Magia es sinónimo de naif

La Galería de Arte Éboli acaba de publicar un libro de Rafael Ceballos en el que este ingeniero de montes e ilusionista explica el arte naif a través de un recorrido por el ‘camino del agua’.

Rafael Ceballos sorprende. Relata, con voz cálida y modales refinados, sus trabajos por toda España como ingeniero de montes. Es hombre de amena conversación, capaz de hacer un sencillo truco para pasar, por arte de magia, a hablar de ilusionismo (“mi pasión”, dice) o de arte naif.

Un buen día metió en su chistera un puñadito de sus conocimientos, recurrió a su varita mágica y… ¡voilà!, apareció ante los ojos de los presentes un sorprendente libro, “Vegetación. Elemento mágico en la pintura naif europea” (Editorial Galería de Arte Éboli).

A la hora de buscar una responsable de la publicación de esa obra hay que mirar a Amalia Fernández de Córdoba, directora de la Galería de Arte Éboli, quien desde hace casi una década organiza anualmente una Muestra de Arte Naif en la que participan un elevado número de pintores europeos. En ese contexto, Ceballos impartió varias conferencias, relacionando la magia con el arte naif, defendiendo que “la magia y lo naif son una misma cosa”. El siguiente paso, hasta cierto punto lógico, ha sido la edición de estas teorías, con la clara intención de explicar qué es el arte naif y erradicar las falsedades que lo persiguen, como la que lo tacha de “arte de la infancia”.

El libro se inicia con un capítulo sobre el paisaje vegetal europeo (sus orígenes y su evolución). Luego, Ceballos se empeña en presentar múltiples definiciones y opiniones sobre el arte naif. Y, para ilustrar estos conceptos, el autor ha ido hilvanando más de un centenar de pinturas de artistas europeos, con el argumento del agua.

“El agua, en su camino, va esculpiendo paisajes, más o menos abruptos, más o menos planos, creando bosques, propiciando cultivos y facilitando los asentamientos”, indica Ceballos. A lo largo de ese “camino del agua” aparece, pues, vegetación de todo tipo, y el pintor naif recoge esa presencia en sus obras. Eso sí, de muy diversas maneras. “El pintor naif utiliza esa vegetación como los magos, bien para ocultar para lo que no quiere que se vea o bien para resaltar lo que quiere que se observe”, indica.

La lectura del libro ofrece la oportunidad de conocer los últimos trabajos de los pintores naif europeos actuales así como diferentes críticas de arte que han recibido, en su mayoría positivas, pues como advierte Amalia Fernández de Córdoba, entre los espectadores que contemplan una pintura naif se produce un gesto común, el de una sonrisa placentera.

FuenteG.H. 
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