El libro de la imprenta de Segovia

Fermín de los Reyes y Susana Vilches presentan su última obra, “Del Sinodal de Aguilafuente a El Adelantado de Segovia”.

“Toda la historia de la imprenta en Segovia se puede resumir en dos libros”, sostiene Susana Vilches, técnico de Archivo y Biblioteca de la Diputación de Segovia.

El primero sería “La imprenta en Segovia (1472-1900)”, publicado por Fermín de los Reyes, en el que además de citarse 5.436 impresos de ese periodo, se añade un pequeño estudio histórico de los talleres y de los tipógrafos que hubo en la provincia. “En ese trabajo —agrega Vilches— la parte dedicada al repertorio es muy extensa y la parte histórica escasa”.

Así que hacía falta otra investigación, sobre los impresores, que ahora sale a la luz. Su título es “Del Sinodal de Aguilafuente a El Adelantado. Cinco siglos de imprenta segoviana (1472 -1910)”. “En este libro —prosigue explicando Vilches— no se encuentra repertorio, es como una adenda al libro de Fermín [de los Reyes], dedicado específicamente a la parte histórica”.

El libro, incluido en la Biblioteca Litterae, de Calambur —con el apoyo de la Diputación de Segovia—, se presentará este jueves, día 19, en un acto que tendrá lugar en el Salón de Plenos del Palacio Provincial (19,00 horas).

Para De los Reyes, “es un libro que resume la historia de la imprenta segoviana desde sus inicios hasta el arranque del siglo XX”.

A lo largo de estos casi cinco siglos, la imprenta en Segovia nunca fue un negocio pujante. “Fue una actividad pequeña, modesta en comparación de otras localidades —sostiene De los Reyes—, pero tiene importancia porque aquí se produjo el inicio de la imprenta española, por iniciativa del obispo Juan Arias Dávila”. El modus operandi del impresor Juan Párix fue similar al de otros pioneros que aprendieron el oficio en su ciudad de origen y luego acudieron a otros países para llevar a cabo su trabajo, reclamados por personajes de relieve en la época, como fue Arias Dávila.

El estudio de De los Reyes y Vilches ha ido mucho más allá de investigar la relación entre Arias Dávila y Párix. “Hemos mirado miles y miles de documentos”, destaca De los Reyes. Principalmente, en el Archivo Histórico Provincial. Pero también en Histórico Nacional, el de la Catedral de Segovia… Y así, han descubierto cómo se llamaban los impresores, quiénes fueron sus mujeres e hijos, sus testamentos, sus contratos, el material que compraban… Su vida, en definitiva.

El vacío dejado por Párix no fue suplido por ningún otro taller hasta bien avanzado el siglo XVI. La ausencia de un centro cultural como una universidad o una fuerte sede episcopal explica que nadie estableciera un taller estable. Hasta 1777, año en que instala su taller Antonio Espinosa de los Monteros, no habrá prensa estable y se recurrirá a tipógrafos foráneos para cubrir necesidades puntuales. En este panorama, a De los Reyes y Vilches los llama la atención el taller de Lorenzo de Soto, en Martín Muñoz de las Posadas a a partir de 1570, o la presencia de otro bajo la denominación de Juan de la Cuesta que, “no es el impresor del Quijote”, si bien “tal vez sea su padre”.

Los coautores de la obra resaltan la figura del murciano Espinosa de los Monteros, que llegó a Segovia como grabador principal de la Casa de la Moneda. Con un espíritu ilustrado propició el desarrollo de la industria y las artes. Durante toda su vida, y algunas décadas más, ese taller no tuvo competencia, y asumió todos los encargos de las instituciones, convirtiéndose en un auténtico referente en la ciudad.

Ya en el siglo XIX, Segovia contó con numerosas imprentas. Entre las más conocidas figuran las de Eduardo Baeza, Ondero, Rueda o Santiuste.

El límite cronológico final del libro se establece en la primera década del siglo XX porque en ella culmina en 1910 la vida del taller de Espinosa los Monteros, muy poco tiempo después de que El Adelantado de Segovia comenzara a imprimir periódicos en su taller.

FuenteGuillermo Herrero 
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