras, cuando salían de su estudio, ya no no le pertenecían. “Me decía que el observador de una obra de arte es el dueño de ese momento, y que era ese observador quien tenía que sentir una emoción”, recordaba Horcajo. Por otro lado, aseguró que “se equivocan quienes piensan que era un artista anquilosado en el siglo XIX”, poniendo, a modo de ejemplos, el cerramiento del monumento a Daoíz y Velarde o la melena al viento de su Velázquez.

En cuanto a la persona de Marinas, el autor del libro recalcó que era un hombre “muy católico”, lo que no le impedía mantener amistad con personas que no lo eran, como el escultor Mariano Benlliure, declarado masón. Preguntado por tal hecho por Horcajo, Marinas contestaba diciendo que “todos somos hijos de Dios” y que “(las creencias) no tienen que ver con la amistad”. Aunque era ahorrador —al parecer, trabajó toda su vida con la misma bata—, “siempre que venía a Segovia quitaba muchas penalidades”, pues daba donativos a quienes pasaban por dificultades. Según Horcajo, en su casa de Madrid Marinas echaba de menos Segovia, sobre todo el sonido de las campanas.

“(Horcajo) conoce tanto a Marinas que no se va a poder igualar, al menos durante mucho tiempo, esta obra”, sentenció el director de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, Rafael Cantalejo.

FuenteGuillermo Herrero 
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