Déjame subir al carro

El Arriero Claudio, dentro del programa ‘Ludotecas en familia’, ofrece un recorrido por la historia de la ciudad que encandila a grandes y pequeños

A principios del siglo II después de Cristo, en la época del emperador Trajano, los romanos comenzaron a construir el Acueducto de Segovia, una gran obra de ingeniería hidráulica de la que los segovianos pueden disfrutar cada día, aunque casi seguro que muchos de ellos nunca se han planteado el arduo trabajo que tuvieron que realizar para levantarlo.

También habrá quien pasee cada día por la Calle Real sin saber de dónde procede dicha denominación; o quien admire la ‘mujer muerta’ sin conocer la leyenda de su creación; o quien no sepa que en la iglesia de San Martín se esconden seres mitológicos, como las arpías o un basilisco…

Segovia esconde miles de secretos que hay que saber desentrañar y nadie mejor para ello que el Arriero Claudio, quien ofreció ayer a grandes y pequeños un recorrido por la historia de la ciudad organizado por el Ayuntamiento dentro del programa ‘Ludotecas en familia’. Con la idea de pasar una mañana amena, de ocio, pero con un componente educativo y, sobre todo, en familia, padres e hijos acudieron a la llamada de este personaje segoviano que comenzó su recorrido en el Azoguejo.

Allí, no dudó en pedir ayuda a grandes y pequeños para levantar un acueducto como el de Segovia, eso sí, con bloques de poliespan, que las piedras utilizadas para construir el de verdad llegan a pesar hasta mil kilos y con eso no hay quien pueda. Mientras el acueducto iba tomando forma, el Arriero Claudio aprovechaba para ir enseñando, sobre todo a los niños, tanto un poco de historia sobre los romanos y sus construcciones como vocabulario.

Y una vez levantado el acueducto, llegó el momento de cambiar de escenario. Claudio sacó su carro de arriero, donde lleva todo lo necesario para recorrer la ciudad, como un cesto de mimbre, una bota de vino, un saco de lana… Hasta su mascota, el cerdito ‘Cándido’.

También lleva en el carro instrumentos musicales, porque el recorrido se hace mejor cantando. Y así, todos juntos tirando del carro y entonando la estrofilla ‘Ay déjame subir al carro, carretero, ay déjame subir al carro, que mira cómo vengo’, la Calle Real se fue abriendo ante la gran comitiva, con sus esgrafiados, sus escudos en las fachadas, su historia…

Varias paradas en el camino para seguir aprendiendo y conociendo cómo era la vida de nuestros antepasados en la ciudad, tanto en la parte amurallada como fuera, por ejemplo en las Tenerías. Los pequeños pudieron ver un vellón de lana auténtica de oveja merina

—el oro de los segovianos en la Edad Media— y aprendieron a cardar la lana; vieron por primera vez un maravedí; descubrieron que Segovia está construida cuesta arriba como medida defensiva…

Pero también aprendieron valores: el valor del trabajo en equipo, pues todos juntos tenían que tirar del carro del Arriero Claudio para recorrer la ciudad; el valor del respeto a los demás y a no pelearse entre hermanos, porque los padres sufren; el valor de la paciencia, mientras descubrían lo que les contaba el amable guía; el valor de la observación, fijándose en pequeños detalles en los que no habían reparado durante sus anteriores paseos por la ciudad; etcétera.

Así que objetivo conseguido, las ‘Ludotecas en Familia’ ya tienen un atractivo más, las visitas guiadas con el Arriero Claudio, una inmejorable manera de divertirse y aprender a la vez.

FuenteV. Labrador 
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