21 gramos de Raúl Rodríguez

El escritor presenta hoy su último libro, “Amor a la vida”, donde vuelve a hablar de la espiritualidad y los problemas del mundo actual.

Un viejo estudio de Duncan McDougall llegó a la conclusión de que el alma pesaba 21 gramos. Si tal teoría es cierta, el inclasificable escritor Raúl Rodríguez ha dejado 21 gramos, toda su alma, en su último libro, “Amor a la vida”, una obra envuelta en un halo de espiritualidad, siguiendo la misma línea que otras publicaciones de este autor leonés radicado en Basardilla.

En “Amor a la vida”, Rodríguez aborda infinidad de temas. El cuerpo y el alma son transversales en todo el libro. Partiendo de que “el cuidado del cuerpo es muy importante”, el autor denuncia la “manipulación” a la que someten a la sociedad las empresas de comida basura. Rodríguez aconseja preocuparse por el cuerpo, ya que así “empezaremos a saber quienes somos”. Él defiende que el hombre es “un alma metida en un cuerpo”, siguiendo la filosofía de Fernando Pessoa, y lamenta que hoy en día, “lo espiritual está olvidado”.

A su entender “la noticia más importante” de los últimos tiempos es la demostración de que “el alma sigue viviendo cuando el cuerpo muere”. El escritor leonés subraya que “no se trata de creencias sino de hechos comprobados científicamente”. A ese respecto, saca a relucir estudios con cámaras termográficas en los que se aprecia que cuando una persona muere, desprende energía en forma de luz.

En cualquier caso, no todo es espiritual en el libro. También dedica páginas a lo material, y en concreto al dinero. Rodríguez arremete contra “la élite mundial que nos gobierna en la sombra”. “Ninguno de los que nos gobierna ha sido elegido democráticamente, son emisarios de esas élites”, revela el escritor, quien insiste en que Europa depende ahora de “los mercados”, una palabra que a su entender “es un eufemismo de usura”.

Aunque Rodríguez es consciente de que puede haber personas que le consideren “un loco” seguidor de las “teorías de la conspiración”, él sostiene que los problemas de los que habla son reales y, se siente en la obligación moral de denunciarlos y defenderse de las agresiones. “Una forma de responder a esos ataques es suministrar la información que he recogido, aunque sea dura de oír y cause impacto”, concluye.

FuenteG.H. 
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